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Una novela hermafrodita: El hombre hembra de Joanna Russ

En El hombre hembra “hombre” no remite a una persona con características físicas masculinas, sino cualidades, privilegios y derechos que estas personas se adjudican por el simple hecho de tener un pene; en la novela de Joanna Russ las mujeres aspiran a un hermafroditismo que consiste en igualdad de derechos, y los hombres a uno meramente físico y sexual.

pintura de hermafrodita

“Hay una y sólo una manera de poseer aquello que nos falta, por tanto, aquello que necesitamos, por tanto, aquello que queremos. Convertirse en ello”.

Si bien Joanna Russ terminó de escribir la que sería su obra más importante, El hombre hembra (The Female Man), en 1970, ésta fue rechaza por varias editoriales y no fue publicada sino hasta 1975, después de caer en las manos de Frederik Pohl, escritor de ciencia ficción y editor de Bantam Books. La razón por la que algunos no quisieron arriesgarse a publicar esta novela son fáciles de adivinar: más allá de su complejo estilo narrativo que a veces raya en lo “psicoldélico”, El hombre hembra es una obra que exuda rencor y resentimiento hacia los hombres.

La obra nos narra la vida de tres mujeres, cada una de las cuales habita un universo distinto. Por un lado está Janet Evason, quien vive en Whileaway, un mundo futuro en el que los hombres llevan extintos varios siglos y las mujeres se embarazan por medio de avanzados métodos de ingeniería genética. En este mundo las niñas son separadas de sus madres a los cinco años y llevadas a campos de educación de los que salen sabiendo todo lo que necesitan, para después, durante su pubertad, permitirles vagar por el mundo antes de dedicar la mayor parte de su vida adulta al trabajo.

Por otro lado está Jeannine Dadier, una chica que vive en unos años 60 en los que no hubo Segunda Guerra Mundial y no terminan de superar la Gran Depresión. Es ella la que vive en un mundo más sometido por los hombres y en el que las mujeres sólo pueden aspirar al matrimonio como meta en su vida. Joanna Russ, por su parte, habita una versión más cercana a nuestra realidad y se debate entre la educación que ha recibido toda su vida y las ideas que promueve la Segunda Ola Feminista.

En realidad, estas tres personas no son sino la misma en tres universos diferentes. Quien les revelará ésta y otras verdades será una cuarta mujer: Jael Reasoner. Jael es la más radical de las cuatro. Armada con colmillos de acero y garras retráctiles, Jael habita un mundo que se ubica a medio camino entre el de Joanna y el de Janet, un mundo divido en Womanland y Manland, y en el que hombres y mujeres se encuentran en una guerra que debe ser interrumpida de vez en cuando para asegurar la conservación de la especie. Es Jael la que le revelará a Janet la verdadera razón por la que en el futuro que ella habita ya no hay hombres: la victoria de Womanland sobre Manland.

En la novela de Joanna Russ, la palabra “hombre” no remite a una persona con características físicas masculinas. Lo que la palabra “hombre” encierra son las cualidades, privilegios y derechos que estas personas se adjudican por el simple hecho de tener un pene y par de testículos entre las piernas. El hombre hembra es un ser hermafrodita, no en un sentido físico sino en uno abstracto.

En el libro se nos presentan varios tipos de hombre hembra. Está Joanna, quien es consciente de su marginación y desea ser reconocida por quien es y no por el hombre que esté parado a su lado. Es quizá Jeannine el personaje más trágico y el que sufre una mayor transformación. Jeannine vive autoengañándose creyendo que sólo podrá ser feliz cuando encuentre a un hombre que la “complete”. Si Jael, Jeannine y Joanna aspiran a ser el hombre hembra, Janet es lo más cercano al hombre hembra realizado, es la mujer que puede tomar decisiones por ella misma y aspirar a su propia felicidad; la mujer que puede permitirse ser egoísta y no hacer las cosas por complacer o agradar a un hombre. En cambio los habitantes de Manland poseen sus propios “hombres hembra”. Dos de cada siete niños son sometidos a un proceso de cambio de sexo para satisfacer las necesidades de los demás hombres. Mientras que el hermafroditismo al que las mujeres aspiran consiste en igualdad de derechos, el de los hombres es meramente físico y sexual. En realidad no hay mucha diferencia entre las mujeres del mundo de Joanna y Jeannine y los hombres a los que los habitantes de Manland crían y educan para ser sumisos objetos sexuales.

El hombre hembra de Joanna Russ suele ser acusado de libro misándrico debido a la forma como representa a los hombres y la ausencia de cualquier personaje masculino “positivo”. Sin embargo, hay que recordar que Joanna Russ escribió este libro para desahogar la frustración y el rencor de toda una generación de mujeres que se estaban levantando en contra de una cultura en la que la mayor parte de la literatura representa a las mujeres como sumisas, débiles o malvadas. En realidad, y siendo objetivos, a este libro le quedan debiendo.

Alonso Nuñez

Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es corrector de estilo. Ha colaborado en las revistas Penumbria, Punto de partida, Punto en línea, Primera Página y Marabunta. Publicó el libro de cuentos Terapia de shock en la editorial Ediciones y punto.

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