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Te guste o no: sobre los peligros de romantizar el acoso

Un joven que vio a una chica subir al tranvía y, tras hacer una serie de suposiciones sobre su vida, empezó una cruzada por la ciudad para encontrarla; muchas relaciones violentas se etiquetan como “amor” y se justifica la violencia, el chantaje y la manipulación como parte del cortejo.

chica esperando el tren

-¿Qué hora tienes? -Pregunté, para entablar conversación.
“Son cuarto para las dos” y cuando escuche tu voz aseguré que existe Dios
“Pantorrillas de marfil” grito en la esquina un albañil
Yo voltee para hacer frente al atrevido constructor, aunque admiré su observación

Ricardo Arjona “Te guste o no”

En la literatura, la música y una gran cantidad de referentes culturales hay “bellas historias de amor” que analizadas paso a paso empezaron como un acoso. La idea del “hombre cazador” y la mujer “presa” que finalmente cae ante los esfuerzos de conquista se repiten a través de los años y las distintas culturas.
¿Es cierto que: “el que la sigue, la consigue”?

La chica del tranvía

– ¿Te ayudo con los libros? – Y a quemarropa dijiste “no”
– ¿Puedo acompañarte? – Y sin voltear otra vez “no”
Y ante la ausencia de un buen comentario,
te dije que me gustabas para nuera de mamá.
No hay más vuelta de hoja aquí empieza una historia. Te guste o no.
Tierna mariposa, soy el mismo que hizo Dios para hacer feliz
Ahí volteaste y me dijiste “tú estás loco, lárgate”

Recientemente se dio a conocer la historia de Sergio Moreno, habitante de la ciudad de Murcia, en España, quien vio a una chica subir a un tranvía y tras hacer una serie de suposiciones sobre su situación empezó una cruzada por la ciudad para encontrarla.

Entre los que encontraron esta acción como romántica y los que la consideran un claro acto de acoso se abrió un debate interesante: muchas fueron las voces que reconocieron en la acción de empapelar la ciudad e incluso usar medios de comunicación para amplificar el mensaje del “romántico” acosador como un acto más de violencia hacia una mujer que no quería ser abordada.

Incluso comenzó a circular una carta en la que una persona anónima afirmaba ser la chica del tranvía, con la correspondiente explicación de que esta búsqueda era atemorizante.

La complicidad no deseada

Siete cuadras te seguí hasta que abordaste un autobús
El semáforo en la esquina fue el perfecto celestino con el rojo de su luz.
Subí por la puerta trasera y dije: -¡Hola! Otra vez.
Tú me sonreíste y el flechazo hirió esta vez.
Y ante la ausencia de un buen comentario te dije que me gustabas para cuñada de mi hermana.

En una sociedad en la que recibimos gran presión social para encontrar pareja de manera heteronormada y cumplir las expectativas de los otros sobre nuestro devenir, quizá la manera más sencilla de librarse de este acoso es sonreír, aceptar las cenas patrocinadas y salir en la televisión agradeciendo al acosador sus múltiples atenciones.

Pero en el mundo que queremos construir las personas pueden llegar a casa sin ser molestadas, la ciudad quedaría libre de letreros y los medios no se prestarían a entrevistar a acosadores para darle color al noticiero de las siete.

Este caso queda como una nota de color, sin embargo podemos encontrar muchos otros en los que las relaciones violentas se etiquetan como “amor” y se justifica la violencia, el chantaje y la manipulación como parte del cortejo.

Incluso, en el caso de comercio sexual, hay una gran cantidad de historias que comienzan con una aparente galantería.

El señalar las narrativas en la que el acoso se glorifica, identificar nuestros patrones de comportamiento que justifican el chantaje en el amor romántico y el apoyar las personas que sufran este acoso a manera de cortejo es parte de la tarea que conscientemente tenemos que hacer para terminar con estos patrones destructivos de relacionamiento.

Darina Silverstone: @DarinaSilver

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