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De la histeria al placer: la historia del vibrador

Joseph Mortimer Granville inventó el vibrador eléctrico para facilitar el tratamiento de las mujeres histéricas, el cual consistía en un masaje pélvico; actualmente, se fabrican vibradores de todos los tamaños, texturas, precios y materialidades como silicona, plástico y látex, por mencionar algunos. 

historia del vibrador

Si bien la invención del dildo y los consoladores tiene su origen en la prehistoria, cuando se encontraban falos construidos de diversos materiales, la historia del primer vibrador tiene sus inicios en la conservadora época victoriana en la Inglaterra de 1880.

El primer vibrador fue inventado con una función muy distinta a la que tiene hoy en día, pues se creó con el objetivo terapéutico de atender la histeria femenina, enfermedad diagnosticada a mitad del siglo XIX, pero descrita por Platón e Hipócrates en un mito griego en el se describe al útero como un órgano que no está estático, sino que deambula por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llega al pecho.

Siglos más tarde, durante la época victoriana, una de cada cuatro mujeres padecía algún tipo de histeria. Los síntomas de esta enfermedad eran muy diversos: dolor de cabeza y de cuerpo, ataques de llanto y risa, pesadez abdominal, insomnio, desfallecimientos, espasmos musculares, parálisis y hasta ceguera en el peor de los casos.

Para tratar esta enfermedad, exclusiva de los cuerpos femeninos, los médicos eran asistidos por una comadrona que se aplicaba un aceite en los dedos para estimular la zona genital de la histérica hasta llevarla al clímax y provocar un paroxismo histérico, que no era otra cosa más que un orgasmo llamado así por la conservadora sociedad victoriana.

De esta manera, las mujeres se curaban de la histeria al liberar la tensión sexual. Sin embargo, la tarea de realizar el masaje pélvico, que algunas veces duraba horas, se volvía cansada y agotadora para los doctores; por este motivo, en 1880, Joseph Mortimer Granville dio con la solución al problema de una forma eficaz y contundente: inventó una máquina eléctrica con forma fálica que podía introducirse en la cavidad vaginal sin lastimarla. Así nació el primer vibrador en la historia, el cual se convirtió en el juguete sexual por excelencia para satisfacer el placer femenino.

Con la llegada del siglo XX y el desarrollo de la infraestructura eléctrica, el vibrador femenino se popularizó tanto que su consumo rivalizó con la compra de planchas o aspiradoras. Tanto fue el éxito del aparato que, en 1918, apreció anunciado en el prestigioso catálogo Sears, junto a máquinas de coser y ventiladores. No había morbo, ni escándalo ante dicha publicidad, pues el vibrador era utilizado por una cuestión de salud.

En la década de los 20, los vibradores protagonizaron películas y fotografías eróticas, lo cual provocó su salida del mercado. En los 70, en medio de la revolución sexual, emergió nuevamente la venta masiva de esta máquina, pero bajo el concepto de juguete sexual (es más, una compañía japonesa sacó Hitachi Magic Wand).

En 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría declaró oficialmente que la histeria femenina no era una enfermedad, sino un mito caduco, aunque esto no evitó que el vibrador pasara a formar parte de la historia sexual femenina. Actualmente, se crean vibradores de silicona, plástico, látex, y goma, entre otros materiales. Se fabrican de diferentes texturas y tamaños, con un precio que oscila entre los 100 y los 300 pesos, tanto para hombres como para mujeres.

Imagen: Mashable

Arantxa Castillo: El eterno femenino

Periodista y fundadora de El Eterno Femenino.

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