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¿Por qué las feministas no se preocupan por los hombres?

¿Cómo puede un hombre decir que nadie defiende sus intereses ‘en su condición de hombre’, cuando un 78 % de los cargos parlamentarios a nivel mundial son ocupados por hombres?; no puedes exigirle al feminismo que se transforme en un movimiento que limpia los desastres que los hombres cometen contra sí mismos.

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En Estados Unidos existe una organización llamada National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) que se preocupa exclusivamente de promover políticas públicas, leyes, medidas, etc., en defensa de las personas negras. Una vez vi una entrevista en la que le preguntaban a un hombre, “¿no le parece injusto que exista la NACCP?, ¿por qué no hay una asociación similar que defienda los derechos de la gente blanca?”, a lo que el hombre respondió, ‘pues claro que la hay, es el Congreso’.

Así de absurdo —e ignorante— es cuando alguien pregunta ¿Por qué el feminismo no se preocupa por los hombres? Infiriendo de paso que, si el feminismo no se preocupa por los hombres, significa que NADIE se preocupa por los hombres (volviendo de esa manera necesario que existan grupos de odio como los MGTOW, MRA’s, Meninistas y demás ridiculeces).

A través de toda la  historia de la humanidad siempre ha existo una ‘organización’ defendiendo a los hombres, y es la institución misma de la política. El Estado existe para que los seres humanos definan una forma de mantener y mejorar su forma de vida, gobernarse y progresar entre otras cosas, y ese trabajo siempre ha estado centrado en los hombres. Y casi siempre ha sido excluyente, no permitiendo a las mujeres participar, votar, y menos gobernar; una decisión tomada por hombres y para hombres, que siempre han sentido la potestad de hablar por sobre las mujeres y en su nombre, sintiendo que saben mejor que ellas lo que es mejor para ellas o lo que ellas necesitan.

El Estado siempre ha trabajado en favor de los hombres y sólo los hombres, centrado en los hombres y sus intereses. Es por esa exclusión histórica que luego se forman organizaciones que hablan en nombre de los grupos marginados, como los sindicatos de obreros, o los grupos feministas.

¿Cómo puede un hombre decir que no se siente representado políticamente, ‘en su condición de hombre’, que nadie defiende sus intereses ‘en su condición de hombre’, cuando un 78 % de los cargos parlamentarios a nivel mundial son ocupados por hombres? ¿Cuando apenas 22 líderes del mundo —en un universo de 195 estados independientes— son mujeres? No hay un movimiento fuerte y claro defendiendo los ‘derechos del hombre’ porque los sistemas políticos, sociales y culturales están para eso.

El feminismo existe como movimiento social para influenciar las esferas políticas, sociales y culturales donde, históricamente, las manos y las voces dictaminando y tomando decisiones han sido siempre masculinas. Y no, el feminismo no tiene por qué desviar sus energías y escasos recursos en ‘defender a los hombres’ —¿defenderlos de qué?— en lugar de las mujeres. No puedes exigir al movimiento que lucha por evitar las injusticias y la discriminación en contra de las mujeres a manos de una sociedad patriarcal construida por hombres que se transforme en un movimiento que limpia los desastres que los hombres cometen contra sí mismos.

Pedir al feminismo que solucione los problemas causados por el patriarcado contra los hombres, es como si un soldado en un pelotón de fusilamiento se disparara en el pie y luego exigiera a los prisioneros que iba a ejecutar que su prioridad sea ayudarlo a sanar en lugar de escapar y velar por su propia seguridad y libertad.

El feminismo sí busca reformar la sociedad, y una vez logrado eso el marco de valores sociales y culturales por el cual nos regimos cambiará de forma beneficiosa para todos, y eso sí es un beneficio transversal que incluye a los hombres, pero ellos —nosotros— no deben ser en ningún momento el centro, el foco de la reforma, de la revolución, porque no son las víctimas principales del sistema de opresión patriarcal, nunca lo han sido ni lo serán. Su sufrimiento es sólo un efecto secundario. Que el arma que sostienes en la mano te queme los dedos o te de un culatazo no significa que seas su víctima: su víctima es aquella con el cañón apuntando a su cabeza, aquella que recibe el balazo.

Y si no puedes ver la flagrante discriminación que las mujeres y las personas de color sufren en esta sociedad, en esta mundo, históricamente y en el presente, tu problema es empatía, es una incapacidad de situar el dolor ajeno por sobre la incomodidad o frustración propia. Si crees que gente empobrecida o esclavizada por la discriminación, violada y abusada por el machismo, llevada al suicidio por la homofobia, te está ‘atacando’ por reclamar por un mejor estándar de vida, es porque simplemente eres incapaz de asignar valor alguno a sus vidas y su bienestar. Es porque sientes que la existencia, libre de cualquier clase de cuestionamiento a los sistemas y estructuras sociales que te proveen de seguridad y bienestar, es más importante que cualquier incomodidad que la reforma de dichos sistemas y estructuras sociales a favor de expandir esa seguridad y bienestar a todos los habitantes de esta sociedad te puede causar.

Felipe Oliva A.

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