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Guatemaltecas violadas y torturadas por miembros de las PAC

Una de las declarantes narró cómo cuatro hombres irrumpieron en su casa a la fuerza, la sometieron y desnudaron en frente de su hija de 17 años y luego la violaron; informes de derechos humanos registraron 149 víctimas y 92 denuncias de violación sexual, en Guatemala, entre 1982 y 1983.

violaciones en Guatemala

Por lo menos 10 mujeres guatemaltecas, víctimas de abusos sexuales masivos durante la dictadura del general Efraín Ríos Montt a mediados de los ochenta, comparecieron ayer frente a la juez Jazmín Barrios para contar sus historias después de 30 años de silencio e impunidad.

Tras un breve receso que se efectuó por los festejos de Semana Santa, el lunes 4 de abril se reanudó el juicio en contra de Ríos Montt, acusado por los delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad.

La orden del día fue significativa porque testificaron mujeres que sufrieron en carne propia, entre 1982 y 1983, los horrores de la dictadura. Por respeto a su dignidad, la juez ordenó que las identidades de las víctimas se mantuvieran en el anonimato.

Aunque los crímenes se llevaron a cabo cuando las testigos eran niñas y adolescente (ahora oscilan entre los 50 y los 60 años de edad), los recuerdos de la tragedia continúan indemnes en su memoria, ya que la mayoría describió los acontecimiento con lujo de detalle y algunas lograron identificar a sus agresores como miembros del ejército o de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), paramilitares que actuaban de espías y delatores.

De acuerdo con el diario El País, una de las declarantes narró cómo cuatro hombres irrumpieron en su casa a la fuerza, la sometieron y desnudaron en frente de su hija de 17 años, y luego la violaron. Cuando terminaron, los atacantes repitieron el suplicio con su hija. La madre se quedó impotente porque uno de los soldados le pegó un culatazo en la boca del estómago y otro en la cara, por lo cual perdió un ojo.

Pero la violencia sexual está lejos de ser la única forma de dominación que padecieron estas mujeres. En el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica (Informe REMHI), se señalaron los peculiares procedimientos de tortura que implementaron soldados y patrulleros. Algunos impactan por su alto nivel de sadismo y por el grado de divertimento que causaban en sus ejecutores.

Por ejemplo, una de las formas de humillar a las mujeres era forzarlas a bailar o a cocinar antes de violarlas y matarlas; muchas veces ellas hicieron estas actividades después de presenciar la muerte de sus maridos o de sus hijos. Más terrorífico aún era la mutilación y el destripamiento de mujeres embarazadas, a quienes las obligaban a mirar cómo sacaban de sus vientres las vidas de los bebés que jamás verían desarrollarse.

En el expediente 6335 del Informe REMHI, ocurrido en 1981 en el municipio de Huehuetenango, se describe una escena que bien podría pertenecer al guión de una película gore, si no fuera por el hecho de que en verdad aconteció: “Las mujeres que iban embarazadas, una de ellas que tiene ocho meses ahí le cortaron la panza, le sacaron la criatura y lo juguetearon como pelota, de ahí le sacaron una chiche y la dejaron colgada en un árbol”.

Dicho informe fue elaborado en el marco del Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica sobre las graves violaciones de derechos humanos cometidas en Guatemala; ahí se registraron 149 víctimas de 92 denuncias de violación sexual. No obstante, en el documento se advirtió que el número podría aumentar si se toma en cuenta que muchos afectados no denunciaron por temor a represalias o por estar atormentados con sentimientos de culpa.

La mayoría de los abusos se realizaron en comunidades pobres e indígenas, porque en aquel tiempo se sospechaba que eran el tipo de lugares en los que se refugiaban los guerrilleros. Por si fuera poco, en el libro El Genocidio de Guatemala se relata que las fuerzas militares incriminaban a los grupos insurgentes de los delitos que ellos mismos cometían con el objetivo de criminalizar la disidencia y poner a la ciudadanía en su contra.

“Antes yo oía en la radio los comunicados y las informaciones del Ejército, donde decían que los guerrilleros cometían las masacres contra la población. Pero cuando trabajé como policía militar y conocí bien al ejército, me di cuenta de quiénes eran los que cometían las masacres en contra de la población civil; me di cuenta de la táctica que usa el ejército contra la población indefensa. A mí ya no pueden engañarme, después de haber sido testigo de tantos crímenes cometidos por el Ejército”, testificó en el libro un hombre a quien se le resguardó la identidad.

Miguel Torres: @Mike_TPapa

Fotografía: AFP

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