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El verdadero peligro de la ideología de género (con ejemplos de aliens y toda la cosa)

Dicen los conservadores que el género es un concepto anticientífico, ¿será?; además, que es autoritario, pero adivinen quién te quiere obligar a “ser mujer” según sus términos.

Agustín Laje, el speaker que hace que los conservadores tengan sueños húmedos, define la ideología de género como: “un conjunto de ideas anticientíficas que con propósitos políticos autoritarios, desarraigan de la sexualidad humana su naturaleza para explicarla de acuerdo a la cultura”. ¿Ideas anticientíficas? ¿propósitos políticos autoritarios?, ¿desarraigan la sexualidad humana de su naturaleza? Cuantos eufemismos para decir: ¡NO QUIERO QUE ECSISTAN LOS OMOSECSUALES!

Según la definición de Estela Serret en Sexo, género y feminismo, el género es una dimensión simbólica construida socialmente para valorar los cuerpos, es asignada a partir de determinadas características físicas al nacer, pero, dice Butler, no es ni estático, ni inmutable y mucho menos ‘natural’.

¿¡Y esto qué demonios significa!? Pues que el género son esos símbolos, gustos, actitudes o características que, mediante consenso social, le adjudicamos a cada cuerpo para decidir si es ‘hombre’ o es ‘mujer’.

No vas por la calle pidiéndole a la gente que te enseñe sus genitales y es imposible que “le veas los cromosomas a la gente”. Lo que haces, lo que hacemos todos, es una lectura de la apariencia de las personas, de sus gestos o su ropa —de su voz u otra característica que puedes percibir si tienes discapacidad visual— y a partir de ahí determinas qué pronombres utilizas para hablarle, si te incomodas porque “te equivocaste de baño” o cualquier otro escenario en donde “ser hombre” o “ser mujer” pudiera ser relevante. ¿Es ésta una concepción anticientífica? Absolutamente no.

El género, hay que añadir, además es un proceso socio-histórico. Si llega un alien a la Tierra y te pregunta: ¿cómo puedo saber quién es mujer y quién es hombre? Le vas a decir, dependiendo del país al que haya llegado y del año, cómo “lucen” las mujeres y cómo “lucen” los hombres. Ésta es la performatividad.

Dependerá del momento y el lugar al lleguen estos marcianos porque “ser mujer” y “ser hombre” ha cambiado a través de la historia según el contexto; han existido culturas que reconocen hasta 5 géneros. En México tenemos a los muxes (la broma es para ti si creías que sólo había hombres y mujeres).

El género es trascendente como dimensión política en tanto que las violencias y las opresiones que las personas viven a diario están determinadas por la lectura social: si no te leen mujer en la calle, es improbable que te acosen.

En sociología la ideología se define como un conjunto más o menos sistemático de creencias que intentan explicar la humanidad y el mundo, a la vez que orientar su conducta a partir de ciertos valores aceptados como correctos. O sea, ideologizados estamos todas, todos y todes.

Hay algo de irónico en usar “ideología” para señalar una suerte de alienación de un grupo de personas que supuestamente conciben el mundo de una forma retorcida, cuando los que siguen repitiendo que mujer es la que tiene vulva y hombre el que tiene pene (aunque la ciencia misma está problematizando, no sólo la no-binariedad del género, sino del sexo) son los grupos conservadores; los que se niegan a aceptar la realidad material de las experiencias trans o LGTB en general. No se trata de “creer” en ellas o no, como sí sucede con la religión. Las personas trans, bisexuales, gays y lesbianas existen crean en ellas o no.

Entonces, es más apropiado hablar en todo caso de teoría de género o perspectiva de género (a menos que no hayas leído nada de lo que escribí arriba e insistas en que el género sí es inherente a los genitales y por lo tanto todas las mujeres en todas las culturas y en todas las épocas de la historia son exactamente iguales).

Cuando la gente transfóbica dice cosas como que “así nació, pero no se quiere ni se acepta” o “no nació mujer” lo que están torpemente argumentando es que las personas estamos obligadas a ser e identificarnos con lo que este grupo dominante así decide. Es falaz decir que si no aceptas la imposición social del género es porque no quieres tu cuerpo: lo que no quieres es la imposición.

Además justifican sus prejuicios en lo que es o no ‘natural’ (¿recuerdan que Laje habla de negar la naturaleza humana?), cuando la naturaleza presenta comportamientos que para nuestra sociedad son antiéticos e inmorales como el canibalismo y el incesto. Por eso, lo natural no puede ser la base para determinar qué es aceptable y qué no lo es.

Al protestar sobre la forma en la que las personas performan el género están indirectamente admitiendo que no es inherente a los genitales ni estático desde el nacimiento y que de hecho el género sí es dinámico, porque se puede performar según se deseé y porque la percepción social sobre éste puede (y va a) cambiar.

No está a discusión que cualquier persona puede performar un género que no se le asignó de nacimiento, lo que esta gente discute es que trangredir la asignación impuesta es algo que va en contra de la naturaleza y que somehow es parte de una conspiración política.

Lo que sí es anticientífico, tiene propósitos políticos autoritarios y está completamente desarraigado de la sexualidad humana y su “naturaleza” es la heterosexualidad obligatoria. Ese sí que es un régimen político que justifica con argumentos presudiobiológicos la relación de subordinación entre mujeres y hombres que permite el control del trabajo feminizado: la reproducción, el trabajo doméstico y el trabajo de cuidados, para empezar (les recomiendo un clavado en los ensayos de Monique Wittig si quieren ahondar más al respecto).

“Ideología de género” no es más que una construcción conceptual ambigua que se usa cobardemente para no admitir que lo que se quiere es que no exista la diversidad sexual, que lo LGBT debe ser inaceptable e invisible, y supuestamente denunciar que hay un grupo de personas ideologizando a otras para que se unan al club de los degenerados o pecadores… o algo así. Pero, como ya dije, ideologizados sobre el género ya estamos.

Históricamente ha existido una hegemonía imponiendo sus valores religiosos por encima de la libertad sexual y la diversidad, en palabras de Estefanía Vela:

En el discurso antiderechos la libertad de elegir cómo quieres expresar tu individualidad es peligrosa, pero imponerle una forma de existir a todas las personas (formas de existir que no corresponden con la materialidad de todas y todos) no lo es.

Peligroso reproducir un discurso que justifica y legitima la violencia contra gays, lesbianas y personas trans. Peligroso decir que estás en contra de la ‘ideología de género’ porque de alguna forma que no puedes comprobar con hechos eso atenta contra tus hijos. Porque eso cuesta vidas.

¿Por qué no pronunciarse derechamente en contra de la existencia de la población sexo-diversa e inventarse conceptos que suenan a conspiración masónica? Pues porque la lucha por los derechos humanos ha logrado que el discurso de odio no sea taaan ampliamente aceptado.

La derecha necesita buscar nuevas estrategias para conseguir que más gente se sume a sus causas autoritarias a través del miedo, del miedo de que “tus hijos se vuelvan gays”. Lo que no te dicen es que nadie se vuelve gay y aunque sí fuera posible, no habría nada que temer si en primer lugar no existieran grupos que con sus discursos, acciones y políticas atentan contra su integridad, su felicidad y su vida.

Así que ya saben, amiguitos, cuéntenle a sus tíos que eso de la “ideología de género” son puros cuentos de la derecha conservadora. Y si tienen una postura política feminista, cuidado con andar usando los razonamientos y conceptos de los que nos quieren blancas, cis, heteras y pariendo a la fuerza.

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