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Si una dama dice que sí, no es dama

No se habla de “conquista” por azar, la conquista es violenta, es unilateral, es obsesiva y no requiere de permiso; quien dice que sí una vez, debe hacerlo siempre, por lo que no puede ser abusada ni violada, ya que es puta.

muñeca inflable

Bueno, ya todas las personas saben que esta semana en una reunión de viejos rancios, machistas y burgueses le regalaron una muñeca inflable con un parche en la boca (!!!) al ministro de economía de Chile (de seguro luego se van a la casa y hablan de lo rotos que son los inmigrantes y los pobres). Además, en una muestra de patudez sin fronteras, nuestro ex presidente Sebastián Piñera —un machista recalcitrante— intentó sacar provecho político y tuiteó criticando el acto, ante lo cual alguien le recordó un muy machista comentario que él intentó pasar como chiste hace unos años, y que decía así: “si una dama dice que sí, no es dama”. Les recuerdo esto porque quiero hacer el análisis de la situación desde ambos hechos, ambas caras de una misma moneda que es, no sólo refleja el patriarcado en el que vivimos, sino la también famosa e infame cultura de la violación (que muchos aún no entienden).

Primero, al ministro no le regalaron una muñeca inflable sin un contexto. Le regalaron una muñeca inflable como el símbolo de una mujer, no un mero ‘juguete sexual’. Le regalaron esa muñeca porque en esta época no pueden regalarle una esclava, pero si se pudiera lo habrían hecho, no tengan dudas. El ‘chiste’ (que iba en forma de parche en su boca, ubicación nada fortuita, simbolismo nada sutil) decía ‘para estimularla como a la economía’. El primer sentido es que en un contexto sexual la mujer es, obviamente, nada más que un sujeto pasivo esperando que un hombre la estimule, porque los hombres (como es bien sabido en machilandia) son dueños de la sexualidad de las mujeres, la cual no existe sin ellos. Una mujer que vive su sexualidad de forma independiente no es mujer, es puta. He ahí el otro dicho de nuestro elegante ex presidente que complementa a este acto, ‘una dama que dice que sí, no es dama’. Lo que le falta a ese dicho es un remate, pues la frase completa para explicar la cultura de la violación debiese ser más o menos así: ‘una dama que dice que sí no es dama, es puta, y una puta no puede decir que no’.

Los hombres en general esperan total sumisión y disponibilidad de las mujeres, pero si las mujeres están ‘disponibles’, es decir, si muestran deseo o control sobre su sexualidad y las decisiones al respecto de ella, dejan de ser mujeres respetables y pasan a ser putas. Si una mujer dice que no, si una mujer ‘no quiere’ entonces es “cartucha” (pero decente, dama, respetable); en cambio si una mujer dice que sí, si una mujer quiere entonces es maraca, puta, fácil; y peor, los hombres quieren que toda mujer esté disponible sexualmente para ellos, y sólo para ellos, pero que a la vez no sea ni puta, ni fácil.

Esto parece un contradicción básica, una disonancia cognitiva, pero en un sistema de creencias machistas y en un contexto que ve las relaciones sexuales y románticas, y a la sexualidad femenina a través del lente de la cultura de la violación, tiene ‘sentido’ o, mejor dicho, revela la naturaleza de cómo se interpreta en ese contexto el proceso de establecer relaciones interpersonales con objetivos románticos y sexuales que, no por nada, se conoce universalmente como proceso de conquista. Y eso se empalma con  ideas grotescas como que una mujer ‘fácil’, ‘libre’ no vale la pena y sus muchas variaciones, que van desde la valoración excesiva —y perturbadora, rayando en lo pedófilo— de la virginidad y la juventud, pasando por muchos etcéteras.

No se habla de conquistar en vano, éste no es nada más un término azaroso sino uno que define las dinámicas de poder que se dan en la comunicación entre ambas partes. La conquista es violenta, es unilateral, es obsesiva y no requiere de permiso (¿’mejor pedir perdón que permiso’ no es acaso otro dicho muy popular?). Dentro de la cultura de la violación la idea del sometimiento de las mujeres, a la fuerza si es necesario, es primordial. La idea más popular del romanticismo es de aquel hombre que ‘no acepta un no por respuesta’, porque se supone que ‘una dama nunca dice que sí, pues si lo hace no es dama’, entonces una mujer ‘decente’ siempre dirá que no, pero ese “NO” no significa “NO”, al menos no en lenguaje de machista violador, ejem, quise decir en lenguaje de ‘macho alfa galán‘. Ese “NO” no es más que el primer obstáculo en el camino a la conquista, y las mujeres no son más que un objetivo, un premio, un logro; trofeos decorativos que se acumulan en la vida y que son mero símbolo de estatus y masculinidad. Y mientras más trofeos se acumulan, más macho el macho.

¿Me fui por las ramas? Puede parecerlo, pero es que la explicación es amplia y algunos aún no la tienen clara. El parche en la boca de la muñeca es para eso, para mantenerla en silencio, sometida, porque ella aquí no tiene voz ni voto, ella está para ser sumisa, disponible y satisfacer los deseos del macho. No es un ser consiente, un individuo con sus propios deseos y derechos, no, es un objeto, un recipiente, un elemento a ser utilizado. La mujer espera y el hombre actúa, el hombre decide, el hombre llega y toma a la mujer aunque ésta diga que no, o aunque no diga nada, porque así es como se conquista, así es como se sobrepasan los obstáculos; no importa la oposición ni la resistencia, sólo importa la fuerza de quien reclama lo que interpreta como suyo.

Ella no puede decir que sí porque si lo hace no es una dama, repito, es puta (y no hay nada en el mundo peor que ser puta, pues si la mujer que en el patriarcado dice que sí una vez, debe hacerlo siempre, por lo que no puede ser abusada ni violada, ya que es puta) y tampoco puede decir que no porque según el machismo ella no tiene ese derecho, porque así no funciona el juego, porque es el hombre y quien está en control de su sexualidad, la propia y la ajena. Preguntar es una mera formalidad, y el no, nada más que un tecnicismo para guardar las apariencias. En el fondo lo que ella quiera da lo mismo en la mente del macho, que ya decidió por ella. Pero hagamos un paréntesis.

La cultura de la violación es una cultura donde los hombres dicen en Facebook que la violación es terrible y que ellos son súper igualitarios, pero luego inventan un millón de excusas para, o justificar una violación, o para mansplicar por qué tal o cual situación de abuso y violencia sexual no fue ‘realmente’ una violación. Y si eso no funciona pues te dicen que eres una feminazi exagerada y ya.  ‘Si una dama dice que sí, no es dama’ es la base de las políticas de respetabilidad que especifican que una mujer para ser respetada debe hacerse respetar, pero cuyos lineamientos no sólo no están claros, derechamente no existen, y la decisión de si una mujer es o no respetable está totalmente sujeta a la subjetividad de cada hombre, por separado. O sea, quizás uno opine que sí lo es, pero otro no y en ese caso, él manda. Lo que ella piense de sí misma pues ni les va ni les viene.

En la cultura de la violación los hombres dicen que la violación es terrible, PERO también dicen que si una mujer anda sola entonces se lo buscó, y si una mujer usa ropa corta pues anda provocando, y si una mujer fue a un club vistiendo ropa sexy pues seguro que quería que pasara algo, así que a final de cuentas nada es ‘realmente’ una violación, o si lo fue pues es culpa de la mujer por no ser lo suficientemente respetable para evitar exponerse como posible víctima. Supuestamente, si una mujer se comporta de manera adecuada, viste de manera adecuada, o actúa de manera adecuada, no debería pasarle nada nunca, pero sabemos que han violado y violan a diario a niñas de tres años, a monjas, y a mujeres cubiertas de pies a cabeza en un burka; que violan tanto a mujeres casadas como a solteras, y tanto a vírgenes como a prostitutas; que mujeres son violadas en sus casas por sus familiares y amigos, y en sus colegios por sus compañeros y profesores, y en sus trabajos por sus colegas y jefes.

Todo eso de forma mucho más frecuente de lo que lo son en callejones oscuros por desconocidos, lo que deja más que claro que esa justificación/excusa es una grotesca y flagrante mentira. Los violadores son los únicos responsables de la violación, y si una mujer no encaja en el perfil de víctima de un violador en particular éste simplemente buscaría alguien más a quien violar, por lo que pase lo que pase, los violadores violarán y lo único que cambiará si una mujer altera su actitud, vestimenta o camino de regreso a casa, es el nombre de la víctima. Si Ana no camina por el callejón oscuro quizás lo hará Javiera, y si Macarena no toma un ‘trago de más’ entonces lo hará Francisca, o Cristina. Es irrelevante. No son las mujeres las que deben resguardarse y cambiar su vida para evitar ser violadas, son los hombres los que deben aprender a no violar. Y eso nos lleva al siguiente punto.

¿Qué es una violación? En la cultura de la violación, el sometimiento a las mujeres es parte del juego, y por eso mucha gente, muchos hombres, han perdido la noción de lo que es una violación. Una violación es cualquier acto sexual donde no exista consentimiento de una de las partes, y el consentimiento sólo se puede dar libremente, conscientemente, y debe ser continuo, y puede ser revocado en cualquier momento, sin necesidad de explicación. Consentimiento es un sí decidido, no la mera ausencia de un NO. La intimidación o la coerción hacen inválido cualquier consentimiento —tal como hacen inválido un contrato—, y una persona disminuida en sus facultades mentales (dormida, ebria, drogada), menor de edad o bajo la edad de consentimiento, no puede consentir de ninguna manera. Y sin consentimiento es violación. Sigamos.

Dejé las peores excusas fuera de ese montaje, porque es que hay demasiadas, y la más misógina de todas es quizás la más popular de todas: que las mujeres son todas mentirosas e interesadas, buscando o destruir la reputación de cada hombre que se le cruza, o robarle todo su dinero, pues siempre asumen que el hombre tiene más que la mujer aunque sea un pobre diablo sin lugar donde caerse muerto. Ya deben saber que los comentarios de Facebook son como un pozo petrolero, donde brota machismo a raudales. O mejor dicho un foso séptico, porque esos comentarios son literalmente pura mierda.

Insistentemente muchos hombres buscan además situarse como las víctimas en esta conversación sobre violencia de género, argumentando que ser acusado de violación es peor que violar, que ser llamado machista es peor que ejercer violencia de género, y así cambian el foco de la conversación desde sus actos –y su machismo- a sus sentimientos (como si sus sentimientos fuesen más importantes que la integridad y la vida de una mujer). Pero dado que Estados Unidos acaba de elegir de presidente a un misógino extremadamente repugnante y violento, acusado de 13 violaciones, que confesó manosear mujeres extrañas sin su consentimiento, y que dijo encontrar sexualmente atractiva a su propia hija (que asco) creo que podemos determinar sin lugar a dudas y de una vez por todas que no, ser acusado de machismo no afecta prácticamente en nada la reputación, vida o carrera de un hombre, por lo que es totalmente incomparable con la humillación, el dolor y la impotencia de ser una víctima de violencia sexual y/o de género.

Es triste ver que la clase política a nivel mundial es transversalmente machista, pero eso no es nada nuevo. Es un club de Toby y lo que vimos en esa reunión con ese regalo no fue un desliz, ni una excepción, es lo que ellos consideran normal: ver a las mujeres como objetos, no sujetos, ajenas a la política, a la economía, y al control sobre su propio cuerpo y sexualidad. El patriarcado las silencia, usa y abusa, y la cultura de la violación provee las excusas. Se cubren las espaldas como buenos machos, como los violadores de San Fermín mintiendo e inventando excusas el uno por el otro, porque en este mundo todo vale en la guerra y en el amor, y para la mentalidad machista las mujeres son nada más que territorio de conquista. El amor romántico y la violencia de género son lo mismo, dos caras de la misma moneda, como el patriarcado y la cultura de la violación: uso y abuso, quien te quiere te aporrea, me gusta cuando callas, santas o putas pero cosas al fin y al cabo, cosas de hombres.

Fotografía: La Nación

Felipe Oliva A.

Estúpido y sensual periodista que siempre tiene sueño.

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