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Se acabó la pedagogía: si no entendiste con #Cuéntalo, el problema es que eres misógino

#MiPrimerAcoso puso en evidencia que la violencia sexual nos toca desde muy jóvenes; con #MeToo descubrimos que estas violencias no entienden de privilegios.

En 2016, Catalina Ruiz-Navarro y Estefanía Vela —entonces ‘Estereotipas’— impulsaron el hashtag #MiPrimerAcoso con el que alentaban a las mujeres a contar sus primeras experiencias frente al acoso sexual.

El éxito de la iniciativa no sólo hizo que los muros de las y los usuarios de Internet permanecieran plagados de historias horribles, además puso en evidencia que somos sujetas de estas violencias desde muy temprana edad y que no se trata de un problema individual (que no es un pequeño grupo de mujeres que tuvo la mala suerte de vivir situaciones muy similares), sino que estamos frente a un problema estructural de violencia machista. Dudo —y hablo al tanteo, pero dispuesta a apostar una lanita— que haya personas que “sobrevivieran” a la tendencia sin tener que leer en sus timelines cómo es la realidad para las niñas y jóvenes de nuestro país.

Para octubre del 2017 las denuncias públicas vinieron desde arriba, desde Hollywood, a través del movimiento #MeToo: el privilegio blanco y de clase no les alcanzó para esquivarla. Alyssa Milano alentó a las mujeres a que hablaran de sus experiencias de abuso para que la gente comprendiera la magnitud del problema que representa la violencia sexual. Para el final del día se podían contar más de 200 mil tuits, para el final del mes, 500 mil. Entre ellos figuraban los de celebridades de la talla de Jennifer Lawrence y Uma Thurman.

2018 comenzó cuestionando a los hombres con historias específicas de violencia que sólo atraviesa a las mujeres:

Por supuesto que no faltaron los idiotas que respondieron que sí, que obvio también a ellos les pasa, sin entender que se trata de una acción para visibilizar lo que las mujeres como clase viven como parte de lo cotidiano. Que en una de esas, a ellos individualmente les pasó, pero que ellos ni de chiste representan a su género y que su experiencia individual no es el reflejo de una problemática inherente a su género.

El último hashtag, #Cuéntalo me quebró. Y sé que no soy la única a la que le hizo un nudo en la garganta:

Sin embargo, insisten en recordarnos que “hay hombres a los que también les pasan cosas malas” o que “hay mujeres que también son violentas”. Personas que aparentemente requieren más trabajo pedagógico para entender por qué existe el feminismo, por qué decimos que el machismo mata todos los días. Por qué decimos que URGE acabar con el patriarcado.

Personas derechamente misóginas y machistas, que no les interesa entender que no son hechos aislados cuyo culpable es un “tipo loco”, sino un sano hijo del patriarcado, un hombre socializado en la violencia que está convencido de que someter y violar son parte de su “naturaleza” (porque las justificaciones biológicas son perfectas para no afrontar las consecuencias de normalizar los comportamientos tóxicos en los hombres).

Ya tuvimos suficiente pedagogía con #MiPrimerAcoso, con #MeToo, con ‘¿A los hombres también las pasa?’ y con #Cuéntalo. Con la historia de Lesvy, la de Mara, y la de Kleo. Después de las marchas por la sentencia de “La Manada”. Quien después de esto no entiende razones, y es más, quien necesita más razones para sumarse y exigir con nosotras #NiUnaMás ES EL PROBLEMA, y no puede entender ni empatizar.

¿Cuántos hashtags necesitas para creernos?

Edita en el día, transgrede el sistema de noche. Si tu perspectiva no es interseccional, pierdes el tiempo conmigo 😉 Me gustan las brujas, los animales y los tatuajes.

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