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El refugio ante los “crímenes de honor”

En Palestina ver a un novio a escondidas es una de los motivos que dan lugar a que los familiares tomen la decisión de asesinarlas; en este lugar se resguardan mujeres sobrevivientes por un mes y no pueden asegurar que a su regreso no las maten.

manifestación contra crímenes de honor

En Palestina hay un único refugio de emergencia para mujeres amenazadas de muerte y víctimas de violencia de género. Dima Nashashibi, directora de este refugio, relató en una entrevista cómo es que lleva décadas atacando este “tumor cultural”, tumor que es respaldado por una sociedad que tiene una cultura basada en costumbres machistas, en la cual en la educación entre géneros hay un abismo de diferencia.

Dentro de esta antigua construcción, hay lugar para máximo ocho mujeres. Está totalmente libre de objetos con los que las refugiadas puedan quitarse la vida en un arranque de desesperación como cubiertos de metal o vasos de cristal, las ventanas están enrejadas y son vigiladas por custodias y cámaras de seguridad 24/7.

El lugar es prácticamente inexistente en el mapa para evitar cualquier tipo represalias. “Lo mantenemos en secreto para evitar que familiares o allegados traten de secuestrarlas o matarlas. Por eso aquí tampoco pueden utilizar el móvil ni acceder a Internet. Ni los vecinos saben que esto es un centro de acogida”, explicó la directora.

Aunque la seguridad dentro del refugio es buena, lamentablemente sólo se tiene un mes para resolver los casos de cada mujer que llega. Primeramente se intenta mediar con la misma familia, ya que la ley es prácticamente obsoleta y las penas para los “crímenes de odio” son mínimas. “Hace falta un nuevo Código Penal pero también educar en la igualdad. Es muy difícil para una mujer sobrevivir sola en nuestra sociedad por eso, la mayoría, no denuncia y nuestra primera opción es mediar con la familia para que regresen con seguridad”, explicó Dima.

Si en ese tiempo no logran solventar el problema canalizan a la afectada una de las dos casas de acogida para casos no urgentes que hay en Cisjordania. Aun así, reconoció Dima, es imposible garantizar que cuando regresen no sean asesinadas.

Dima junto con Amina, una trabajadora social, están al pendiente las 24 horas del día por si algún otro caso surge. “Nunca apagamos el teléfono. Nuestros casos siempre son graves así que, actuar rápido, es cuestión de vida o muerte”, explicó Dima.

Unas 20 mil mujeres mueren cada año a manos de sus familiares en todo el mundo, víctimas de los denominados “crímenes de honor”. Son brutalmente asesinadas, quemadas vivas, degolladas, lapidadas, apuñaladas.

Su único “error”, si es que se le puede llamar así, es vivir en una sociedad misógina y arraigada a costumbres en las cuales las mujeres no tenemos derechos, ni capacidad de elegir sobre nuestros cuerpos ni nuestras decisiones. “Error” que se paga con nuestras propias vidas.

Fotografía: USA Today

Redacción

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