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Nikki Benz: otro caso de violación en la industria pornográfica

En los últimos cinco años, en México se han registrado 3 millones de casos de violencia sexual, de los cuales 90 % de las víctimas fueron mujeres; casos como el de Stoya o Nikki no deberían de verse de manera aislada al del resto de casos de violencia contra otras mujeres, ya sean activistas, periodistas, madres, doctoras o estudiantes.

Nikki Benz

En diciembre de 2015 la actriz de películas pornográficas Stoya interpuso una denuncia de violación contra su ex pareja, el actor James Dean. A un año del caso, la también actriz Nikki Benz vía Twitter denunció haber sido víctima de abuso durante una grabación por parte del director Tony T. de la compañía Brazzers.

Esto ha reavivado la llama sobre el estigma que tienen las actrices dentro de esta industria de cine para adultos, así como el calvario que sufren las mujeres que denuncian violencia sexual de cualquier índole. Muchas veces creemos que tal estigma es inexistente, pero si echamos un vistazo a los comentarios de los usuarios en redes sociales encontraremos mensajes que van desde “encima de que es actriz porno se queja” o “y si en el guion decía que la violen” hasta “es de mala educación hablar y no pasar el link”.

Los comentarios a forma de “broma” no sólo vienen de hombres sino de mujeres que de alguna forma se creen poseedoras de superioridad moral (patriarcal) sobre otra debido a las actividades que realiza para ganarse la vida.

La cultura de la violación está latente y comienza cuando se culpa a la víctima por lo sucedido y continúa con la trivialización o negación rotunda de la violación. Esto debería ser tomado de manera seria por todos los miembros de la sociedad, especialmente si tomamos en cuenta que en países como México ha aumentado la violencia sexual durante los últimos cinco años, periodo en el que se registraron casi 3 millones de casos de violencia sexual, de los cuales 90 % de las víctimas fueron mujeres.

Siguiendo con esta línea no es de sorprenderse que de todos los casos solamente 10 de cada mil agresores sexuales sean consignados ante un Ministerio Público, mientras que miles de depredadores que viven tranquilamente bajo el amparo del Estado impune.

Como hombre es muy fácil dejar estas cifras del lado, después de todo se nos ha educado con la idea de que las mujeres deben estar dispuestas a tener sexo todo el tiempo, de buena gana y aún más si es que está casada. Peor es el caso de las ya mencionadas actrices porno o las prostitutas, ya que en el imaginario popular las mujeres que ejercen estos trabajos pierden su estatus de personas y pasan a ser objetos, cosas que al ser adquiridas pueden ser usadas de la manera que nos plazca y que por ende pierden todos sus derechos.

Casos como el de Stoya o Nikki no deberían de verse de manera aislada al del resto de casos de violencia contra otras mujeres, ya sean activistas, periodistas, madres, doctoras o estudiantes. Todas son personas que merecen el mismo respeto sea cual sea su trabajo o el ejercicio de su sexualidad.

La compañía Brazzers ya se deslindó de responsabilidades y comentó que su contendió se produce de manera externa y sin su control, particularmente esta escena donde todo se realizó “sin guión y con la dirección artística dejada a discreción del productor” quien hasta el momento sólo fue despedido.

Arquitecto entusiasta de la historia, el dibujo y los cómics.

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