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Repite conmigo: NO existe el “crimen pasional”, es FEMINICIDIO

El crimen pasional no es una figura jurídica como tal, no existe; se trata de un invento de la prensa para ejercer control sobre la sexualidad de las mujeres al justificar un asesinato con un discurso patriarcal.

Hace unos días una amiga apreciada me preguntaba si es correcto hablar de crímenes pasionales en lugar del feminicidio. Lo primero que me vino a la mente fueron mis clases, allá en mis mocedades, donde nos explicaban que eso del crimen pasional es un término francés del siglo XIX “que implicaba un acto de violencia extrema entre dos personas vinculadas en una relación íntima y causado por una repentina alteración de la conciencia provocada por sentimientos como los celos, la ira o el desengaño”. Aquí en México el término se volvió popular a finales del porfiriato, especialmente propagado por la prensa… como ahora.

Pero lo cierto es que no es una figura jurídica como tal, vaya, no está contemplado con ese nombre en ninguna ley. PEROOO en el Código Penal de 1929 y de 1931 se hacía referencia la ausencia de pena y disminución de la misma, respectivamente, para el caso del cónyuge que asesinara a su esposa si la encontraba cometiendo adulterio, sólo porque se consideraba que estaba en un estado muy alterado y no pensaba como normalmente lo haría, ya saben, por eso de las emociones fuertes. Ambos influidos fuertemente por el Código Penal de 1871.

Fue hasta 1971 que esos artículos se derogaron del Código Penal Federal. Sin embargo y con infinita tristeza les informo que aún existen algunas legislaciones locales donde contemplan la “emoción violenta”. Por ejemplo, en el aún Código Penal para el Distrito Federal:

ARTÍCULO 136. A quien en estado de emoción violenta cometa homicidio o lesiones, se le impondrá una tercera parte de las penas que correspondan por su comisión. Existe emoción violenta cuando el sujeto activo del delito vive una intensa conmoción del ánimo que provoca un desorden del comportamiento, la pérdida del dominio de su capacidad reflexiva y la disminución de sus frenos inhibitorios, que desencadenaron el delito.

Y como ese tenemos más casos, tales como Coahuila, Morelos, Querétaro, Nuevo León, Sinaloa y Tabasco, donde se deja un poco al arbitrio del juez (en teoría apoyado de evaluaciones psicológicas, psiquiátricas y todas las pertinentes) decidir si es verdad que el supuesto homicida se encontraba en un estado de “emoción violenta” o si, efectivamente, es un homicida o feminicida.

De forma casi paradójica, en muchos estados las leyes locales contemplan la figura del feminicidio (haga aquí una pausa y vaya a revisar qué es, si es que tiene dudas, porque para que sea considerado como tal se requiere que encuadre en algunos supuestos), lo que nos hace pensar que el juez debe estar muuuy preparado para saber diferenciar entre un estado de “emoción violenta”, de la violencia de género.

En teoría, el juez y el resto de los que forman parte del poder judicial deben estar actualizados en estos temas y saber discernir claramente… pero la realidad es otra, hay quienes aún justifican la violencia ejercida contra las mujeres como si fuésemos las provocadoras. Para muestra vean lo que esta lumbrera del Derecho opina:

Lo peor no es eso, es que la prensa sigue ocupando ese término decimonónico como si en verdad fuera una figura jurídica, son culpables de poner en el inconsciente colectivo la idea de que uno puede matar a una mujer si la cachó poniéndole los cuernos porque eso provoca “emociones violentas”.

El crimen pasional no existe, es un invento de hace años para ejercer control sobre la sexualidad de las mujeres, para poner en un orden jerárquico a los hombres sobre las mujeres, para que ellos puedan “defender su honor” cuando lo sientan agraviado aunque eso implique matar a su pareja porque saben que el juez considerará que perdieron los estribos y los pobrecitos no sabían lo que hacían ciegos de dolor.

Decir que es un crimen pasional le resta responsabilidad al culpable, al decir que no está tan mal lo que hizo porque “lo provocaron”, porque lo lastimaron y eso lo orilló a asesinar cruelmente a su pareja. Llamemos a las cosas por su nombre y digamos claramente que es un homicidio con todas sus agravantes o es un feminicidio en toda regla.

Destruir el patriarcado se logra, en gran medida, a través de sus leyes. Así que aboguemos porque se elimine esa idea, porque en nuestras legislaciones no veamos más el término “emoción violenta” como excusa para asesinar. Luchemos porque los jueces impartan justicia con perspectiva de género.

Y luchemos para que en nuestra próxima constitución de la CDMX adapten esas aberraciones que datan de hace casi un siglo; ya va siendo hora de actualizarla a los tiempos que corren.

Pasante en Derecho. Feminista, bailarina y directora de Musas de Ares por vocación.

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