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Por qué yo no aborto de forma legal (parte 2)

Al Estado hay que tomarlo como un instrumento, tomar lo que sirve y lo que no, desecharlo; es triste que las organizaciones locales acaten pasivamente y sin crítica los modelos colonialistas.

manifestación aborto

El aborto es castigado por ley en México desde hace 146 años; con el tiempo, se agregaron causales de salud, razones socioeconómicas, malformaciones congénitas e inseminación artificial no consentida que aminoran la pena. Sin embargo, al pedir cifras sobre cuántos abortos se han realizado por esta última causal, no existen, posiblemente porque no se ha solicitado un aborto por esta razón.

Esto da cuenta de que en 146 años se ha legislado sobre necesidades poco prácticas y reales. En siglo y medio, algunas entidades tienen no más de cinco causales para abortar y en la actualidad otras alcanzan dos razones no punibles.

El Distrito Federal tenía la ley más antigua de todas las entidades y apenas hubo modificaciones en el 2000 y luego en el 2007 cuando se despenalizó el aborto hasta las 12 semanas a petición de la mujer. Y esto sucedió por una coyuntura política. A partir de ese momento se recrudecieron otras legislaciones. Lo que al feminismo impulsor de la legalidad le llevó 146 años, al Estado religioso, patriarcal y Provida le llevó dos años, tiempo que tardó en “proteger la vida desde el momento de la concepción” en 17 constituciones.

Algunas mujeres que abortaron en el Distrito Federal dentro del marco legal que permite la interrupción hasta las 12 semanas se apropiaron de la información, las técnicas de uso del medicamento y se convirtieron en proveedoras de conocimientos; algunas otras se hicieron acompañantes adquiriendo más elementos, y quienes ya hacíamos acompañamientos desde antes del 2007 también nos fortalecimos de las nuevas experiencias, generamos alianzas, redes de apoyo, uso de tecnologías, etc.

Al Estado hay que tomarlo como un instrumento, tomar lo que sirve y lo que no, desecharlo. Una década de aborto voluntario en el DF ha tenido impacto negativo en 17 entidades más un cúmulo de situaciones complejas que no cabe mencionar en este texto, pero quiero enfocarme en lo positivo de este suceso que no llegó desde la legalidad sino desde las propias mujeres.

Respecto a las organizaciones feministas que contribuyeron a la reforma legislativa en el DF se aprecia su labor, gozan de reconocimiento en el ámbito activista, académico o gubernamental, conservan sus puestos de trabajo y reciben salarios para que lo sigan haciendo. Y está bien desenvolverse en el espacio social que se pueda y se permita.

Lo que provoca indignación es que esas organizaciones feministas que reciben recursos de organismos internacionales –que antes provenían de Estados Unidos y ahora de Europa- impongan visiones y esquemas de atención en el aborto. Es lamentable que ese feminismo blanco, urbano y eurocentrista, traslade sus esquemas hacia el resto de las entidades. Es triste que las organizaciones locales acaten pasivamente y sin crítica esos modelos. Es intolerable que las propuestas locales en materia de aborto sean menospreciadas por las visiones centralistas.

A esas instituciones y a ese feminismo les cuesta reconocer la gran capacidad de agencia que las mujeres han tenido para organizarse; ir a abortar al DF o recibir información sobre cómo hacerlo con medicamento en casa y trasladar ese conocimiento a otras mujeres de sus regiones es desplegar su capacidad de agencia y eso forma parte de la autogestión.

En bueno saber que hay acompañantes en diferentes estados de la república brindando información sobre aborto seguro, pero sí lamento que algunos modelos de acompañamiento retoman esquemas clasistas y colonialistas. Creer que sin su ayuda las mujeres no encontrarán respuestas a sus propias necesidades es algo muy equivocado. Es innegable la desigualdad social que hay entre unas y otras, y esto provoca que la reproducción sea estratificada pero eso no significa que por ser “mujer precaria” o “mujer de periferia” (un sector de acompañamiento financiado nombra así a las mujeres) no encontrarán otras alternativas.

Por: Alma Osiris Degante

Por qué yo no aborto de forma legal (parte 1)

Por qué yo no aborto legal (parte 3)

 

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