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¿Por qué #MeToo NO ES una cacería de brujas?

Hablar de una “cacería de brujas” cuando hablamos de #MeToo significa poner a los victimarios en posición de presa; si quieren hacer una analogía más precisa hablen de las feministas a las que se les amenaza con violarlas por alzar la voz.

MeToo

Ayer por la mañana me encontré con el foro de Loret de Mola en el que participaron las feministas y académicas, Catalina Ruiz Navarro y Marta Lamas, para hablar sobre el manifiesto publicado por Le Monde. Ese que firmaron mujeres como Catherine Deneuve, quien defendió a Roman Polansky cuando fue acusado por violar a una menor, y que señalaba —entre otras cosas— que “la violación es un crimen, pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”.

Porque OBVIAMENTE empujar la cabeza de una mujer contra tu pene expuesto, como le pasó a nuestro cuate James Franco, es simple “seducción torpe”.

Pero bueno, ahora no es mi intención hablar de lo absurda que es la postura de un grupo de mujeres que nos toman a todas por idiotas incapaces de distinguir entre el grito callejero “con ese culo has de cagar bombones” y el acercamiento no violento (ni ventajoso) de un hombre en un bar “hola yo soy Juan, ¿cómo te llamas?… ah, ¿que no te interesa? Vale, adiós”.

Tampoco me voy a detener (tanto) en señalar que Lamas me confundió terriblemente, porque me extraña que le pareciera ‘simple coqueteo’ un Kevin Spacey blanco con dinero y fama tratando de seducir a un menor de edad. O que le parezca válido que las mujeres “usen su capital erótico” (o sea sí, ellas no son las que deben ser juzgadas por ello) en éste que es un sistema capitalista, porque “trabajamos con el capital que podemos”, sin considerar lo ridículo que es comparar el capital cultural con el capital sexual. Mientras que el primero es un privilegio al que sólo pueden acceder las personas de cierta clase social, lo segundo es una consecuencia de que nuestro cuerpo es “capitalizable”, a veces, como si fuera lo único de valor que se puede obtener de nosotras: habrá mujeres que posean el primero, pero que serán evaluadas por el segundo. Más importante aún, como señaló Ruiz Navarro, que son las mujeres quienes usan este capital para tener acceso a derechos básicos porque son los hombres los que ostentan el poder.

Mi intención es rantear sobre lo mucho que me PUDRE escuchar el término “cacería de brujas” en este contexto.

Estoy HARTA de que se hable de este hermoso fenómeno que ocurre cuando las mujeres se unen para alzar la voz contra sus violadores y acosadores como una “caza de brujas” porque lo que estamos haciendo es poner a los victimarios en la posición de presas (los estamos cazando, no es que estos tipos hayan ejercido violencia contra una persona y ahora tengan que afrontar consecuencias) y entonces su violencia se vuelve invisible.

La violencia sexual está tan normalizada que la gente dice que “ya todo es acoso”, pero diciéndolo como si las mujeres que alzan la voz estuvieran exagerando, no como si se hubieran dado cuenta que como vivimos en una sociedad patriarcal la violencia es así de común y así de invisible. Lo más grave es que a la gente no le alarma que haya tanta violencia de la que nunca nadie habló, sino que las mujeres lo hagan público y ahora los actos de estos acosadores famosos tengan consecuencias. Que ahora sean “cazados como brujas” siendo ellos inocentes porque es súper improbable (???) que sea cierto.

Marvin Harris, padre del materialismo cultural, en su libro Vacas Cerdos Guerras y Brujas (que súper recomiendo) detalla en sus últimos capítulos ‘la locura de la cacería de brujas’ en Europa entre los siglos XV y XVIII. Si queremos hablar de “cacería de brujas” y que la analogía tenga sentido, entonces tenemos que hablar de las sociedades que estigmatizan a las mujeres que expresan su sexualidad o hacen con su cuerpo lo que les da la gana (no depilarse, no seguir estereotipos de belleza) o, mucho más ad hoc con el tema, las mujeres que alzan la voz contra la violencia.

Es absurdo por donde se le vea: las mujeres que acusaban de brujería pertenecían al sector oprimido de la población y quién las perseguía, torturaba y mataba era la autoridad eclesiástica. Las celebridades que son señaladas por acoso y violación son hombres, blancos, ricos y famosos. Ni siquiera la relación de poder es equivalente.

Al decir que es una cacería de brujas estamos implicando, sin ningún rigor (como sí se le exige a las víctimas que acusan), que estos hombres son inocentes. Porque dudamos de lo que dicen las mujeres, pero no de lo que dicen los hombres. Aún cuando lo más lógico es que nieguen lo que hicieron, mientras que levantar una denuncia falsa es mucho menos probable porque los procesos son largos, complicados y revictimizantes.

Aproximadamente 500 mil personas fueron torturadas y asesinadas por brujería en este periodo, aunque no existiera una sola víctima de “brujería”. En serio es ofensivo insinuar que nunca nadie ha sido lastimada por la violencia sexual. En todo caso, ¿no les suena más bien como el mito de la feminazi?

Nos parece que es una “quema de brujas” porque somos patriarcales. Nadie va a matar a estos famosos después de torturarlos por días, semanas o meses (chin), e incluso si “destruyen su carrera”, habrá sido porque los actos, a veeeces, tienen consecuencias.

Duerman tranquilos, a Harvey Weinstein le sobran privilegios para no terminar mendigando en las calles. Quienes esperamos que ya no duerman tranquilos, son los machos violentos. Sorry.

Edita en el día, transgrede el sistema de noche. Si tu perspectiva no es interseccional, pierdes el tiempo conmigo 😉 Me gustan las brujas, los animales y los tatuajes.

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