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No es cuestión de género, sino de gente mala contra gente buena

Si acepto que es “una cuestión de género” entonces sólo hay dos bandos y tengo que pertenecer al de los malos; pero si simplifico la violencia estructural como un problema de gente buena contra gente mala, seguro tengo más suerte, ¿o no?

hombre discutiendo con mujer
Lo has leído mil veces en redes sociales. Se ha compartido miles de veces. Los onvres buscan desesperadamente demostrar que ellos son parte del grupo de chicos buen onda.

No esperemos al final de esta entrada, ¿es en verdad una cuestión de género? Sí. Los feminicidios, ataques con ácido, acoso y violencia sexual que enfrentan las mujeres en todo el mundo es un problema estructural, que históricamente las ha afectado por ser mujeres.

Sin embargo, reconocer que es un problema de género me hace, como hombre, partícipe de esta violencia; me pone al nivel de la peor ralea, esa que sale en las noticias después de haber realizado actos que van más allá de toda humanidad.

Aceptar que es un problema de género significa que yo también soy violento y eso es algo que muchos vatos no están dispuestos a aceptar porque les provoca vergüenza pensarse del bando equivocado.

“No es cuestión de género, sino de gente mala contra gente buena” me da la posibilidad de estar en otra categoría, en la de gente buena; mientras que asumir que el problema sí es cuestión de género forzosamente me deja en el bando de los hombres, los victimarios.

Quizás pienso que “yo no soy malo”, pues la violencia que yo ejerzo es mínima en comparación con los actos de los violadores y asesinos, y así puedo disculpar y justificar mi conducta como vato “normal”: puedo permanecer en mis grupos de WhatsApp donde pasan packs, ponerle los cuernos y violentar a mi novia, acosar a las mujeres en la calle. Al final mis actos “no van a matar a nadie” y eso me permite unirme a los buenos.

Si lo simplificamos con la noción de “el bien vs el mal” todo lo que no sea asesinar o violar mujeres estará bien, no tenemos que pensar cómo es que las conductas a las que no estamos dispuestos a renunciar reproducen la violencia que permite que las violaciones y feminicidios ocurran en total impunidad.

Nos guste o no todos los hombres en nuestra sociedad hemos ejercicio de alguna u otra forma esta violencia estructural porque tiene su raíz en nuestra cultura. Todos hemos sido testigos de muchos actos que se encuentran en la base de una pirámide que contiene en la cima a todas esas mujeres que no volvieron a casa. Todos tenemos amigos y parientes acosadores, golpeadores, padres ausentes y violadores y todos hemos permanecido en silencio.

Como vatos lo mínimo que podemos hacer para comenzar es reconocer la violencia de género como algo real, trabajar en esas conductas y cuestionar a nuestros cuates cuando los veamos alimentando la misógina estructural. Porque “no ser malo” no te hace en automático “bueno”.

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