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Metepec, el Pueblo Mágico feminicida

En 20 años, desde 1990 hasta 2010, la pobreza por ingresos aumentó de manera alarmante en Metepec; el 62 % de la población de esta entidad vive en la pobreza moderada.

rosalinda esthefanie

Metepec fue denominado Pueblo Mágico en 2012. El municipio de casi 228 mil habitantes es pequeño, pero ha estado en expansión desde principios del 2000. Se encuentra a unos 20 minutos de Toluca y 40 de Atlacomulco. Lo mismo de la Ciudad de México con la nueva carretera inaugurada por el presidente Enrique Peña Nieto, antes también gobernador de la entidad.

Es también, el lugar donde crecí, convertido en un sitio de plazas (no más grande que Huixquilucan, otro municipio rico económicamente hablando) que se intercalan con terrenos baldíos verdosos, casas suburbanas medianas y milpas.

Cuando conoces Metepec entiendes por qué fue nombrado así: los amarillos meridenses que visten las iglesias y algunas casas en callejoncitos lo hacen un lugar único con aparente tranquilidad. Luego están los artesanos que con su barro construyen árboles de vida, coloridos de por sí, pero aún más cuando los pintan con pinceles tan delgados que se pierden en los pequeños detalles.

Están también, las mujeres mazahuas que van al poblado a vender sus tejidos en la explanada del ex convento de San Juan Bautista, con faldas que apenas les terminan de cubrir las piernas en el frío matutino y vespertino que cala, pero del que nunca se quejan.

Sin embargo, Metepec se ha convertido de manera lenta y fehaciente en un lugar desconocido para muchos. Hay, como en la mayoría del país e incluso el propio estado, varias realidades que se empalman, contrastan o coexisten con apenas una cuadra de distancia: en 20 años, desde 1990 hasta 2010, la pobreza por ingresos aumentó de manera alarmante en carencia alimentaria, de capacidades y de patrimonio y la igualdad de ingresos apenas disminuyó.

O lo que significa también que el 66.2 % es vulnerable y/o vive en la pobreza moderada y/o extrema frente a un 33.9 % que no es pobre y no es vulnerable. Otro indicador que es importante es que es un municipio donde persisten las lenguas indígenas.

Es decir: hay mujeres que se desplazan en automóvil, otras en transporte público y otras en taxis colectivos, por necesidad de recorrer algunos caminos muy específicos aún muy desolados.

Finalmente, hoy Metepec es una mujer (más) desaparecida, luego también, hallada muerta en otro municipio mexiquense. Pensé en mis amigas y en las mujeres que conozco de Metepec.

Pero ellas usan automóvil particular, no por la inseguridad, sino porque usar el transporte público en ese pequeño municipio es un martirio, es costoso y claramente inseguro. Intentar caminar por Metepec a tramos es viable, otros son una terrible experiencia para los peatones, pero que son para muchas mujeres de bajos recursos, inevitables.

Luego pensé en todos esos reportajes minimizados que fueron publicados en Proceso, Expansión y la BBC en los que hablan sobre cómo los narcotraficantes comenzaron a habitar en Metepec. El crecimiento “mágico” y la expansión residencial de lujo comenzaban a tener sentido.

También recordé todas esas historias de conocidas en la adolescencia que veían cómo iban al mismo colegio que la hija de tal narco, reconocían el apellido entre la lista de alumnos de algún capo buscado, pero nadie hablaba nada porque eran los hijos, los sobrinos. “Mientras aquí no operen y solo vivan”, pedían algunos en secreto, como se manejaron muchos otros temas tabú en la sociedad metepequense: abortos, homosexualidad, ateísmo, corrupción, drogadicciones y escándalos políticos.

(Todavía en una plaza de Toluca te “prohíben” hacer demostraciones afectivas a otra persona del mismo sexo).

Pero eran historias tan similares como cuando se trataba de políticos: como ir a la misma escuela que el hijo del ex gobernador, ir a sus fiestas en una mansión con bodegas llenas de automóviles de colección. Hijos ignorados por la clase política mexiquense que construyó al punto que lo que ocurriera en las sombras fuera ignorado.

Así fue el asesinato de Rosalinda Esthefanie Morales García, una madre de 29 años encargada de un recién nacida. Una funcionaria pública que confío en su sistema de transporte que por años, se conoce, ha sido cooptado por grupos políticos, más politizados que transportistas.

Los taxistas ahora se deslindan y acusan que la unidad fue robada. La Semovi también se deslinda, todos nos deslindamos de la pérdida de otra mujer en esa entidad que el Partido Revolucionario Institucional nunca ha soltado —ni al transporte público, ni a los antorchistas (un grupo de choque).

Y en los medios intentan amarrar cabos, tenía una ex pareja, veía al padre de su bebé, mintió para no ir al trabajo. En tanto también escriben mal su nombre, ¡reporteros que ni se toman la paciencia de teclear ROSALINDA ESTHEFANIE MORALES GARCÍA!

Hasta marzo de 2017 se conocían 10 casos sobre mujeres cuyo asesinato no fue determinado como feminicidio en Metepec y los procesos carecieron de perspectiva de género, un factor que pudo haber hecho la diferencia, de acuerdo con el Observatorio Ciudadano del Feminicidio en el Valle de Toluca.

Los municipios que registran una mayor tasa de feminicidios dentro del Estado de México son: Nezahualcóyotl, Ecatepec, Atizapan, Naucalpan, Acolman, Chimalhuacán, Toluca, Cocotitlán, Mexicaltzingo, Tezoyuca, Chalco, Nicolás Romero, Tenancingo, Lerma, Ixtlahuaca y Texcoco.

En cinco años hasta el 2016, el aumento de los feminicidios en el Edomex fue de 58 %. La entidad lidera la lista de estados con mayor feminicidios. Tan solo en Ecatepec no se han recibido recursos en materia de violencia de género y de alerta, a pesar que la entidad destinó 6,500 millones de pesos en esta materia.

Metepec dejó de ser ese encantador Pueblo Mágico con un paraje de artesanías dominical y pasó a ser una tierra insegura, que censura (sin importar el partido político que gobierne), sin lugar a la cultura nocturna sino un municipio frío y sin garantía de justicia para las mujeres hasta que se esclarezca la situación de Rosalinda y se haga la justicia que merecemos.

Que se sepa que ya no puede ser ese tranquilo suburbio, porque de qué sirve tener esa denominación que distingue las más cautivadoras características municipales, si ni ella, ni las demás mujeres asesinadas y desaparecidas son parte de él.

Estefanía Camacho: @unaestefanía

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