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Las mujeres que le faltan a la academia filosófica

Cristina de Pizán fue quizá la primera escritora profesional de occidente; Sor Juana hace una apasionada defensa de la necesidad de aprender y estudiar en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

Mary Wollstonecraft

En un texto anterior hablé de la necesidad de incluir más mujeres en los planes de estudios de las materias humanísticas con enfoque histórico (historia, historia del arte, filosofía, literatura…). Pero creo que más que una defensa general hace falta construir el caso de qué mujeres en específico deberían estar en los programas y por qué. Ya que actualmente imparto la materia de Filosofía, les quiero platicar de las pensadoras que incluí “de contrabando” en el programa, ya que originalmente no estaban ahí.

Hipatia de Alejandría (330-416 d.C.)

Debido a que, por desgracia, la totalidad de su obra quedó destruida (y las citas que circulan por ahí atribuidas a ella son apócrifas), no hay mucho que sepamos de las ideas de Hipatia. La incluyo más por su historia y por lo que ésta representa. Hipatia fue una célebre matemática, astrónoma y filósofa neoplatónica que vivió en Alejandría, Egipto, a finales de la Edad Antigua, a pocas décadas de que cayera el Imperio Romano. Su fama de mujer sabia le ganó el respeto de sus contemporáneos, pero también la animadversión de muchas personas, en particular de los cristianos que se estaban convirtiendo en un grupo poderoso. A ella le tocó ser testigo de la destrucción de la legendaria Biblioteca de Alejandría a manos de una turba de fanáticos religiosos. Años después, ella fue linchada y asesinada por esos mismos fanáticos. Su historia queda como testimonio del potencial de las mujeres para destacar en la ciencia, así como de los peligros de la misoginia y el fanatismo religioso.

Hildegarda de Bingen (1098-1179)

Monja, abadesa, profetisa, mística, médica, compositora y escritora medieval originaria de Alemania. Como se le quiera ver, Hildegarda fue una persona extraordinaria para los estándares de cualquier época y cultura. Aconsejó a algunos de los líderes más importantes de su tiempo, incluyendo el Papa y el Emperador. Predicó sobre la redención y criticó la corrupción en la Iglesia. Su obra más importante fue El libro de las obras divinas, un tratado de teología que no le envidia nada a los trabajos de los grandes pensadores del cristianismo. Tan es así que el Papa Benedicto XVI la nombro Doctora de la Fe, título que comparte con figuras de la talla de Santo Tomás de Aquino. Es una lástima que tuviera que esperar casi un milenio para ese reconocimiento. En clase no profundizamos en sus ideas (la teología es una asunto muy denso para los preparatorianos), pero la menciono como muestra de los logros que una mujer, en una época tan difícil como la Edad Media, era capaz de conseguir.

Cristina de Pizán (1364-1430)

Filósofa, poeta y humanista, esta gran mujer italiana tuvo vida muy dura (se casó y quedó viuda con tres hijos siendo apenas una adolescente) en los difíciles tiempos de la Guerra de los Cien Años. Fue quizá la primera escritora profesional de occidente, es decir, alguien que vivía directamente de las ventas de sus libros. Y también fue probablemente la primera feminista de la historia (aunque claro, el término no existía) ya que ella escribió específicamente sobre el derecho de las mujeres a recibir educación y participar en los debates públicos. Eso le ganó la antipatía de los escolásticos de la Universidad de París, quienes básicamente le decían que se callara porque era mujer. Su libro más famoso es La ciudad de las damas, en las que rescata de la historia (y de la mitología, que en esa época no había mucha diferencia) las vidas y obras de muchas mujeres ilustres para demostrar que el género femenino es tan capaz como el masculino, y no ese receptáculo de vicios que en ese entonces se le atribuían.

Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

¿Qué se puede decir de Juana de Asbaje? Probablemente sea la persona más brillante que ha dado este territorio llamado México y cada aspecto de su biografía intelectual es impresionante. En clase de literatura es un tema obligatorio, así que en filosofía nos concentramos en analizar sus ideas. La pasión de Sor Juana por el conocimiento en todas sus formas, desde las ciencias a las artes y la filosofía, es una inspiración aún en el mundo contemporáneo que quiere reducir la feminidad a la frivolidad, algo contra lo que se rebela en su famoso soneto En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? La doble moral sexista es duramente criticada en las archiconocidas redondillas Hombres necios, y debo decir que me encanta ver cómo mis alumnas reaccionan a este poema y dicen que “sí es cierto, que así sigue siendo”. Pero el texto que estudiamos es la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en donde Sor Juana hace esa apasionada defensa de la necesidad de aprender y estudiar. Lo mejor es cuando ese entusiasmo por el conocimiento se le contagia a mis alumnos y alumnas por igual. Como plus, este tema sirve también para que vean que la filosofía también floreció de este lado del Atlántico.

Mary Wollstonecraft (1759-1797)

La Ilustración fue una gran revolución cultural, pero así como los filósofos y líderes de aquellos tiempos hablaban de “los derechos del hombre”, fue necesario que las mujeres escribieran a favor de sus propios derechos. La más famosa fue quizá la inglesa Mary Wollstonecraft, con su Vindicación de los derechos de la mujer, obra en la que critica con dureza la idea de que las mujeres son intelectualmente inferiores a los hombres y cuyas únicas virtudes serían el encanto con el que alegran la vida de sus compañeros varones. Para ella estaba muy claro que esta condición no era en absoluto natural, sino producto de la educación. Como buena filósofa ilustrada, Wollstonecraft defiende la necesidad de tratar a hombres y mujeres como seres igualmente racionales, sujetos de derechos y obligaciones, y consideraba que mientras no se desarrollara el potencial de las mujeres el progreso humano quedaría siempre trunco. Cabe mencionar que ella es madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein.

Olympe de Gouges (1748-1793)

Durante las revoluciones americana y francesa la filosofía se transformó en acción, y una de las figuras más relevantes de este periodo fue la revolucionaria Olympe de Gouges. Al igual que otras muchas mujeres que participaron con sus ideas y sus acciones en la Revolución Francesa, Olympe defendió la igualdad de derechos para su género, lo que la llevó a escribir la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, una respuesta al documento revolucionario, tan reverenciado hoy en día, pero que no contemplaba a la mitad de su población en la gesta libertaria que se estaba peleando. Por sus ideas y su “innatural inclinación a la política” fue guillotinada por el régimen de Robespierre. Defensora también de la abolición de la esclavitud, sus palabras siguen resonando como una crítica a los hombres que siguen queriendo hacer revoluciones por la libertad y al mismo tiempo ser déspotas de las mujeres.

Continuaremos en una próxima entrega con otras seis mujeres que totalmente deberíamos estudiar en clase de filosofía.

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