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La caída del hombre: Y: The Last Man

Un día, sin razón aparente, todos los mamíferos con cromosoma Y en el mundo comienzan a expulsar sangre para luego caer inertes; conforme transcurre la historia de Y: The Last Man, el lector deja de ver hombres y mujeres para comenzar a ver personas.

Yorich

“Porque una vez que superas la balanza y la venda… la Justicia es una mujer con una espada”.

Entre septiembre del 2002 y enero del 2008, DC Cómics, a través de su sello Vértigo, publicó la novela gráfica Y: The Last Man. Trabajando al lado de la artista gráfica Pia Guerra, el guión corrió a cargo de Brian K. Vaughan, autor también del multipremiado cómic Saga (junto con la artista gráfica Fiona Staples), y ganó el Premio Eisner en el 2008 en la categoría de mejor serie continua. Al finalizar, el cómic constó de 60 números, los cuales fueron recopilados en 10 tomos unitarios, además de la Edición Deluxe, la cual consiste en cinco tomos.

“¡Pobre Yorick! […] ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad…Ve al tocador de alguna de nuestras damas y dile, para excitar su risa, que aunque se ponga una pulgada de afeite en el rostro; al fin habrá de experimentar esta misma transformación”.

Hamlet, Acto V, Escena 1

Un día, sin razón aparente, todos los mamíferos con cromosoma Y en el mundo comienzan a expulsar sangre para luego caer inertes. Todos menos dos: Yorick Brown, un joven artista del escape amateur, y su mono capuchino mascota Ampersand. Después del misterioso suceso, el mundo entero entra en crisis: la economía, la política, el campo, las fábricas, las industrias, el sistema de transportes y los hospitales se derrumban por completo, sin mencionar los problemas que implica el descomunal número de cadáveres.

Aun así, la mayoría de la población femenina no duda en salir de los escombros y tratar de reconstruir la civilización. Al mismo tiempo, Yorick, junto con su guardaespaldas, la agente 355, trata de resolver —por órdenes del gobierno— el misterio detrás de la muerte de los hombres, aunque, en realidad, todo lo que él desea es reencontrarse con su novia Beth, quien residía en Australia al momento del incidente. Al difundirse la noticia de la existencia de Yorick, éste no tardará en convertirse en el objetivo de distintos grupos, cada uno con su propio plan: desde asaltantes y saqueadoras, pasando por la coronela israelí Yedida Tse’elon, quien busca a Yorick con fines reproductivos para obtener la ventaja militar, hasta Las Hijas de las Amazonas, un grupo feminista radical que ve en el protagonista el último obstáculo para acabar con la opresión del hombre, y que no dudará en torturar y matar a cualquier mujer que se interponga en su camino.

Si bien esta obra de Brian K. Vaughan hace una dura, aunque casi siempre velada, critica a nuestra sociedad (el derrumbe de la civilización no sólo se debe a la muerte de la mitad de la población mundial, sino al hecho de que esta mitad lo había acaparado todo), en realidad no toma bandos. Mientras que Las Hijas de las Amazonas se refieren a Yorick como “pene caminante” o hasta “violador”, y se regocijan ante la extinción de los hombres, otras mujeres se lamentan ante la pérdida de un novio, un hijo, un hermano o, simplemente, un amigo.

En este sentido, quien atraviesa un mayor número de etapas y experimenta una mayor evolución es el personaje de Hero, la hermana gemela de Yorick. Éste, si bien se nos presenta como un joven carismático y noble (además de contar con un sentido del humor capaz de relajar hasta el momento más tenso de la trama), también posee defectos. Conforme transcurre la historia, el lector deja de ver hombres y mujeres para comenzar a ver personas.

Sin importar si son uno u otro, todos los personajes del cómic experimentan miedo, alegría, amor y odio. Al mismo tiempo, hay quienes buscan la supremacía militar y el poder; o las que no dudan en ayudar a las demás, aun a costa de sus propias vidas; otras simplemente desean escapar de su soledad, justo como ocurre con todas las personas en el mundo actual. Finalmente, igual que su difunto homónimo shakesperiano, Yorick mostrará que hombres y mujeres son iguales en la vida y en la muerte.

Fotografía: Vértigo Cómics

Alonso Nuñez Utrilla

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