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Zootopia: el mensaje de inclusión que necesitábamos (con spoilers)

Zootopia no es sólo una divertida entrega, sino una obra especialmente necesaria para nuestro momento histórico; el racismo y la discriminación institucionalizada son desbalances de poder que afectan a todos los miembros de un grupo particular.

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Fui a ver Zootopia con las expectativas que genera cualquier película de Disney, Pixar o Dreamworks: entretenimiento, diversión, y buenas enseñanzas tanto para niños como para adultos. Y a pesar de que el mundo de la animación nos ha entregado, en los últimos años, obras brillantes de la altura de Up, Cómo entrenar a tu dragón o Intensamente —por mencionar mis favoritas—, aún así no estaba preparado para la genialidad de Zootopia, su fantástica animación, su lado cómico, y su muy acertado y pertinente comentario social sobre discriminación y racismo.

La cinta tiene una estructura narrativa algo atípica para una película de Disney. La historia sigue a Juddy Hopps, una pequeña conejita de un pueblo granjero que desde pequeña sueña con ser policía. En el mundo de Zootopia, rápidamente aprendemos que cualquier persona puede seguir sus sueños y ser lo que sea, pero también pronto aprendemos que esta política de inclusión tiene algunos límites, y ahí es donde comienzan las interrogativas que plantea esta película ¿Es una igualdad teórica suficiente? ¿Es una sociedad realmente igualitaria si existen grupos demográficos a los que no se les otorgan los medios para acceder dicha igualdad? La película plantea todas estas disyuntivas —y las que vendrán más adelante— de forma simple e inteligente, con suficiente claridad para iniciar una conversación entre padres e hijos, pero también con la complejidad suficiente para abordar los problemas de fondo y los matices y diferencias entre los prejuicios interpersonales y la discriminación sistemática e institucional.

Juddy, luchando contra la historia y todos los pronósticos —pues nunca ha habido un oficial de policía conejo—, atraviesa con éxito la academia de policía y se muda a la gran ciudad, Zootopia, un hermoso concepto llevado a la pantalla con una belleza extraordinaria, sólo para encontrarse con las frustraciones del “mundo real”. Ahí, relegada a sacar multas (pues el jefe de policía no la considera una oficial de verdad) es donde se cruza con Nick Wilde, un astuto zorro —literalmente— con quien se embarcará en una aventura policial para resolver la misteriosa desaparición de 14 animales. Aquí es donde ocurre el primer giro narrativo de la historia, y la película adopta las características y atmósfera del cine policial y de misterio, llevado por la dinámica clásica de la pareja-dispareja tan popular en el género (Arma Mortal, Rush Hour, Armadas y Peligrosas, etc) y tan divertida si se hace bien. Y aquí se hace muy bien.

Así, juntos contra el misterio y contra el tiempo, Juddy y Nick se sobreponen a su recelo inicial y sus diferencias, basadas principalmente en prejuicios que cada uno sostenía respecto de la especie del otro. Pero ese es sólo el comienzo del análisis, la parte más básica que atañe a los sentimientos, y es que la discriminación (que en este caso particular es racismo) es más que sentimientos y es más que una actitud particular hacia un grupo de gente. El racismo y la discriminación institucionalizada son desbalances de poder, dinámicas de interacción no solo interpersonal, sino social, política y económica, que afectan a todos los miembros de un grupo particular sin importar cómo uno, personalmente, se sienta al respecto de ellos. El racismo institucional tiene que ver con cómo es percibido un grupo por parte de la sociedad, y con cómo esa percepción afecta su vida diaria y sus interacciones, su seguridad, sus posibilidades de empleo, de amistad, de vivienda, de desarrollo, y con cómo los miembros de ese grupo son tratados por parte de las instituciones, de la policía, del gobierno, de la educación, y con cómo son retratados por los medios, por la historia, y por el arte. Y eso es lo que la película plantea a continuación.

Una vez resuelto el caso, a raíz de las declaraciones públicas de la oficial Juddy, se abre una caja de Pandora exponiendo una serie de creencias muy arraigadas que la mayoría de animales denominados presas: conejos, gacelas y ovejas, albergan hacia la minoría de animales que son depredadores; tigres, pumas y zorros, y se inicia un debate sobre si su “naturaleza violenta” no será irrevocable, si no serán en el fondo siempre unos salvajes, y si no será quizás necesario tomar medidas al respecto de esa naturaleza, medidas que les afecten a todos ellos, hayan cometido un crimen o no. Juddy demostró que pudo sobreponerse en cierta medida a su recelo inicial hacia Nick, incluso entablar una amistad con él, pero que aún así albergaba nociones estereotípicas y prejuicios hacia su especie. No lo hizo con mala intención, pero esos prejuicios estaban ahí, y la llevaron a dañarlo no sólo a él sino a todos los depredadores. Y es aquí, en este momento, donde comienza la verdadera lección, y lo que califica a la película no sólo como una divertida entrega, sino como una obra especialmente necesaria para nuestro momento histórico.

Afortunadamente, Juddy comprenderá su error, y que sus prejuicios son únicamente suyos, su responsabilidad y de nadie más, y que es su deber cambiar su forma de pensar para aceptar a otros, en lugar de dejarse llevar por ellos.

Con Zootopia, Disney nos entrega una película tan divertida, visualmente hermosa, compleja y brillante como Pixar —su subsidiaria— hizo el año pasado con Intensamente. Difícilmente llegará a los niveles de éxito de obras más ligeras como Frozen o Minions, pero es maravilloso ver equipos como los de Disney (de la manera que lo han hecho Pixar y Dreamworks) asumir su rol social, entender su poder y alcance dentro de la cultura popular y su influencia en la narrativa social, y usar aquellas ventajas positivamente para entregar un mensaje de inclusión, diversidad y aceptación, uno enfocado en la necesidad de la mayoría —que es la principal responsable del problema— de modificar su mentalidad y asumir sus culpas en pos de lograr verdadera paz e igualdad, y no en la supuesta obligación de la minoría de adaptarse y cambiar para parecer más aceptables a los ojos de los demás.

 Definitivamente Zootopia es una película totalmente recomendable de la que podemos aprender todos. Y mucho.

Felipe Oliva A.: @ender27

Estúpido y sensual periodista que siempre tiene sueño.

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