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La ingratitud de Peach (o Por qué la princesa no le paga a Mario con sexo)

Está la noción de que el sexo es una especie de premio que las mujeres otorgan a un hombre por lo que hace por ella; Mario es una relaboración de la historia del príncipe encantador que mata al dragón, salva a la doncella en peligro y viven felices por siempre. 
mario bros

De seguro ustedes jugaron los videojuegos de Super Mario, y si no, pues no sé en qué clase de agujero estuvieron metidos los últimos 30 años. Si, al igual que yo, tuvieron en sus manos alguna edición del plomero italoamericano favorito de todos, seguro saben que aplastar goombas, patear tortugas y comer hongos es parte del encanto de esta franquicia; pero, sobre todas las anteriores, se encuentra la misión de salvar a la princesa Peach.

Durante años, Mario rescató a Peach de las garras de Bowser, su eterno rival, en incontables ocasiones, liberándola así de horribles infortunios: ser devorada por el Rey Koopa y su progenie, ser utilizada en rituales satánicos y torturarla para obligarla a firmar la cesión del trono del Reino Hongo. Inclusive, la rescató de aquella violación brutal por parte de una pinga gigante, escamosa y con pinchos.

Es de admirarse el tesón de Bowser, que siempre vuelve a secuestrar a Peach sin importar que en cada puta ocasión Mario se aparezca para partirle la cara. A diferencia del Rey Wart (¿quién?, exacto), que al primer fracaso dejó de intentarlo. De igual forma, es desesperante la actitud de Peach que se vuelve a dejar robar una y otra vez.

Mario, como sea, siempre está dispuesto a salvar a su princesa, no importa cuántas veces sea necesario. Y al final del juego, cuando Bowser es derrotado y la princesa puesta de nuevo en libertad para tiranizar a los Toad, Mario recibe de premio un beso en la nariz o la promesa de un pastel.

Ahora bien, si tú eres hombre y jugaste con Mario por mucho tiempo, seguro te preguntaste indignado: “¿Un pinche pastel? ¿Arriesgó su vida para salvarte una y otra vez y tú sólo le das un pinche pastel? ¡Dale sexo, pinche vieja!”. Claro, ese tipo de cosas las decimos en broma, y en broma se han hecho imágenes humorísticas que circulan en Internet denunciando la enorme injusticia a la que es sometido Mario, porque a pesar de su heroísmo, Peach no le deja “anotar un gol”.

Y entonces llegan los chistes sobre qué tan apretada es Peach, que el pobre de Mario está bien frustrado, que esa pinche vieja mamona no afloja porque Mario es un simple plomero y muchos otros más. La idea detrás de estos comentarios es: “No mamen, después de todo lo que Mario pasó, él se ha ganado que Peach le dé las nalgas“. ¿No?

Bueno, esto es humor, desde luego. Esto es comedia. Pero bajo estos chistes subyace una idea: que Mario, por haber salvado a Peach, merece que ella le dé sexo. Es decir, está allí la noción de que el sexo es una especie de premio, de recompensa que el hombre se gana por lo que hace, que un hombre se puede llegar a merecer y que es de mujeres injustas y crueles el negarles ese merecido galardón. Pues resulta, mi querido amigo, que si esa es tu idea sobre el coito, temo decirte que eres un cerdo machista del tamaño de Oolong.

La noción es una constante de nuestra cultura machista: el hombre se gana el derecho de aparearse con una chica-trofeo, al llevar a cabo hazañas sorprendentes. Después de todo, Mario no es más que una relaboración de la vieja historia del príncipe encantador que se enfrenta a un dragón u otro monstruo y salva a una doncella en peligro, para casarse con ella y vivir felices para siempre. Salvarle la vida le otorga la mano de la princesa, la convierte a ella en propiedad suya. La mujer (y, por extensión, su cuerpo) es el premio que el hombre recibe por ser tan chingón.

Dicho logro no tiene que ser destruir a un lagarto gigante que escupe fuego. También aplica cuando el chico que se encuentra eternamente en la friend zone se queja porque todos los favores que hizo no le merecen ni un acostón. Y oye, mi androcéntrico amigo, estuve en el mismo lugar que tú. Yo estuve enamorado de una chica por un par de años durante los que no me hizo mucho caso; y yo, con mi mente de adolescente proto-emo que bebió mucho romanticismo cursi, sentía que todo lo que sufrí por ella me volvía de alguna forma merecedor de su amor (y de meterme bajo su falda).

Pero eso está mal. Muy mal. Verás, mi heteropatriarcal camarada, no se trata de lo que tú mereces, se trata de lo que ella quiere. ¿Fuiste un buen amigo? Muy bien, mereces tener una buena amiga. ¿Mario fue muy valiente y salvó a Peach? Perfecto, merece que le den un feudo y lo nombren jefe de los ejércitos Toad o algo así. Pero nada de eso te da a ti o a Mario el derecho de reclamar favores amorosos o sexuales. Si no le gustas o no le atraes sexualmente a ella, no importa que seas el mejor oyente del mundo o que puedas matar calamares con bolas de fuego bajo el agua sin tener que salir a respirar: la decisión es únicamente de ella. Y todo esto bajo el supuesto que Peach sea heterosexual, porque en principio no tenemos ningún motivo para asumir eso de antemano. ¿Quedó claro, heteronormativos de mierda?

Por supuesto, un hombre que realiza demostraciones de habilidad, talento, valor, fuerza, inteligencia o integridad puede llegar a ser admirable y atractivo para una mujer. Pero repito: eso depende de lo que ella desea, no de lo que tú crees que mereces. Si piensas que de alguna forma ella “te lo debe” estás muy cerca del game over. Entonces, cuando alguien dice que Peach le debe un acostón a Mario, porque él se lo ha ganado, estamos revelando una forma de pensar muy, pero muy jodida y machista. Pues, cuando un hombre cree que tiene el derecho de reclamar sexo de una mujer, la situación se puede poner peliaguda.

Además, critican a Peach de ser “la pendeja que se dejó secuestrar”, como si oponerse a ser raptada por una tortuga monstruosa estuviera en su poder. A Bowser nadie lo critica por seguir secuestrando princesitas indefensas. ¿O acaso, cuando leíste el párrafo de arriba, aquel en el que hablaba sobre “admirar el tesón de Bowser” y “la desesperante actitud de Peach”, no sonreíste y asentiste con la cabeza? That’s rape culture, buddy.

Antes de que me acuses de cursi y mamón porque a lo mejor quiero ligarme a una “feminazi”, quiero aclarar que ciertamente no creo que hacer chistes sobre Peach sea una apología de la violación. Yo sé la diferencia entre una obra de ficción, un chiste y la violencia real. Además, la razón de fondo por la que Peach no tiene sexo con Mario es porque ambos viven en un videojuego para niños. ¿En serio, qué mierda esperaban? Y la razón por la que vuelven a secuestrar a Peach, una y otra vez, es porque queremos que salgan más juegos de Mario, pero cuando le cambian mucho el esquema… bueno, ahí tienen Super Mario Bros. 2 o Super Mario Sunshine. Y ahí sí nos emputamos.

Pero, por otro lado, concebir que las relaciones sexuales son un premio que el hombre se gana, y no entender que depende totalmente de lo que la mujer quiere, desea, gusta; eso sí es muy real y sí está muy del nabo. No caigas en eso, amigo. Quise tomar esta tontería como pretexto para hacerte reflexionar sobre algo que quizá no te había cruzado por la mente, pues, como te dije, a mí de chavo también me tocó tener toda clase de nociones estúpidas sobre la vida, de ésas que le joden a uno la oportunidad de tener una relación sana y madura.

Miguel Civeira: Ego Sum Qui Sum 

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