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Sobre la interculturalidad y la infancia

La interculturalidad propone un modelo transversal que estudia las dinámicas de poder que existen entre diferentes culturas; la folklorización es el proceso en el que se reduce la identidad cultural al folklore, a la caricatura de lo indígena, a lo mero decorativo y exportable. 

Niños mazatecos se toman foto

La fundación Ciudad del Niño realizó la primera escuela de interculturalidad el pasado 22 y 23 de abril en Castro, Chile, con la finalidad de compartir con otros el conocimiento producido y recopilado por la institución, además de crear competencias en la intervención de contextos de diversidad cultural desde la propia experiencia, práctica y capacitaciones.

En entrevista para Antes de Eva, la Jefa del Departamento de Estudios de la fundación, Francisca Gómez Lechaptois, explicó que esta primera escuela de interculturalidad tuvo un carácter educativo, con dos días completos de formación en los que se involucraron varios relatores de alta calidad que trabajaron con las 60 personas que participaron en este evento.

“El tema de la diversidad cultural”, comentó la también trabajadora social, “nace de nuestros profesionales, quienes reconocen que Chile no tiene una sola cultura; podrá existir una cultura mayoritaria, pero hay un espacio de diversidad que cada vez es más reconocido: la diversidad cultural no solo en términos de pueblos originarios o migrantes (que es la distinción más clásica), sino también la diversidad que se da entre el mundo rural y el mundo urbano, la diversidad que se da con familias romani (gitanas), entre otros casos”.

Reconoció que, hasta ahora, “lo que hemos hecho es formar nuestros equipos en competencias multiculturales, en un trabajo interno de potenciar a nuestra gente para que pueda realizar sus intervenciones de forma más eficaz en todo el territorio. Pero nos dimos cuenta que no era suficiente formar sólo a quienes trabajan en la fundación, ya que el trabajo con los niños se hace no sólo con nuestros profesionales sino que también con el juez, con el fiscal, con el profesor: se hace en red, y nos pareció fundamental abrir esta escuela a personas ajenas a nuestra organización”.

La fundación

La fundación Ciudad del Niño abrió sus puertas en 1934 a propósito de la crisis del salitre, durante la cual un grupo de políticos de la época, preocupados por la incertidumbre económica y su efecto en la población, decidieron crear una institución privada que velara por el bienestar personal y social de los niños en situación de riesgo, a través de una perspectiva que trascendiese la caridad para abordar el problema desde el ámbito legal y de las políticas públicas.

Así se conformó el Consejo de Defensa del Niño, conocido hoy en día como Ciudad del Niño, organización en la que, a sus 82 años de vida, han laborado 900 profesionales que atienden a 16 mil niños en riesgo social. La fundación recibe una subvención estatal, a pesar de ser de carácter privado, y trabaja en conjunto con el Servicio Nacional de Menores (SENAME), organización gubernamental encargada de garantizar los derechos y el bienestar de los infantes en aquel país.

La fundación Ciudad del Niño se desenvuelve en tres ámbitos de intervención: el de protección (resguardar a los niños y a las niñas cuyos derechos fueron vulnerados), el de responsabilidad penal adolescente (trabajar en la rehabilitación y reinserción de los adolescentes que han sido penados por la ley) y la prevención (anticiparse a cualquier contingencia en la que es posible que se agredan los derechos de la infancia).

Multiculturalidad e interculturalidad

“Nosotros apostamos por el enfoque intercultural como un espacio que se da entre las diversas culturas”, detalló Gómez Lechaptois, “Nuestro interés está en propiciar un vínculo de integración que va más allá de respetar la multiculturalidad, la idea de que hay muchas culturas. Nosotros queremos enfocarnos en el espacio que hay en la relación entre la cultura occidental, la cultura indígena, la cultural rural”.

La fundación trabaja en proyectos ambulatorios, proyectos de intervención especializada con niños en riesgo social o de abandono escolar, proyectos de reparación en caso de abuso sexual y maltrato, pero cabe destacar que en todos esos espacios de intervención, la fundación entiende que hay una cuestión de diversidad que debe ser atendida. Sobre otras iniciativas similares, la experta expresó que la interculturalidad ya se ha intentado poner en práctica desde el gobierno, pero en muchos casos lo que ha sucedido es una “folklorización o comodificación de la diferencia cultural”.

“La educación intercultural en ocasiones se ha reducido a sólo incorporar a un profesor que hable la lengua Aymara, o a un Yatiri (médico Aymara) que pueda asistir en el norte un parto, o traer un mediador intercultural, etcétera. En ese sentido, nuestra consideración es que es una mirada reducida porque se enfoca en una sola cultura, en la cultura en este caso minoritaria o ajena, pero no se enfoca en la relación que existe entre esa cultura minoritaria y la cultura mayoritaria”, analizó.

El enfoque actual de multiculturalidad, en su opinión, no contempla la dinámica de poder que existe entre diferentes culturas y la dominación que éstas ejercen sobre otras: “Mientras exista una cultura oficial dominante y las demás sean identidades culturales, cuyo valor es considerado optativo, como un pasatiempo exótico o una realidad sujeta a una minoría que no es considerada en la práctica como parte de la sociedad, no podrá existir un modelo intercultural (ni realmente multicultural)”.

Esta folklorización o comodificación cultural a la que se refiere Gómez Lechaptois se expresa en la caricaturización de las culturas ancestrales y los pueblos originarios, así como en su utilización como mero recurso económico, atractivo turístico o decoración. Para contextualizar estos términos, Salem Sahli, presidente de una asociación de turismo sustentable de Túnez, define estos como la transformación del patrimonio cultural en mercancía.

Por su parte, el arqueólogo Marcelo Zamora, en el ensayo Globalización cultural y folklorización de lo maya, al igual que el experto en lenguas César Itier, en su libro Introducción a la lengua y la tradición oral Quechua, postulan que este fenómeno no reconoce los progresos de las culturas ancestrales en el transcurso del tiempo, enmarcándolas como un vestigio del pasado cuyo valor es meramente histórico.

“[La folklorización] es el discurso más adecuado en tiempos de globalización económica, donde el turismo juega un papel vital para generar riqueza, pero también para reforzar la división entre nación homogénea, el folklore y el patrimonio cultural en donde entran las otras culturas diferentes a la nacional. Esto permite que lo Maya sea visto más que como patrimonio cultural y menos como una cultura moderna y legítima”, escribe Zamora.

Finalmente, el sociólogo boliviano Yuri Torres argumenta que la folklorización es el proceso en el que se reduce la identidad cultural al folklore, a la caricatura de lo indígena, a lo mero decorativo y exportable; comprimiendo de esta forma la gran diversidad de identidades y expresiones artísticas de las naciones a una sola versión comprimida y fácilmente identificable y consumible.

Ante estos postulados teóricos, Francisca Gómez Lechaptois concluyó: “Por eso nosotros, como fundación, no apostamos ni por la asimilación (que es homogeneizar a todos en una cultura mayoritaria) ni por el multiculturalismo (que son todas las culturas conviviendo y tolerándose pero cada una en su espacio). Acá apostamos por la interculturalidad, donde primero se reconoce la riqueza de las diversas culturas, y, segundo, se permite esta integración, esta inclusión, este intercambio entre culturas.  No hay que idealizar un polo o el otro. Hay que ver cómo hacer un aporte, una integración que sea beneficiosa especialmente para los niños y niñas, para el futuro y para el país”.

Obstáculos y dificultades

Uno de los problemas a los que se enfrenta la gente que pugna por el modelo intercultural es la adopción por separado que el gobierno efectúa de los diferentes enfoques: el de derecho, el multicultural, el de necesidades especiales, el de género. Aunque, en teoría, deberían de ser implementados en todas las políticas públicas de una manera transversal, en la realidad pocas veces se da esta forma.

“Otro de los nudos críticos con que nosotros partimos trabajando tiene que ver con que, en general, el profesional tiene una mirada universalista de la realidad o del problema social. Cuesta reconocer que uno mismo porta una identidad cultural particular que en general suele provenir de esta cultura mayoritaria. Uno además está portando una identidad institucional pues representa a la fundación e, indirectamente, al SENAME y, por ende, al estado. El primer punto crítico entonces tiene que ver con ese no reconocimiento de la diferencia cultural: si yo no reconozco que porto una identidad cultural, lo que hago es universalizar la mirada de esta problemática, lo miro desde mi vereda pero sin darme cuenta que la mirada del mismo problema puede ser completamente distinta desde el otro lado”, dijo la Jefa del Departamento de Estudios de la Ciudad del Niño.

Aquí se presenta un detalle primordial a la hora de lidiar con las diferencias culturales, de género, sociales, raciales y otras. Primero, hay que entender que éstas existen, que son parte de nosotros, de nuestra cultura, crianza y educación; por lo tanto, el primer paso es reconocerlas y entender sus raíces, para así saber el porqué de las problemáticas sociales, comunicacionales, económicas y políticas.

Pretender que “todos somos iguales y que todos tenemos los mismos derechos y privilegios” es un error que sólo acrecienta las brechas y las tensiones entre distintos grupos, imposibilita crear relaciones fructíferas e impide encontrar soluciones a las problemáticas sociales y a las desigualdades que debilitan nuestra sociedad.   

“Desde el mundo social hay siempre una demanda por ser escuchado de parte del profesional que está todos los días con los niños y su familia, y que se va dando cuenta que ahí hay mucho saber que se está perdiendo. Existe una demanda creciente para que esa voz sea escuchada por los tomadores de decisiones, para ver cómo esta riqueza de la intervención, del territorio; cómo ese conocimiento, esas opiniones; llegan a la mesa donde se toman las decisiones, al mundo del diseño de la política pública. Y no es un camino fácil porque, en general, estos momentos o espacios de políticas públicas están escindidos: se diseña la política pública con una mirada homogénea respecto del territorio, y quienes reciben el manual de instrucciones están mandatados de entrada, pero nunca vuelve la información al origen de forma de que la experiencia práctica impacte en el diseño”, declaró Francisca Gómez Lechaptois. 

Expansión y políticas publicas

Sobre el futuro de este enfoque, Lechaptois expresó que la fundación planifica y sueña, pero de forma práctica y cautelosa. “Esta es una institución bastante seria y los procesos son largos y no tienen la velocidad que uno quisiera. Esto implica ir a terreno, entrevistar a los profesionales y bastante investigación. Contamos también con un asesor especialista en el tema, porque queremos hacer algo serio, porque cada vez que nosotros realizamos un nuevo proyecto eso impacta directamente el bienestar de los niños y las niñas, y tenemos por lo mismo que ser muy cuidadosos”.

“Debemos evaluar primero el desarrollo de esta escuela, pero nuestra pretensión es aplicarla en otros territorios, a la luz de los resultados que tengamos en este primer intento. Convocamos a todo el mundo que trabaja con infancia y en lo social en general. La convocatoria es abierta: salud, educación, poder judicial, municipalidades, agrupaciones indígenas, todos están invitados. Felizmente, tuvimos bastante interesados y llenamos todos los cupos. Nuestra mayor intención es poder extender el conocimiento que se realiza en estos espacios a toda la gente posible”, finalizó.

Felipe Oliva A.:@ender27 

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