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No confundas gimnasia con magnesia, ni acoso con cortejo

La violencia de género está lejos de terminar mientras a los niños se les enseñe a acosar y a las niñas a tolerar el acoso; el mayor absurdo es ofender a una mujer llamándola “feminazi” por exigir respeto, aunque ésta no se identifique con el feminismo.

Robert Downey Junior

México es una sociedad machista. Según cifras oficiales del Banco Mundial 46 % de las mujeres mexicanas han sido víctimas de alguna forma de violencia por parte de algún hombre, ya sea su esposo, novio o algún desconocido.

Dentro de estas formas de violencia se encuentra el acoso, que para muchas personas no es algo grave porque estamos acostumbrados a lidiar con él todos los días al punto de que nos parece algo normal. Solemos creer que la violencia sólo es violencia si es física: si no hay heridas o golpes no es acoso (por hablar de una forma de violencia), es cortejo; un halago pícaro y juguetón que se hace para llamar la atención de una mujer (o al menos eso es lo que se nos hace creer).

“Si te quieres hacer novio de fulanita dile lo bonita que es”, “si no te hace caso sigue intentando, llévale dulces y regalos,  ya caerá, se está haciendo del rogar”, “seguro le gusta que le insistas”, “si no te hace caso es una apretada, una mamona o seguro es lesbiana”, “todavía de que le hablas, ni que estuviera tan buena”. Éstas, son algunas de las frases que se suelen ocupar para alentar y disculpar el acoso, poco importa si es una desconocida, compañera de trabajo, de escuela, una mujer soltera o casada, el chiste es intentar y ver si pega.

Esto ayuda a que buena parte de los acosadores no se reconozcan como tal, ya que van por la vida pensando que son unos románticos empedernidos corazón de condominio cuyo único pecado es cortejar a muchas chicas a cada rato, por lo tanto sus halagos y regalos son algo inofensivo, natural y que implícitamente es aceptado por todos. Pero no es así, la violencia de género es un problema real en este país y el acoso es una parte importante de ello, a pensar de que el gobierno adopte medidas e implemente programas para detenerlo este problema cultural está lejos de terminar debido a que muchos de estos comportamientos son aprendidos en casa a temprana edad, tanto por niños (que son quienes deben hacerlo) como por niñas (quienes deben aprender a tolerarlo).

El escenario es peor tomando en cuenta el pobre entendimiento que tienen muchas personas de términos como feminismo o equidad de género, utilizando frases como “feminazi” para referirse a toda mujer que busque ser tratada con respeto e igualdad aunque se identifique o no con algún movimiento social .

En muchos casos los acosadores se disculpan argumentando que no lo hacen con mala intención, y se apoyan en clichés, diccionarios o elaborados escenarios para que “los demás entendamos” que en realidad no están haciendo nada malo, pues dicen que si a ellos les ocurriera lo mismo no se sentirían acosados, al contrario, sería de lo mejor; o peor aún, alentando la idea de que todas las mujeres disfrutan esto en secreto.

La verdad radica en un problema mayor derivado de la incapacidad de las personas para sentir empatía. Ponerse en los zapatos del otro por un momento para tener otra perspectiva les resulta imposible a hombres y mujeres por igual. Olvidar esto da pie a que continúe, a que patrones como éste se repitan y a que el día de mañana pueda ser tu madre, tu hija, o tu hermana quien sea la próxima víctima en una larga lista de mujeres violentadas.

Éste no es un reproche, es una realidad que debemos abatir como sociedad en pro de una convivencia sana para todos.

Eduardo Galindo: @Eduardo1909

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