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Representación homoerótica en los medios: para el placer del hombre heterosexual

El homoerotismo en medios está diseñado para hombres heterosexuales, por eso siempre se muestran mujeres alineadas con los “cánones de belleza”; las imágenes que resultarían atractivas para personas queer en los medios son prácticamente inexistentes.

cruel intentions

Cuando yo era un mozalbete, por ahí de la década de los 90, hubo dos películas que llamaron mucho la atención de todo mundo y escandalizaron a más de una buena consciencia. Una de ellas fue Criaturas salvajes (Wild Things, 1998) y la otra fue Juegos sexuales (Cruel Intentions, 1999). De las películas no se decía gran cosa, excepto que eran indecentemente cachondas y, sobre todo, que en ellas había sendas escenas en la que dos mujeres (actrices famosas, juveniles y guapetonas, además) se besaban con lujo de lengua.

Creo que ambas películas son olvidables y habrían sido rápidamente olvidadas de no ser por esas escenas que tanto escandalizaron a la sociedad del siglo pasado. A los rapazuelos imberbes que están acostumbrados a este tipo de interacciones chica-chica hasta en la sitcom más ñoña de la TV por cable (y ni hablar de Internet), les parecerá extraño que dichas cintas (o más bien, las señeras escenas pseudolésbicas de las cuales el resto de la película es mero pretexto) hayan causado tanto impacto.

En efecto, me parece que las escenas de “acción” entre mujeres son ahora mucho más frecuentes en el cine y la TV comerciales, cuando antes eran propias sólo de: A) Cine alternativo, artistoso o pretencioso; y B) Porno.

¿Por qué? ¿Por qué se ha dado este intrigante fenómeno? ¿Por qué a muchos hombres les excita presenciar la interacción fémina+fémina? ¿Es más común ahora en los medios o es sólo idea mía? Y si no es idea mía, ¿por qué se da? Las mujeres de ahora, ¿están más abiertas a explorar su sexualidad o es sólo idea mía? Y si no es idea mía, ¿qué pedo?

Éstas son las cuestiones sobre las que quiero cavilar a lo largo de este debraye. Cabe aclarar que aunque tengo experiencia en el análisis de obras de la cultura pop y que mis estudios me han capacitado para ello, no soy sociólogo, ni antropólogo, ni psicólogo, ni nada por el estilo, y a mi choro no se le debe exigir más rigor que a cualquier chaqueta mental. Allá me dirán ustedes si mis planteamientos tienen sentido o no…

¿Por qué a los hombres hetero nos gusta ver a chicas siendo cariñosas las unas con las otras?

Éste es un buen momento para recordar un principio básico: a los hombres nos han educado en una idea de masculinidad bastante tóxica y se nos ha inculcado (desde la religión hasta la publicidad) la idea de que las mujeres existen para complacernos, por lo que muchas veces las valoramos basándonos en ese retorcido fundamento, y es muy difícil romper esos esquemas mentales. Dicho esto, pasemos a tratar de analizar qué hay detrás del gusto masculino por las escenas homoeróticas entre mujeres.

La respuesta más obvia parecería ser “porque les gustaría estar entre ellas”. Y en efecto creo que a muchos hombres les gustaría sentirse rodeados por bellos cuerpos femeninos que los consintieran como unas odaliscas a su sultán. Sin embargo, no creo ésa sea razón suficiente.

En la estética de la fantasía erótica (desde las cosas que te imaginas por las noches cuando abrazas a tu almohada, pasando por el porno más básico y dándole la vuelta hasta llegar al arte erótico), cuando se trata de situaciones en las que hay dos o más mujeres con un solo hombre, no basta la interacción de éste con cada una de ellas para lograr el efecto deseado en público y participantes. O sea, cualquiera que haya fantaseado con un trío, o que haya tenido la buena fortuna de encontrarse en uno, o que los haya visto en los medios, sabe que la fantasía no está completa si no hay también interacción entre las chicas.

En la pronografía, por lo general dirigida a hombres heterosexuales, que incluye tríos mujer+hombre+mujer lo común es que las mujeres interactúen entre sí, pero cuando se trata de tríos hombre+mujer+hombre, es más raro que haya interacción entre los hombres. Es más, en el porno de orgías masivas con muchos hombres y muchas mujeres, éstas se besuquean, manosean y chupetean unas a otras, pero los hombres no hacen lo mismo por sus camaradas. Y en muchas ocasiones al público masculino le basta que haya dos o más mujeres sin necesidad de agregar hombres a la ecuación.

Entonces, no es solamente que el hombre se quiera ver entre dos o más mujeres, sino que el cachondeo entre ellas ya es muy excitante en sí mismo para quien lo contempla.

Esto me intrigó durante mucho tiempo, hasta que por casualidad di con una respuesta tentativa al leer Crossing the Abyss: Erotica and the Intersection of Evolutionary Psychology and Literary Studies (de Catherine Salmon), un ensayo sobre el erotismo y la pornografía que incluye una sección dedicada a analizar la slash fiction y el yaoi.

Slash fiction se refiere a historias eróticas escritas por fans de alguna serie de TV, película, saga cinematográfica, trilogía de libros, o cualquier otro fenómeno mediático, y que involucran a dos personajes de dicho universo ficticio. Muy a menudo estas fantasías de los fans son homoeróticas, y muy a menudo involucran a dos personajes masculinos, y más a menudo todavía, están escritas por y dirigidas hacia mujeres. [El nombre slash viene de la palabra inglesa se refiere a la diagonal (/) que se pone para indicar qué personajes participan en cada fantasía; verbi gratia: “Harry Pottter / Draco Malfoy”]

El yaoi, por otra parte, es un género del manga y animé japonés, que consiste en historias románticas y eróticas entre dos (o más) varones. Los hay dirigidos hacia hombres homosexuales y los hay dirigidos hacia mujeres. La autora del artículo dice que el erotismo (o porno) dirigido a hombres y el dirigido a mujeres tienen ciertas características, sin importar si trata de material hetero u homoerótico. Los hombres tienden a ser más visuales y por ello su material se basa más en el sexo explícito, y menos en la trama. Las mujeres suelen interesarse más por las historias y los sentimientos, y por ello hay más de ello en el material dirigido a las féminas. Esto se nota hasta en los subgéneros del yaoi: el dirigido hacia hombres homosexuales suele ser más explícito, más centrado en el coito en sí, mientras que el dirigido hacia mujeres suele contener romance (y en ocasiones, mucho drama). Curiosamente, lo mismo sucede con el yuri, es decir, el manga o animé erótico con historias mujer-mujer: las que están dirigidas al público femenino tienen una historia romántica, y las que son para hombres se centran más en el morbo.

Entonces, básicamente a los hombres homosexuales les gusta lo mismo que a los heterosexuales en su porno: mucho sexo y poco bla, bla, bla. Y a las mujeres heterosexuales les gusta lo mismo en sus historias eróticas: mucho sexo, pero además sentimientos y una historia congruente, independientemente de si sus personajes son un chico y una chica, o dos chicos.

Pero, ¿por qué las mujeres querrían fantasear sobre dos chicos, con los mismos esquemas con los que fantasean sobre relaciones chico-chica? Según la autora, se trata de erotizar a la figura masculina al máximo, es decir, de crear una situación idónea que estimule la imaginación y el deseo de la mujer, pero en la que ambos elementos sean masculinos, para que su erotización sea total, sin “intromisión” de elementos femeninos.

Esto tiene mucho sentido cuando lo trasladamos al gusto de los hombres hetero por ver escenas lésbicas: se tienen los elementos femeninos y el goce sexual, sin la intromisión del elemento masculino. Hasta se puede llevar a cabo la penetración, con la ayuda de dildos y otros juguetes, o en el caso del hentai (porno dibujado japonés), con el subgénero futanari, en el que mujeres con pene penetran a otras mujeres; (esos penes suelen ser de origen mágico o incluso pueden ser “clítoris elongados”, es decir, no son penes “de verdad”, masculinos).

En estos contenidos: las mujeres no pueden ser exclusivamente lesbianas, tienen que ser bisexuales, porque la “lesbiandad” absoluta quita la posibilidad de que el hombre pueda disfrutar de ellas. Recuérdese que los hombres hemos sido educados para valorar a las mujeres en la medida en que puedan resultarles sexualmente satisfactorias. En una fantasía o en cualquier producto que se valga de este recurso para llamar la atención del público masculino (desde la publicidad hasta el porno), las mujeres tendrán que brindarle satisfacción al hombre (o por lo menos, que quepa la posibilidad). Esto se ve hasta en las series de TV y películas mainstream que incluyen escenas entre chicas: éstas siempre son bisexuales.

Queda un misterio: ¿por qué el gusto de las mujeres por historias y escenas eróticas entre hombres está menos generalizado que el gusto de los hombres por ver a chicas gozándose? Quizá es que en esta sociedad patriarcal la sexualidad femenina está bastante más reprimida que la masculina, y las mujeres no pueden expresar tan fácilmente estos deseos, y menos satisfacerlos…

Las escenas eróticas entre mujeres, ¿son ahora más comunes en los medios? Si es así, ¿por qué?

A la primera pregunta creo que puedo responder con un fácil: SÍ. No tengo estadísticas ni nada de eso, pero a ojo pelón me parece ver que las escenas e historias de interacción chica-chica son más comunes ahora, pues se les puede ver en los medios más mainstream y comerciales, en la publicidad, en las series de TV (desde las sitcoms hasta los dramones juveniles), en el cine (desde las cintas de acción hasta las comedias bobaliconas), en los videojuegos y en los cómics.

Responder el porqué tampoco se me antoja tan difícil. Conforme avanza el tiempo los medios de comunicación se van volviendo menos mojigatos en temas de sexualidad, lo que causa que las buenas abuelitas se persignen asustadas. Temas que antes eran tabú, ahora son discutidos con mayor apertura en el cine y la TV. La publicidad siempre ha recurrido al sex-appeal, pero cada década se vuelve más atrevida (mujeres con menos ropa, en poses o situaciones más sugestivas, muchas veces inspirándose directamente en la imaginería del porno).

El cine, la TV y otros medios siempre han sabido que el sexo vende y conforme los estándares de la “decencia” se han ido relajando, es natural que se recurra a formas cada vez más “candentes” para llamar la atención. Que los medios echaran mano del homoerotismo femenino era sólo cuestión de tiempo.

Y ése es un asunto que nos recuerda que vivimos aún en una sociedad muy desigual. Los medios han utilizado el sexo para llamar la atención… de los hombres heterosexuales. La belleza y la sensualidad femeninas es utilizada como ardid publicitario, no sólo con productos dirigidos hacia los hombres (como una loción para caballero), sino incluso para objetos que podrían consumir tanto hombres como mujeres (como un auto, una cerveza o hasta unas pinches Ruffles).

Sólo hasta hace un par de décadas se empezó a explotar la belleza masculina con cierta carga de erotización para llamar la atención de las mujeres (es más frecuente que se apele a ellas recurriendo a ideales de familia, moda, prestigio social o a la frivolidad como valor femenino). Aún así las imágenes que hacen de los hombres pedazos de carne son mucho menos frecuentes que las que hacen lo mismo con las mujeres, mientras que las imágenes que resultarían atractivas para personas queer son prácticamente inexistentes.

No se engañen: el uso de las escenas “mujer contra mujer” es un servicio prestado a los hombres heterosexuales; se trata de llamar nuestra atención, de estimular nuestras fantasías, con imaginería que nos agrade a nosotros. Por eso se hace con mujeres ajustadas a los cánones de lo que los hombres heterosexuales consideran “sexy”, y de preferencia que interpretan a personajes que no sean exclusivamente lesbianas, sino bisexuales.

Los gustos eróticos de las mujeres, y más aun los de personas con orientaciones sexuales diversas, siguen siendo alegremente ignorados, quizá por discriminación, quizá porque con ellos la sociedad sigue siendo muy mojigata, quizá porque son un mercado que aún no se considera lucrativo.

Si algún producto cultural tiene ciertas pretensiones artísticas, la interacción erótica entre mujeres tendrá una razón de ser: romper tabúes, explorar sentimientos, poner a prueba convenciones sociales, etc. Pero cuando se trata de productos totalmente comerciales, la interacción sexual entre mujeres cumple la misma función que las edecanes semidesnudas de su cervecera favorita.

En las series de HBO sucede mucho; en la primera temporada de Game of Thrones hay una escena tan explícita que parece sacada de la programación de Golden Choice (y que no está en el libro); también hay una buena dosis de escenas de sexo hetero, mientras que la única de sexo gay entre hombres es bastante corta y discreta.

No hace muchos años, hubo un pequeño escándalo (es decir, mame en Internet), por el videojuego de Mass Effect. En éste puedes escoger todo sobre el personaje con el que jugarás, incluyendo el género. El hecho llamativo es que si escoges que tu personaje sea mujer, ésta puede cachondear con otros personajes femeninos; pero si lo escoges hombre, éste será estrictamente hetero. ¿Por qué? Pues porque las gamers siguen siendo muy ninguneadas, y se trata de complacerlos a ellos.

Miguel Civeira: Ego Sum Qui Sum 

Escritor, bloguero y nerd profesional. Sus amigas feministas tuvieron la bondad de explicarle cómo estaba la cosa y desde entonces trata de ser menos cretino.

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