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Stranger Things: ¿Dónde está Will?

La historia tiene lugar en un pequeño pueblo estadounidense, el recurso número uno de las películas de terror; Stanger things se las arregla para criticar los procedimientos policiales que las mujeres tienen que enfrentar cuando colocan una denuncia.

stranger things

Siento que me enamoré este pasado fin de semana, de algo que sabía cómo jugar con mis secretos y mis miedos, que me arrancó del presente para revivir mis recuerdos, y que tocó cada fibra de nostalgia en mi ser, alcanzando, explorando cada recoveco de mis sueños, de aquella infancia que creía perdida, olvidada, enterrada.

Sólo 10 minutos, sólo la intro fue suficiente para saber que esta nueva joya de Netflix (¡Cuánto te debemos! No creo que vaya a poder pagarte nunca tantas alegrías) sería especial, quizás inolvidable. Si bien no del todo original, sí extraordinaria. Magistralmente dirigida, con un ritmo perfecto y un cast sobresaliente. Más meritorio aún considerando que el elenco principal tiene cuatro niños, Stranger Things es un homenaje directo a algunos de los grandes clásicos de horror y ciencia ficción de los 70 y 80, y una resurrección del espíritu detrás de los temores, los sueños y las fantasías de la época. Desde conspiraciones gubernamentales e invasiones alienígenas, a armas secretas de la guerra fría, todos los miedos y la paranoia del siglo 20 habitan el corazón de este show.

Eso y un impresionante soundtrack acorde a los tiempos. (¡Y vaya que buen soundtrack!)

La historia tiene lugar en un pequeño pueblo estadounidense, el recurso número uno de las películas de terror. Un lugar apartado y aparentemente olvidado, casi congelado en el tiempo, un pueblito hermoso y tranquilo donde los niños pasean sin temor en bicicleta por las noches, donde el cielo siempre está estrellado y enormes y silenciosos bosques flanquean los jardines del vecindario. Un pueblo sin preocupaciones, un sheriff cuyo mayor temor es quizás rescatar un gato de un árbol o mediar entre los vecinos si el perro de alguno ladra demasiado durante las noches. Y un día, de pronto, uno de los pequeños del vecindario, un niño llamado Will Byers, desaparece sin dejar rastro. Simplemente se desvanece.

Entra entonces ‘El’, una misteriosa niña que con su cabello rapado parece una versión infantil de Imperator Furiosa, y que vaya que sí podría un día convertirse en ella. Tiene el valor y el carácter al menos. Will ha desaparecido y será tarea de sus amigos, Lucas, Mike y Dustin, con ayuda de ‘El’, encontrarlo y resolver el misterio que acecha a su pueblo. Paralelamente, el sheriff, un personaje llamado Jim Hopper e interpretado por Davif Harbour, deberá liderar la investigación de la desaparición del pequeño Will, algo que removerá todo en su interior y despertará su trágica historia, la que le llevó a recluirse en aquel olvidado pueblo. Y será Joyce Byers, la madre de Will interpretada por nada menos que Winona Ryder, la fuerza que —tras su aspecto de fragilidad y su apariencia de desmoronarse por completo— jamás se rendirá, y empujará a todos a su alrededor a no perder la esperanza, y a atreverse a creer que los sucesos que comenzarán a ocurrir en su pueblo (y los secretos detrás de la desaparición de Will),  son mucho más complejos de lo que parecen.

Una serie repleta de enorme actuaciones y fantásticos personajes —cómo olvidar a Nancy Wheeler y Jonathan Bryers, su empatía y determinación, su inconmesurable valor—, de hermosas tomas, de nostalgia, de suspenso, de momentos de sincero horror, de guiños y referencias tanto narrativas como visuales a clásicos de nuestra infancia, de la infancia de aquellos que somos más viejos al menos, de carisma, de empatía, de sentidas relaciones, de lecciones de amistad y amor, y de familia y esperanza, a pesar de todo.

Está tan bien escrita y sus personajes tan bien desarrollados que le tomas cariño practicamente a todos. Y sufres con todos ellos. El show además se las arregla para estrujar entremedio una escena criticando los procedimientos policiales que las mujeres tienen que enfrentar cuando colocan una denuncia, y la falta de tacto e inadecuadas preguntas que tienen que soportar de parte de oficiales desubicados, torpes o incompetentes.

Una conmovedora obra maestra que rescata los mejores ‘clichés’ de finales del siglo pasado (suena tan extraño referirme así a los años en que crecí), los cuales sus creadores, los hermanos Matt y Ross Duffer, manejan con excepcional maestría y talento para transformar en una historia íntegra, muy bien armada, muy bien desarrollada, que rellena cada minuto de pantalla, que da cabida a todos sus personajes, que se afirma en actuaciones, fotografía y diálogos apasionantes, y que simplemente fascina de principio a fin.

No puedo hacer más que recomendarla encarecidamente a quien no la haya visto y reafirmar todos los elogios que han recibido la serie, sus protagonistas y sus creadores, porque se los merecen sobradamente. Sobradamente. Se los digo como amigo, y los amigos no mienten.

Felipe Oliva A.

Estúpido y sensual periodista que siempre tiene sueño.

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