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Lesbianas en el espacio: Las estrellas son legión

Las estrellas son legión fue criticada por ser una novela en la que sólo hay mujeres; su libro de ensayos La revolución feminista geek ganó los premios Locus y el British Fantasy Award.

lesbianas en el espacio

“No necesitas un ejército. Nos tienes a nosotras.”

Kameron Hurley, con un par de trilogías, varias novelas y una gran cantidad de cuentos y ensayos, se ha hecho de un lugar en la historia de la ciencia ficción y la fantasía. Las estrellas son legión es un libro imperdble dentro de su obra.

Entre sus premios se encuentran un Sydney J. Award y un Kitschies, además de que su artículo “Siempre hemos luchado: cuestionando la narración de «mujeres, ganado y esclavos»” fue el primer texto de no ficción en obtener un premio Hugo. Su libro de ensayos La revolución feminista geek ganó los premios Locus y el British Fantasy Award en el 2017.

Si hay algo que caracteriza la obra de esta escritora es que suele ser protagonizada por mujeres que habitan sociedades matriarcales y en que no tiene ningún reparo en abordar y explorar la sexualidad de sus personajes. Debido a esto, hace poco, en una reseña desfavorable, su novela Las estrellas son legión fue denominada de forma peyorativa como “Lesbianas en el espacio”. La propagación de esta etiqueta fue tal que la respuesta de la autora y la editorial no se hizo esperar, por lo que sacaron a la venta una edición especial con una cubierta con una portada alternativa que lucía orgullosamente ese título. Después de todo, no se puede negar que hay lesbianas y están en el espacio ¿por qué tendría ese título algo de malo?

Zan es una mujer que de improviso despierta sólo para darse cuenta de que no tiene la menor idea de quién es. Lo único que sabe es lo que las mujeres que la atienden le dicen: ella es Zan, estuvo al mando de un gran ejército, fracasó en su misión y ahora se encuentra con sus hermanas a bordo de la nave-mundo Katazyrna. Pero Zan no tardará en sospechar que tal vez aquellas personas en realidad no son su familia. Sin embargo, no hay tiempo para indagar, debe retomar su misión: apoderarse del Mokshi, la única nave que parece ser capaz de abandonar la Legión, un sistema de naves-mundo ahora agonizantes y el lugar donde tal vez puede recuperar sus recuerdos. Si fracasa, será reciclada, sea lo que sea que signifique eso, pero prefiere no averiguarlo. A partir de ese momento, Zan se topará con una guerra entre dos familias, las Katazyrna y las Bhavaja, por el control del Mokshi. Y es que el tiempo se agota, los mundos están muriendo y sólo Zan parece tener la llave para la salvación.

En Las estrellas son legión, Hurley nos presenta dos civilizaciones (las Katazyrna y las Bhavaja) en las que todos sus individuos son mujeres. El sexo masculino es inexistente en la novela. La obra está plagada de personajes femeninos, cada una con sus motivaciones y su personalidad, pero también con sus defectos y sus inseguridades.

Por otro lado está la tecnología con la que, en más de un sentido, habitan los personajes, y es que nos encontramos antes una space opera biopunk con tintes cronenbergianos. No sólo hay rifles cefalópodos y vehículos con ojos e intestinos, sino que las naves-mundo son justo eso, naves colosales cuyos pasillos y habitaciones están cubiertos de carne y metal, con venas luminiscentes y puertas que se abren como membranas; naves en cuyos niveles inferiores habitan otras civilizaciones y cuyos confines son desconocidos, naves que hacen que sus habitantes den a luz a lo que éste necesita. Las naves-mundo son placentas gigantes con su propio ecosistema, el cual el lector irá descubriendo junto con Zan, para quien todo eso resulta igual de nuevo y extraño debido a su amnesia.

Las estrellas son legión es un libro de intrigas políticas, sobre todo cuando la perspectiva de la narración cambia de la de Zan a la de Jayd, aparente hermana, amante y enemiga de ésta y coprotagonista de la novela; una historia de aventuras que recuerda a un juego de RPG (Kameron Hurley es una gran aficionada a los videojuegos); pero también es una historia con tintes ecológicos y reflexiones sobre nuestra relación con nuestro propio mundo; una historia sobre amistad, amor y relaciones de poder; y es también una historia sobre salir de nuestra zona de confort y pasar a la acción, ampliar nuestro horizonte de expectativas y tratar de comprender la visión del mundo de los demás; y, finalmente, es una historia sobre la búsqueda de nuestra propia identidad y la autoaceptación. Resulta bastante decepcionante que después de leer una obra tan rica en temas y reflexiones en torno a estos haya quienes sólo puedan describirla como “Lesbianas en el espacio”. No cabe duda que los necios son legión.

Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es corrector de estilo. Ha colaborado en las revistas Penumbria, Punto de partida, Punto en línea, Primera Página y Marabunta. Publicó el libro de cuentos Terapia de shock en la editorial Ediciones y punto.

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