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No existe el “feminismo de verdad” (segunda parte)

Camille Paglia dijo que el Imperio Romano cayó porque los romanos se afeminaron mucho; estas teóricas tienen éxito porque le dicen a los hombres que no están mal, que no tienen que cambiar nada y, de paso, que son las víctimas.

Camille Paglia

Si tratándose de la relevancia de los descubrimientos en las áreas de las neurociencias y de la psicología evolutiva en el feminismo hay espacio para debates significativos y sofisticados, el resto de los temas que la publicación El otro feminismo: ciencia frente a prejuicios resume tienen poco o nada que ver con la ciencia.

Eso casi es ciencia

Roxana Kreimer es la principal promotora del “feminismo científico” en América Latina. Para ello tiene una cuenta de Twitter y un correspondiente grupo de Facebook. Puedo por completo simpatizar con ella cuando insiste en la importancia del conocimiento científico para informar cualquier movimiento o ideología. Me parece loable que preste su voz a la causa por la despenalización del aborto y en la lucha de las mujeres por “obtener licencias por maternidad y alguna forma de compensación económica directa o indirecta por el trabajo reproductivo”.

Por supuesto, no puedo sino reconocer que tiene toda la razón cuando alerta que “en algunos países, la agresión y violación sexual no está ni siquiera penalizada, por no hablar de cuestiones como la trata de blancas (sic) cuando la prostitución no está regularizada”. Me encanta que subraye que “hay evidencia de que tanto los asesinatos por parte de varones como la violencia sexual disminuyen en países con menor desigualdad y mayor índice de desarrollo humano”, porque nos recuerda que hay esperanza de mejorar.

El problema es que una y otra vez le he leído declaraciones que, o bien son opiniones de índole moral o político (que pueden o no estar informadas por la ciencia, pero no son ciencia) o son repeticiones de hechos científicos cuya relevancia como factor determinante de las condiciones sociales exagera grandemente (como los ejemplos que vimos en el texto anterior).

Sus críticas a la tipificación del feminicidio como un delito especial puede debatirse racionalmente (no hay espacio aquí para ello), pero una afirmación como “el que asesinó debe ser juzgado bajo el principio de igualdad ante la ley, sea hombre o mujer”, no es susceptible a un análisis científico; es una declaración deontológica, ética —filosófica, pues. No es para menos, pues Kreimer es filósofa.

No creo que Kreimer pretenda mañosamente hacer pasar sus opiniones por hechos científicos. A lo que voy es que debemos tener mucho cuidado para no caer en la trampa de pensar que por autoproclamarse “feminista científica”, todas las posturas de Kreimer serán hechos científicos indiscutibles.

Eso no es ciencia

Las que no sé qué demonios tienen que hacer en un artículo dedicado al “feminismo científico” son Christina Hoff Sommers y Camille Paglia, ni por qué Kreimer consideraría un honor contarlas entre sus filas, cuando ellas dos no recurren —por lo menos no según lo que leemos aquí— a datos científicos para abordar algún tema del feminismo. En cambio, se limitan a expresar críticas discursivas contra una generalización a la que llaman “el feminismo actual”. ¿En qué consisten estas críticas y cómo se sostienen? Veamos.

De Camille Paglia ya hemos hablado antes, justamente por el tema por el que es citada en el texto de Crónica Global. Paglia dice que de joven ella y sus compañeras lucharon contra las reglas universitarias que imponían rigurosos horarios de entrada y salida a las jóvenes, y que no se aplicaban a los varones. Asegura que el reclamo de las feministas contemporáneas, de pretender andar por donde quieran, vistiendo lo que quieran y bebiendo lo que quieran, y al mismo tiempo estar seguras del acoso y la violación, es un retroceso a esa época de sobreprotección.

¡Pero esa es una falsa equivalencia del tamaño de Encélado! En el primer caso eran hombres los que limitaban el actuar de las mujeres en nombre de mantenerlas protegidas. En el segundo, las mujeres reclaman que se combatan las condiciones culturales y sociales que hacen el escenario público peligroso para ellas, de forma que puedan ejercer con seguridad la libertad de decidir a dónde ir y qué hacer. No se le acusa de paternalista a un ciudadano que exige al gobierno garantizar calles y espacios libres de crimen. ¿Por qué se ataca a las mujeres que quieren espacios libres de violencia sexista?

Hace poco me enteré de que Paglia ha dicho que ser transgénero es hoy una moda como en décadas pasadas lo era ser beatnik o hippie pacheco, que la androginia destruye las civilizaciones, y que el Imperio Romano cayó porque los romanos se afeminaron mucho, mientras que los bárbaros mantenían su visión heroica de la virilidad. Esa es una visión históricamente falsa, más aun, es un caso de llana pseudohistoria, que recuerda a los lamentos decimonónicos acerca de cómo la sociedad se estaba ‘mariconizando’ demasiado.

Lo peor es que luego extrapola ese mito sobre el pasado al presente: los hombres occidentales ya no son tan masculinos, mientras los del ISIS sí están seguros de su virilidad y si las cosas siguen así nos van a destruir a todos. Paglia defiende la masculinidad tradicional y reclama que “dejen a los hombres ser hombres”. Es decir, patanes violentos y emocionalmente ineptos. No sé cómo puede recibir el título de feminista quien sostiene esas premisas. Para acabarla de amolar, Paglia niega el calentamiento global. Joder, Nacho, eso es todo lo contrario de ser científico (pero allá decidirás tú si ese dato es relevante).

Christina Hoff Sommers alerta sobre el peligro de satanizar a “todos los hombres” como respuesta a las acciones de unos cuantos, y sobre la injusticia de las acusaciones falsas, en referencia al movimiento #MeToo. Vaya, que sería muy injusto en verdad que eso estuviera sucediendo, pero ¿es así?

¿Quién está satanizando a todos los hombres? Lo que está sucediendo es que conductas y actitudes comunes en los hombres, que hasta ahora eran normalizadas y aceptadas, bajo el feminismo actual son criticadas y denunciadas. No son los hombres los que están bajo ataque, sino el machismo.

¿Quién está acusando falsamente a hombres inocentes? Esto último es algo que se invoca en los casos de acoso o violación. ¿Y si hombres inocentes están siendo acusados? Como si estuviéramos viviendo una epidemia de tales circunstancias en vez de un problema histórico de violencia machista. Pero rara vez se mencionan casos específicos o estadísticas de esas pobres víctimas de la perfidia femenina. No dudo que ocurran (los seres humanos podemos ser bien mierdas), pero es altamente improbable. En el caso de violación, las estimaciones más generosas proyectan que un 10 % de los casos reportados serían acusaciones falsas; las más modestas hablan de un 2 %* . Es decir, no más que cualquier otro delito.

(Nota del editor: y estos porcentajes se construyen, también, con los casos en los que las acusaciones no pudieron probarse. No es que necesariamente se haya comprobado que esos porcentajes fueron de denuncias falsas).

Si X tiene un 90 % de probabilidades de ser A y un 10 % de ser B, no es racional actuar como si ambas posibilidades sean igualmente factibles. Entonces, ¿por qué insistir en ello? Pues se trata de sembrar la duda, de crear la ficción de que es tan probable que un hombre viole a una mujer como de que una mujer perversa quiera destruir la buena fama de un caballero. Se trata de sembrar en los hombres inocentes el miedo a que ellos también podrían ser perseguidos injustamente. De dar a los culpables el beneficio de una duda en apariencia razonable. Se trata de voltear la tortilla: hacer ver al opresor como oprimido y viceversa.

Tanto Sommers como Kreimer señalan los problemas que aquejan a los hombres en la sociedad. Ya saben, los trabajos peligrosos, el reclutamiento para las guerras, la menor expectativa de vida, la mayor incidencia en el suicidio, etc. Todo ello es cierto, y son necesarios esfuerzos para solucionarlo, pero debe quedar claro que invocar estos problemas no refuta el feminismo de forma alguna.

En primer lugar, nada de ello quita los problemas que sufren las mujeres, ni significa que las cosas “estén parejas”, principalmente porque mientras la opresión contra las mujeres es ejercida por los hombres, la opresión que sufren ellos es ejercita por otros hombres, en virtud de su poder político y económico (que suele corresponder con otros factores, como la raza). Otros problemas, como la tendencia al suicidio tienen que ver con una construcción tóxica de la masculinidad, que no da a los hombres la oportunidad de aprender a manejar sus emociones.

El punto es que ninguno de estos problemas es ocasionado por las mujeres, y mucho menos por el feminismo. La lucha por solucionar los problemas de los hombres es complementaria a la de la liberación de las mujeres, pero las feministas no están obligadas a dejar sus propios asuntos para ocuparse de nosotros los vatos.

Al igual que Sommers ha dicho en ocasiones, Kreimer sostiene que: “Los hombres y las mujeres debemos ayudar a las mujeres que viven en países patriarcales no occidentales. Lugares en donde se lapida a una adúltera y donde están ausentes principios básicos de ciudadanía”. Pues sí, pero la existencia de problemas peores en otras sociedades no elimina las injusticias que persisten en ésta. Ser lapidada en la calle sin duda es peor que tener que soportar las insinuaciones inapropiadas de un jefe, pero dado que no todas las mujeres pueden viajar a Oriente Medio para hacer la lucha ahí, tienen toda la razón en luchar para la cambiar las situaciones de su entorno que afectan sus libertades, derechos y bienestar.

Eso no es feminismo

Ahora, notarán que lo que han dicho Paglia o Sommers no tiene nada de “científico”. Susan Pinker es científica y Roxana Kreimer, filósofa, se mueve en ese terreno; las otras dos, nanay. Pero hay otra cosa: nada de lo que dicen Paglia o Sommers es feminista. Es decir, nunca se ocupan de los derechos de las mujeres o de las injusticias que sufren. Se dedican exclusivamente a criticar el feminismo contemporáneo.

Debo hacer una confesión: fuera de estos temas recurrentes, conozco muy poco del resto de las ideas de Paglia y Sommers. Si hoy en día o en el pasado han estado defendiendo los derechos de las mujeres y hecho valiosas aportaciones a la causa, lo ignoro. Esto se debe a que cada vez que se cita a estas dos mujeres es para atacar el feminismo. Como si el “feminismo de verdad” consistiera no en abogar por los derechos de las mujeres, sino en cagarse en todos los otros feminismos.

Lo que es más, quienes comparten sus contenidos y ayudan a hacerlos virales, son por lo general medios y personas abiertamente hostiles al feminismo. Caray, que Sommers esté concediendo entrevistas en Fox News y tenga un largo historial de asociarse con organizaciones conservadoras debería ser señal para tener una razonable sospecha de sus intenciones. Puedo entender que los conservadores y derechistas aplaudan sin reservas lo que dice, pero me saca de onda que haya hombres que se dicen liberales, progresistas y de izquierda, que comparten las cosas que dicen ella o Paglia. Es todo un fenómeno, el de los hombres de izquierda que no tienen escrúpulos en compartir contenidos de ultraderecha con tal de que se estén cagando en el feminismo.

Entonces, ¿por qué los mensajes de estas dos mujeres se viralizan como “verdadero feminismo” y “alternativa razonable al feminismo actual”? En parte es que tienen una estrategia de comunicación muy asertiva: se muestran serias y profesionales, hablan de datos e información precisa (aunque las mezclen con opiniones subjetivas o hagan extrapolaciones inválidas); es decir, proyectan autoridad intelectual. Esto les permite contraponerse al estereotipo de “feminista histérica que por todo arma escándalo”, prevaleciente en el imaginario actual.

Pero eso no es todo. Yo creo que la mayor parte de su éxito se debe a que le dicen a los hombres lo siguiente:

  • Las desigualdades sociales entre los géneros ya se han resuelto; no tienes que preocuparte por cambiar nada en tu entorno o en ti mismo.

  • Lo que actualmente se señala como injusticias contra las mujeres, no son sino exageraciones a las que no vale la pena hacer caso.

  • A lo mejor persisten inequidades en países de tercer mundo y lugares atrasados, pero como eso ni te afecta, no tienes de qué preocuparte.

  • Tú no estás haciendo nada mal; son las feminazis locas las que te están atacando por su propia histeria. Tú eres la víctima aquí.

  • En fin, que no tiene caso luchar contra lo que es natural y normal, así que puedes volver a sentirte cómodo y tranquilo con tus propios prejuicios.

No, pos qué pinches conveniente…

Ahora cabe hacer un ejercicio de honestidad intelectual y pensamiento crítico. Si tú has compartido este texto de El Español o algún otro que promueve y ensalza las visiones de Paglia o Sommers (o, para el caso, cualquier texto sobre cualquier tema), ¿fue por qué te convencieron la solidez de sus argumentos? ¿O es que ya estabas de antemano de acuerdo con su postura? ¿Fue que analizaste lo que decían detenida y concienzudamente y concluiste que es lo que mejor se sostiene a la luz de la razón? ¿O es que sus palabras te ayudaban a quedarte en tu zona de confort intelectual? No lo sé, piénsalo.

PD: Notarán que en estas dos entradas dejé de abordar muchos temas y en otros me fui por las ramas. Es que mi propósito no es escribir el texto definitivo sobre el tema (ni me sería posible), sino aclarar algunos puntos y señalar ciertos errores, de forma que podamos pasar a un debate más constructivo y mejor pensado del que hemos tenido hasta ahora.

Aquí puedes leer la primera parte.

Miguel Civeira: Ego Sum Qui Sum

Escritor, bloguero y nerd profesional. Sus amigas feministas tuvieron la bondad de explicarle cómo estaba la cosa y desde entonces trata de ser menos cretino.

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