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Los machines no pueden con la culpa

El feminismo no lucha contra los hombres y nunca lo ha hecho, lucha contra el sistema que los privilegia sólo por serlo; los derechos humanos no son un premio o una condición que se gana por tu buen comportamiento o algo que unas personas merecen y otras no.

isa ibaibarriaga

Los entes machuniles son incapaces de aceptar que existe un problema estructural en la sociedad que favorece ciertas condiciones en los individuos. Ser hombre, cisgénero, blanco, heterosexual y pertenecer a la clase media o alta implica estar en la cúspide del privilegio, lo admitan o no. Pero señalarlo, aún en las formas más sutiles y amigables, enfurece a quienes tienen una o varias de estas características y hace que reaccionen como si estuvieran siendo atacados. Más específicamente, como si lo que son, como si su identidad, estuviera siendo atacada.

El feminismo no lucha contra los hombres y nunca lo ha hecho, el feminismo lucha contra el sistema que privilegia a los hombres sólo por ser hombres. Dentro de este sistema estamos todas y todos:  los opresores y los oprimidos; quienes luchamos porque este lugar sea uno más inclusivo e igualitario y quienes nunca han movido un dedo por ello porque viven en el privilegio y no tienen urgencia para cambiar las condiciones de vida para todos, o bien, porque no son conscientes que podríamos vivir mejor.

Las personas que permanecen quietas y calladas porque nunca han tenido la necesidad de protestar (aclaramos que tienen privilegios), han creado una especie de “equilibrio opresor” (le llamaremos así hasta que descubra si alguien más lo definió de otra manera) para no sentir que han hecho algo malo, que son malas personas y que son culpables.

El “equilibrio opresor” vendría siendo un escenario en el que somos víctimas, pero también somos victimarias; y aunque ellos son los victimarios también juegan el papel de víctima, y por eso no es “justo” extender ciertas demandas.

Esto es: como hay más asesinatos cometidos contra hombres que contra mujeres, no es necesario que exijamos leyes que protejan la vida de nosotras, ¡aún peor, hay mujeres que asesinan hombres! por qué nos detenemos a hablar de feminicidios; porque existen denuncias falsas, no deberíamos trabajar para erradicar el acoso o incentivar las denuncias por violación.

En este universo paralelo existente en la cabeza de los machos que se resisten al progreso y al avance del movimiento por los derechos de las mujeres, debemos creer que porque existen mujeres que golpean, que matan y que violan; mujeres que usan su cuerpo para ocupar un puesto más alto; mujeres que “tienen más privilegios que los hombres” porque conservan la custodia de los hijos de forma “automática”; mujeres que pueden meter a un hombre a prisión con tan sólo levantar un dedo, señalar y gritar “ese de allá me violó”, debemos dejar de ser feministas.

Esta lógica lo que pretende es crear una falsa situación de igualdad de opresión y de violencia mediante la cual éstas se justifican porque “no somos suficientemente buenas” para ganarnos nuestros derechos. Es como decir “nosotras las matamos, pero ustedes también hacen cosas terribles”. Lo que no comprenden es que el derecho a una vida libre de violencia NO DEBE ganarse. Los derechos humanos no son un premio o una condición que se gana por tu buen comportamiento o algo que unas personas merecen y otras no.

Independientemente de que 95 % de los homicidas en el mundo son hombres y esto significa que éste es el género que nos amenaza a todos como consecuencia de la masculinidad tóxica. De que es el patriarcado el que transforma los cuerpos femeninos en objetos de consumo y de intercambio. De que en México hay alrededor de 5.3 millones de mujeres criando a sus hijas e hijos solas y que, conseguir pensión alimenticia es un verdadero dolor de cabeza. De que las denuncias falsas no llegan al 2 %, que 91 % de los casos de violencia sexual ni siquiera son denunciados y que el 99 % de las denuncias no consiguen sentencia, y eso hace completamente improbable que haya hombres en prisión por denuncias falsas. Independientemente de todo esto, una cosa nada tiene que ver con la otra.

En este universo paralelo sacado de la mente de un machín en el que las mujeres estamos en una posición superior en cualquier rubro, en varios o en la mayoría de ellos, la exigencia lógica es solicitar circunstancias igualitaras para ambos sexos, no exigir que dejemos de trabajar por los derechos que no hemos conquistado. No pedirnos que dejemos la lucha sobre todos los demás territorios en los que la balanza se inclina en favor de los hombres. Y sobre todo, no exigirnos a nosotras que hagamos todo el trabajo.

La próxima vez que te encuentres a un machín en la red que te diga cómo debes exigir tus derechos y por qué no tiene sentido tu lucha, recuerda que no estás obligada a educar a nadie, a debatir o a demostrar que “tenemos la razón” y que “nos hemos ganado” el derecho a una vida digna. Ellos no pueden con la culpa. Creen que si justifican cómo es que nosotras no “nos hemos ganado nuestros derechos” no habrá motivo para sentirse mal por no hacer nada al respecto.

Pero no les estamos culpando por ser parte del sistema y ocupar la posición de privilegio que tienen. Los culpamos de vivir sin cuestionar todo lo que creen que saben y de, lejos de ayudar a la causa, entorpecer el progreso de los grupos que sí quieren un mundo mejor para todas las personas.

Ilustración: Isa Ibaibarriaga

@KarenCymerman

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