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Las mujeres bien portadas rara vez hacen historia, ¿quiénes eran las antisufragistas?

¿Quiénes eran estas señoras que estaban en contra de sus propios derechos?; ellas creían que el sufragismo amenazaba a la feminidad de las mujeres.

mujeres votando

Estos años se ha revivido el interés por las luchadoras feministas a lo largo de la historia, pero sobre todo por el movimiento sufragista.

Algunos han querido contraponerlo con las feministas de ahora. Que “feministas eran las de antes”, que luchaban por cosas verdaderamente importantes, sin hacer alharaca ni mostrar las bubis (ésas sólo se muestran en revistas para caballeros, faltaba más).

Bien, a eso se les ha respondido una y otra vez que las sufragistas no conquistaron el derecho al voto (que no era lo único que demandaban, por cierto), levantando educadas peticiones a los señores opresores, sino que hicieron un montón de desmadre: pintaron paredes, rompieron ventanas, irrumpieron en eventos públicos, incomodaron a mucha gente y en varias ocasiones se liaron a golpes con las autoridades.

Lo que pasa es que a la gente bien le encanta darle lavadas y enceradas a las revoluciones de antaño, ésas que permitieron que vivamos en un mundo un poco menos injusto que antes, con derechos y valores que ahora son de sentido común, pero que para conseguirlos hubo que derramar sangre, sudor y lágrimas. Nos quieren vender esas gestas como si hubieran sido ordenaditas y educadas, y no las luchas a puño limpio y nariz ensangrentada que en realidad fueron. Se hace así para que no vayamos a pensar que meter desorden es la manera de cambiar el mundo, jesusbenditono, ni se nos vaya a ocurrir intentarlo.

Pos bueno, que lo de recuperar el sufragismo también ha hecho que vuelvan a resurgir las viejas caricaturas antifeministas de principios de los años entre los siglos XIX y XX, que demuestran lo poco que ha cambiado el discurso contra del progreso de las mujeres: que si son feas y nadie las quiere (porque una mujer vale por cómo la desean los onvres, obvio), que si son unas malas madres que abandonan a sus hijos y provocan disolución familiar, que si son “machorras y poco femeninas”, que si lo que realmente quieren es oprimirnos a los onvres, que si ahora quieren igualdad luego la van querer también los animales o que van a causar el colapso de la civilización occidental (ellas, claro, no los políticos y militares machísimos que estaban a punto de sumir a la humanidad en dos guerras mundiales).

Esto nos muestra que no sólo siempre habrá batos todos mecos, sino que la imbecilidad es la misma. Si algo hay distinto es que por lo menos esos caricaturistas tenían que saber dibujar, mientras que hoy en día cualquier mentecato hace memes pegando imágenes en Paint.

La cosa es que es bien fácil aplaudir un movimiento revolucionario cuando creciste en un mundo producto de las transformaciones que trajo. Lo difícil es darte cuenta de cuáles son las transformaciones que hacen falta ahora, especialmente si esas transformaciones implican que vamos a perder privilegios.

Ah, pero el título de este texto habla de LAS antisufragistas. Y es que leyendo sobre estos temas me topé con una historia que fue recogida por la NPR: el caso de las mujeres que estaban en contra del movimiento sufragista.

¿Quiénes eran estas señoras que estaban en contra de sus propios derechos? Mujeres privilegiadas de clase alta, hijas o esposas de hombres influyentes en el mundo de los negocios y la política. ¿Por qué no querían tener derechos civiles, políticos, económicos y jurídicos? Siendo honestos, me esperaba argumentos rebuscados, algo que retara al análisis, pero nel: son decepcionantes en lo huecos y lo trillados… Y ominosamente similares a los de hoy.

Ellas creían que el sufragismo amenazaba a la feminidad de las mujeres, en especial al poner en riesgo su rol como madres, y que las enfrentaba como enemigas a los hombres. Igual que la morra que hoy dice que ella no es feminista porque le gusta usar vestidos rosas y que no odia a los hombres, sino que los ama.

Las antisufragistas temían que al meterse en el mundo de la política las mujeres se “contaminarían” con su corrupción… Como la chava que dice que no es feminista porque no le gusta hacerla de pedo. También temían que al conquistar esos derechos perdieran sus “privilegios femeninos”, básicamente el ser mantenidas por sus maridos ricos.  Como tu amiga, que dice que no es feminista porque le gusta que su novio la consienta.

Pero lo importante aquí es que estas señoras podían prescindir de los derechos por los que las sufragistas luchaban porque de por sí estaban en una posición de privilegio. Su maridos y familias tenían dinero y ellas no sólo no tenían que tener un empleo, sino que en sus casas tampoco tenían que mover un dedo, pues contaban con toda la servidumbre necesaria. Es fácil romantizar la maternidad cuando tienes nanas y nodrizas que te echen la mano.

Si querían sentir que tenían influencia más allá de sus hogares, no tenían necesidad de votar o participar en debates públicos: podían dedicarse a la filantropía. Después de todo, las obras de caridad sí eran consideradas actividades dignas de las mujeres, pues implicaban extender el amor maternal más allá del círculo familiar.

O sea, pensaban que como a ellas no les faltaba nada y no les iba mal, a ninguna mujer tendría que estarle yendo mal. En fin, como las amikas que dicen que no necesitan feminismo porque no se sienten víctimas.

Puedo imaginar a un señor decimonónico leyendo el diario en su club de caballeros local y topando con la historia de las antisufragistas. “¡Oh, por Jove! ¡Al fin unas mujeres de verdad, no como esas revoltosas de ahora! ¡Mandadle una botella de ajenjo a estas damas!”, tras lo cual le pintaba un pulgar arriba al periódico y se lo pasaba al milord de al lado.

La cosa con las antisufragistas es que ya nadie las recuerda, y hoy en día hasta nos parece increíble que haya habido personas como ellas. No hicieron una película sobre ellas, no pusieron sus perfiles en monedas, no son honradas como precursoras de nada, ni como grandes pensadoras ni luchadoras. Sucede que se pusieron en el lado equivocado de la historia… Da para pensar, ¿no?

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