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La transfobia de la UAS me robó mi título universitario

Las personas trans no “mueren y vuelven a nacer” sólo ejercen su sexualidad y sus derechos como cualquier otra persona; precarizar a las mujeres trans por vulnerabilizar su identidad de género es violencia, y es violación de sus derechos humanos.

La Universidad Autónoma de Sinaloa hizo desaparecer mi título de licenciatura en Ciencias de la Comunicación, sólo por negarse a reconocer mi identidad de género, una y otra vez, aún con la intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, donde interpuse una queja.

En 2017 me acerqué a la universidad para pedir una reposición de mi título con una corrección de nombre, pues desde 2015 haciendo ejercicio de uno de mis derechos sexuales y reproductivos, que son derechos humanos, cambié mi acta primigenia eligiendo mi género y mi propio nombre.

Cuando me presenté en las oficinas de la vicerrectoría para solicitar esta reposición de título, me dijeron que tenía que amparar esa nueva acta con un juicio resolutivo más un parte psiquiátrico, así como presentar la acta vieja y la nueva acta para comprobarles que se trataba de “la misma persona”, y he ahí la primera violación a mis derechos. Voy a ahorrarme acá cómo me vieron de pies a cabeza, cómo me hablaron, y todo lo que me dijeron, para no hacer de esto una revictimización ni un drama.

Traté de explicarles que ninguna persona sea o no transexual, posee dos actas con diferentes nombres, pues eso es un delito federal. Que si yo les presentaba una acta nueva, por default la anterior estaba invalidada. Y les enseñé la constancia donde la misma jueza del registro civil de Mazatlán hacía resguardo del acta primigenia. Les dije también que la nueva legislación con la cual obtuve la actual identidad genérica administrativa, derogaba por respeto a derechos humanos, el parte psiquiátrico y el juicio resolutivo. Pero me ignoraron, me maltrataron, y me dijeron que esos eran sus requisitos y punto, que se los tenía que cumplir al pie de la letra o no había reposición de título.

Mi primera acción fue ir a la comisión de derechos humanos local en Mazatlán pero éstos me mandaron a la estatal que está en Culiacán, arguyendo que las oficinas centrales de la UAS están en la capital y allá correspondía. La comisión estatal no quiso tomar mi queja porque yo no radico en Sinaloa sino en la Ciudad de México. Por lo que mejor pedí un abogado en las oficinas mazatlecas del poder judicial de la federación, donde asignan a la población abogados de oficio gratuitos. Con este abogado en la UAS aceptaron tomar una carta por escrito, donde yo les pedía lo mismo, pero ahora además de la palabra, puesto en puño y letra con su respectivo acuse.

Su respuesta fue la misma, que necesitaba el parte psiquiátrico y el juicio resolutivo para validar esa nueva acta de nacimiento por identidad de género, pero además, cuando los tuviese, había que volverles a entregar un certificado de preparatoria, y un certificado de la licenciatura, ambos nuevos, así como hacer un pago no de reposición de título con corrección de nombre, sino un trámite de primera vez, pues porque es lo lógico, ¿no? “Es como si usted se hubiera muerto y hubiera vuelto a nacer”, fue la respuesta de la directora general de servicio escolares de la zona sur.

Fue ahí cuando regresé a mi ciudad, la Ciudad de México, después de 8 meses de estar alegando con estas personas y haber dejado mi casa y mi trabajo por ir a Mazatlán e intentar estos trámites para recuperar mi título de licenciatura. Interpuse entonces la queja en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que tampoco es que la recibieron de muy buena gana, diciendo que era responsabilidad de la comisión estatal, no de ellos. En fin. La tomaron, y desde octubre de 2018 hasta hoy junio de 2019, por fin me dieron un “camino viable” y una supuesta “resolución”. Tengo que ir al Instituto de la Defensoría Pública a buscar un abogado que tramite ante un juez otro documento resolutivo más, donde ese juez escriba que el acta actual que poseo, no es falsa, no me la robé, sí me la dio Arcos de Belén en la Ciudad de México, y donde además le pida a la jueza del registro civil de Culiacán que lo que la jueza del registro civil de Mazatlán hizo al resguardar mi acta primigenia, sí es válido, no es un delito, y sea él quien le de la orden de acatarla, reconociendo al fin con ello mi acta de nacimiento actual que obedece al nombre de Frida Bautista Cartas. Todo esto para que a su vez la Universidad Autónoma de Sinaloa, también acepte que no les estoy haciendo fraude, que el acta es auténtica, que no me la compré con la mafia de la falsificación en Santo Domingo, y por ende, ya no me pida el parte psiquiátrico ni el juicio. Mira qué amables.

Así, en estos meses de demanda ante la UAS, sólo esos 2 requisitos se pudieron suprimir con la flamante intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Todo lo demás, sobre eliminar mi expediente como estudiante que ya existe, y mejor hacerles uno nuevo, así como pagarles un trámite de primera vez y para ello darles un nuevo certificado de preparatoria y uno de licenciatura que también digan Frida Bautista Cartas, queda exactamente igual, porque qué creen, la comisión nacional me dijo lo mismo: “es como si se hubiera muerto y hubiera vuelto a nacer”.

Nadie parece reparar acá en el hecho simbólico que hay en desaparecer a las personas transexuales, negando que se trata de la misma persona porque no es que cambiemos o muramos, sino simplemente hicimos visible con el ejercicio de la sexualidad y los derechos algo que siempre hemos sido y ha estado ahí, aunque no se viera y no se supiera ni cómo nombrar: la identidad de género.

Esta indolencia e incomprensión por parte de la comisión es de nueva cuenta ofensiva e insultante  (como lo fue, y es aún, el actuar de la universidad), en primera porque viene de un organismo de derechos que claramente no los está entendiendo, y en segunda por secundar el poderío y la cerrazón de una institución pública de educación, repito, de educación, ¿qué se puede esperar entonces del resto de la sociedad e instituciones cuya ignorancia, y fanatismo religioso, parte de que no están educados en estos temas, pero tampoco poseen el más mínimo interés por empaparse?

Basta de decir que las personas trans morimos o cambiamos, infórmense y aprendan, somos las mismas personas haciendo ejercicio de nuestro propio cuerpo y su sexualidad, como lo ha hecho el resto de las personas no transexuales en las sociedades todo el tiempo. Y nadie les dicho nada ni les han puesto la lupa y el escarnio encima.

Esto que estoy redactando aquí, demuestra una vez más que las leyes no son en sí un asunto de justicia sino una guerra de poderes e intereses entre las mismas instituciones. Donde la justicia queda en ese patético marco como un vil producto comercial que sólo pueden tener quienes la puedan comprar con Master Card o en efectivo.

Yo claro que iré en las próximas semanas a la defensoría pública a pedir esa otra resolución del juez para que valide, la ya validación existente, de mi actual acta de nacimiento. ¡Pero es que ese tendría que ser el único otro trámite para gestionar una reposición de título con corrección de nombre! Volver a dejar mi ciudad y trasladarme otra vez a Mazatlán para vivir unos meses ahí, y estar viajando a Culiacán a tramitar nuevos certificados de preparatoria y de licenciatura sólo por el capricho y cerrazón institucional de volverles a abrir un archivo nuevo de estudiante, para que me permitan “generosamente” tramitar el título como primera vez, no es una opción. Es imposible. No es moverme 12 estaciones del metro. Es mudar mi residencia con todo lo que ello implica en lo económico y lo social. Ya conozco ese hecho. Pero más aún, es volver a vulnerabilizar y violentar mis derechos humanos. Estas acciones implican un costo aproximado como de 30 mil pesos, cuando si respetaran la resolución de un juez ante mi acta, la reposición del título sólo me costaría 3 mil pesos más el viaje para tramitarlo. Llevo casi 3 años desempleada, porque no puedo comprobar ante las vacantes que soy licenciada.

Y eso: precarizar a las mujeres trans por vulnerabilizar su identidad de género es violencia, y es violación de sus derechos humanos. Dejen de hacer como que la virgen les habla. Obligarme a tramitar un título que ya existe, como si fuera la primera vez, no es respetar mi identidad de género señores, por más “disposición” y “buena onda” que ustedes como universidad tengan en “aceptar mi trámite”, eso que hacen es discriminación, es violencia, es transfobia institucional. Lástima que la CNDH esté, por lo visto, para respaldarles a ustedes y no a la ciudadanía. Ustedes me están tratando con un escrutinio como si yo hubiera matado a alguien y tras haber pagado mi condena en la cárcel, les tuviera que comprobar una y otra vez que ya cumplí la condena y ya hay una resolución de un juez que lo dice al calce en un documento. Me están tratando como si fuera yo acusada de un delito o fraude, cuando sólo soy una egresada más, que pudo hacer visible y habitable su transexualidad, y que hoy, sólo les está pidiendo una reposición de título con corrección de nombre.

Yo no puedo pagar un trámite de primera vez, ni voy a cambiar de nueva cuenta mi residencia, pero aunque pudiera, está la otra violencia emocional de la cual mi terapeuta que me atiende desde hace 10 años, puede dar fe. Su escrutinio ha paralizado mi desarrollo laboral y profesional, me ha llevado a la merma y deterioro, estoy cansada de ser objeto de duda, de tener que soportar este escaneo una y otra vez; me han colocado en la ansiedad, insomnio, estrés, por tener que poner la cara y explicar, una y otra vez, que no maté ni robé, sino simplemente soy trans, y perdón pero aunque no les guste, las mujeres transexuales también tenemos derecho a la salud. Boicotearles eso es opresivo y es discriminatorio, es aunque suene repetitivo, violar sus derechos.

La posición de la Comisión Nacional de Derechos Humanos respecto a que la UAS “tiene razón” en exigirme que abra un expediente nuevo por “certeza jurídica”, es simplemente inaceptable y cómplice de toda esta masacre vulnerabilizadora y violentadora de derechos. Ni la Secretaría de Relaciones Exteriores cuando hizo mi renovación de pasaporte con corrección de nombre me trató de esta manera. Ni me maltrató colocándome en la banca de “las personas especiales por trans”. El trato, la atención y el trámite ante la SRE fue el trato, la atención y el trámite que se le da a cualquier persona y ciudadana. La SRE no me pidió nada externo ni resolutivo, les bastó la presentación de mi acta de nacimiento como les basta al resto de las ciudadanas mexicanas cuando realizan cualquier trámite oficial ante cualquier institución pública. La UAS tiene que entender que hacer categorías a las personas y separarlas unas “de ésto” y otras de “lo otro”, es discriminación, pues las personas somos iguales ante las instituciones y sus servicios.

¿En verdad la Universidad Autónoma de Sinaloa puede tener más poderío que la Secretaría de Relaciones Exteriores para someter a una ciudadana a este escrutinio y validación, de la validación, de la ya validación existente? Porque es lo que están haciendo cuando no les es suficiente una resolución del juez, sino quieren que les pruebe y compruebe una vez más mediante certificados nuevos que soy la misma Frida que estudió en sus aulas.

Cuando yo vaya a pedir trabajo me van a pedir un título y tal vez una cédula, no un expediente de estudiante. Ese expediente que tiene la UAS les debe servir, así como al  Registro Civil les sirvió ese expediente que ya tenían para darme una acta nueva, sin pedirme una nueva mamá y un nuevo parto. Basta de tonterías. Basta de caprichos institucionales. No soy la primera mujer transexual que le pide a la UAS una reposición de título, y no seré la última. Por eso son ellos quienes deben actualizar sus requisitos y ser flexibles para respetar así la identidad de género de las personas, como el derecho humano que es. Tienen con este caso, la oportunidad de sentar un precedente y reescribir una historia como institución incluyente y de vanguardia. ¿Podrán con el paquete?

Autora: Frida Cartas

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