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La ciencia detrás de un corazón roto

Científicos estadounidenses descubrieron que el dolor físico y el emocional se sienten con la misma área del cerebro; los síntomas físicos consecuencia de las rupturas se curan con analgésicos.

corazon roto en buzones

“Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza, córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor”.

Jaime Sabines

¿Te han roto el corazón alguna vez y has sentido que te duele como entre el cuello y el ombligo? Ándale, como si te dolieran los cachitos que te quedaron después de una ruptura. No es extravagancia de poetas, el amor duele. Bueno, el amor no, el desamor.

Al escanear a través de resonancia magnética el cerebro de un grupo de voluntarios, científicos de la Universidad de Rutgers, en New Jersey, descubrieron que las áreas del cerebro que registran el dolor físico tienen más actividad de lo normal cuando estamos pasando por una ruptura (auch). Gracias a otro reporte elaborado por psicólogos del departamento de psicología de la Universidad de Kentucky, ahora sabemos que puedes tomar una pastilla de Tylenol y olvidarte de los síntomas físicos.

Los investigadores de New Jersey también notaron que la actividad cerebral de estas personas era similar a las de un adicto a la cocaína en abstinencia.  Resulta que cuando nos enamoramos nos volvemos adictos a la dopamina que liberamos cuando estamos con el ser amado, pero a diferencia de algunas drogas nuestro centro de recompensa siempre quiere más dopamina, así que cuando la relación termina y dejamos de producir drogas actuamos igual que un adicto en rehabilitación. No es que esté bien que continúes mandando y respondiendo mensajes por WhatsApp e indirectas por Facebook, pero es bastante normal.

La cosecha de sustancias químicas nunca se acaba, “perder a un ser querido” simbólica o literalmente provoca que nuestro cerebro libere hormonas como cortisona y adrenalina, que se acompañan de síntomas terribles como nauseas o dificultad para respirar, e incluso pueden ocasionar debilidad muscular en el corazón.

Esta condición cardíaca es peligrosa, los médicos tienen un nombre algo difícil de pronunciar (como debe de ser) para ella: cardiomiopatía de Takotsubo o “síndrome del corazón roto” para los cursis. A diferencia del infarto tradicional, no deja secuelas en las arterias coronarias sino en el músculo cardíaco. Se estima que entre el uno y dos por ciento de los pacientes diagnosticados con ataque al corazón sufren este síndrome.

No es por exagerar, pero sí te puedes morir de amor. El cardiólogo australiano, Michael Ward, que ha tratado a unas 200 personas por Takotsubo aseguró que esta condición te puede matar, aunque es muy poco común. “La tasa de mortalidad es menor al uno por ciento”, precisó.

El desamor duele con la misma región del cerebro que cuando te golpeas el dedo chiquito del pie con la esquina del sillón; podrás tener más cuidado la próxima vez que cruces por la sala para no golpearte, pero, ¿por qué, en nombre de todos los dioses del Olimpo te sigues enamorando?

La ciencia tiene más respuestas: el dolor físico sirve para prevenirnos del peligro inminente, pero desde un punto de vista evolutivo cualquier cosa que incremente nuestra capacidad de supervivencia como especie es más probable que persista. Para muchas especies, la nuestra incluida, los amantes y amigos son importantes para sobrevivir y así como no deseas volver a golpearte el dedito del pie, no deseas estar solo —socialmente hablando— y es más probable que sobrevivas y te reproduzcas si no estás solo.

Karen Cymerman: @KarenCymerman

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