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Si quisiera que todos me amaran, no sería feminista

“El feminismo provoca odio, pero es que la mujer provoca odio hable de lo que hable”; Emily permaneció cuatro días en coma y posteriormente murió, pero durante su estancia en el hospital recibió una oleada de cartas de odio.

Isa Ibaibarriaga

Trabajar por la equidad de género implica triple labor: por un lado, la militancia en sí, por el otro, esquivar todas las complicaciones que sistemáticamente están ahí por ser mujer, y encima, mantener una voluntad indomable a pesar de la comunidad de haters o, en caso de tratarse de cyberactivismo, machitrolls.

Algunos, lejos de aportar al debate, se dedican a agredir y acosar a quienes emiten información o juicios que les parecen “radicalismo ideológico” (aunque es poco probable que lo piensen en estos términos) invadiendo los espacios feministas a espera, como de costumbre, de ser los protagonistas: que se les escuche y que se les responda. Otros, van directo al grano y se reúnen en comunidades para enviar mensajes de odio en masa, ocultos tras el anonimato de las plataformas digitales.

Como dice la blogger y tuitstar, @Barbijaputa:“El feminismo provoca odio, pero es que la mujer provoca odio hable de lo que hable”.

A principios de este año el portal feminista Locas del Coño sufrió un ataque que mantuvo el sitio caído por días. Jessica Fillol, responsable de la página, y otras colaboradoras, recibieron mensajes violentos como “putas feminazis” y “ojalá os violen”, según narró un reporte publicado por El Diario.

En el caso de la periodista Andrea Noel —agredida en las calles de la colonia Condesa a plena luz del día mientras todos felicitaban a las mujeres “por su día”— su ubicación fue expuesta y posteriormente, un grupo de personas desconocidas fueron hasta su domicilio para apuntarle con un láser en la cabeza. Este hecho la orilló a abandonar el país, porque como de costumbre, las autoridades mexicanas brillaron por su ineficiencia.

Gabriella Nava denunció a través de redes sociales a un trabajador de la UNAM por grabarla bajo la falda, y al igual que Noel, recibió decenas de mensajes agresivos tales como: “Pinche vieja deveria sentirse alagada que le graven la pichorra y la compartan pa la banda cuántas mujeres no se centirian honradas de que algun galan calenturiento como este las desie asi con artas ganas. Pobre mexico con viejas como esta loca (sic)”.

No hace falta una red social para dedicarse a acosar feministas y enviarles sendos mensajes de odio, éstos han sido enviados en todas las épocas en las que las mujeres han luchado por sus derechos. A principios del siglo XX, Emily Davison, sufragista destacada que entró y salió de la prisión muchas veces a lo largo de su vida por la causa, fue atropellada por el caballo del rey en el Epson Derby de 1913, cuando trataba de atarle una bufanda al animal, con la leyenda “votes for women” (votos para las mujeres) en un acto de protesta. Emily permaneció cuatro días en coma y posteriormente murió, pero durante su estancia en el hospital recibió una oleada de cartas de odio. Una de éstas fue:

Señora Davison:

Me alegra escuchar que está usted en el hospital, espero que sufra torturas hasta que muera. Idiota.

La considero una persona indigna de existir en este mundo, considerando lo que ha hecho, me gustaría tener la oportunidad de molerla a golpes y matarla de hambre.

Espero que su vida sea una tortura por algunos años para que sirva de ejemplo a su confederación.

¿Por qué su gente no le busca un asilo?

Suyo, etc.,

Un hombre inglés.

Emily se convirtió en la primera mártir por la causa, y su acto contribuyó a que posteriormente las mujeres consiguiéramos el derecho a votar. Como ella, todas las feministas que operan a través de sus propios espacios aportan a la conversación, visibilizan los problemas que enfrentamos a diario las mujeres y ayudan a construir un entorno mucho más vivible para todas, y eso, indudablemente, hace enfurecer a un sector de la población.

Cada oleada ha tenido su propio grupo de odio, a veces más violento, a veces menos visible, y sin embargo el avance del movimiento es imparable. Quizás nunca se deje de atacar a las feministas; sólo que el formato, la plataforma en la que se ejerza la violencia y la época histórica serán distintas. ¿Su finalidad? Nunca lo sabremos con certeza, pero eso no nos hará desistir.

Basta que haya un grupo de mujeres convencidas de que sus condiciones de vida pueden mejorar, una mayoría que las apoye y un gobierno que atienda a sus necesidades. No nos importa si nos odian. No trabajamos para que todos nos amen, trabajamos para que todos nos respeten.

Ilustración: Isa Ibaibarriaga

@KarenCymerman

Edita en el día, transgrede el sistema de noche. Si tu perspectiva no es interseccional, pierdes el tiempo conmigo 😉 Me gustan las brujas, los animales y los tatuajes.

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