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Intuición femenina: la tecnología, la creación y el género

¿El género se le asigna a todos estos robots deliberadamente para sexualizarlos, o es que simplemente no entendemos otra forma de relacionarnos fuera del género?; las voces de las mujeres son al parecer hermosas, suaves y armoniosas, siempre que estén bajo control.

mujer sin cara

“Entonces ella los saludó de forma rutinaria. Dijo, ‘Buenas tardes, señores, encantada de conocerlos’, frase que salió en su hermoso contralto… Y eso bastó. Un hombre se ajustó la corbata y otro se pasó la mano por el cabello. Lo que realmente me chocó fue que el hombre más viejo del lugar comprobó que su bragueta estuviese abrochada. Ahora están todos locos con ella. Les ha bastado su voz. Ya no es un robot; es una chica”.

      Intuición Femenina, Isaac Asimov

Mark 1 es el nombre que Ricky Ma le dio a su robot, claramente inspirado y modelado tras la imagen de la actriz Scarlett Johansson, el cual ha abierto un debate al respecto de la asignación de género a las inteligencias artificiales y la normativa que lleva a que todos los asistentes y robots sean, usualmente, femeninos. Además, da para pensar hasta qué punto una persona podría tener derechos sobre su yo, su imagen, su voz y lo que se presente como ella. ¿Es una violación de la identidad de Scarlett Johansson crear un robot a su imagen y semejanza?, ¿una amenaza?, ¿y si el robot se utilizara con motivos sexuales o violentos?, ¿qué clase de debates sociales, éticos, de género y legales tenemos por delante ahora que los robots están cada vez más cerca de ser una realidad?

El asistente de Apple, Siri, Ava (Ex-Machina), Gideon (Flash), Samantha (Her); el uso de voces o apariencias femeninas para modelar inteligencias artificiales, robots o asistentes virtuales no es una costumbre nueva, y al parecer altera completamente la relación entre humano a interfaz. De ahí la pertinente cita del cuento ‘Intuición femenina’ escrito por el maestro de la ciencia ficción, Isaac Asimov, prediciendo lo que sería un periodo en que humanos y máquinas interactuáramos unos con los otros, y cómo sentaríamos las bases para tales interacciones.

¿No somos capaces de interactuar con una persona sin asignarle un género?, ¿necesitamos el género para dictaminar nuestra conducta, lo apropiado o inapropiado?, ¿por qué nos sentimos más cómodas con la idea de asistentes e inteligencias artificiales femeninas?, ¿es porque asociamos servidumbre y femineidad?, ¿necesitamos romper los paradigmas y roles de género antes de que las inteligencias artificiales y los robots se masifiquen, a fin de evitar crear un mundo artificial que imite y replique el nuestro con sus mismos roles y limitaciones? El futuro es más complejo de lo que parece, pero una cosa es clara: nuestra conciencia social, prejuicios y creencias, siempre han limitado y moldeado la ciencia que emerge de él. Si no avanzamos como personas y sociedad, entonces ganaremos muy poco creando nueva tecnología si ésta tiene nuestras trancas sociales y se ve enclaustrada en nuestros paradigmas. Eso es, hasta la singularidad, claro…

En ficción

Futurama no se quedó fuera del debate de los sexbots, inclinándose podríamos decir en su contra luego de que Lucy Liu convenciera a Fry de que no era ético utilizar su imagen sin su consentimiento (el famoso consentimiento, dónde estaríamos sin él). Y no fue el único. La película de Spielberg, —y antes de Kubrick— Inteligencia Artificial, Ghost in the Shell, la mencionada Ex machina, Blade Runner, Dollhouse, Battlestar Galáctica, El Juego de Ender, y un largo etcétera de obras de ciencia ficción, se han aventurado en el territorio de las inteligencias artificiales y los robots, intentando dilucidar los alcances éticos y humanos de este (asumimos) futuro dilema, cada una siguiendo diferentes caminos.

¿Cuáles son nuestras obligaciones morales hacia tales creaciones?, ¿cuál es su motivo?, ¿cuáles sus derechos y cuáles los nuestros? Es un tema tan peliagudo como la discusión sobre la creación de la vida misma, porque podríamos decir que es casi el mismo tema. Y donde hay debates morales, hay debates sexuales y de género. De manera casi uniforme, esos robots o AI han respondido a un género asignado, y casi sin falta, han satisfecho las expectativas que cada género promete. Violencia, razón y lógica para los hombres, sexualidad para las mujeres. Así de simple… Blade Runner y Battlestar Galactica son los ejemplos más evidentes de aquellos que nombré, ya que ambos tienen robots inteligentes de varios sexos con roles prominentes, y si bien Daryl Hannah no teme pelear, ese no es su primer instinto, e incluso la forma en que ella pelea —y en que muchas mujeres pelean— está sexualizada. Ese es otro gran porqué en el que no ahondaremos hoy, pero que nos lleva de vuelta a una de las interrogantes del principio: ¿el género se le asigna a todos estos robots deliberadamente para sexualizarlos, o es que simplemente no entendemos otra forma de relacionarnos fuera del género, y no podemos sustraer de lo femenino la sexualidad como servicio para el hombre, como arma y herramienta?

En la realidad

La existencia o la búsqueda de entidades femeninas subordinadas o serviles no es tampoco algo exclusivo de la tecnología, o de los sistemas artificiales propiamente. Relegar a la mujer a un rol pasivo de simplemente complacer y obedecer es un objetivo de la sociedad patriarcal que, a grandes rasgos, se busca replicar en la tecnología con esta clase de proyectos. Operadoras telefónicas, modelos, amas de casa, secretarias, los roles de las mujeres son pasivos y silenciosos excepto cuando se les pregunta, excepto cuando se les necesita complacer o que asientan, y aún así sólo por un instante. Más irónico parece entonces su constante y casi omnipresente voz en el mundo digital siendo que ese mundo es el que más intenta silenciarlas.

Las voces de las mujeres son al parecer hermosas, suaves y armoniosas, siempre que estén bajo control. Siempre que tengan un botón de on/off y siempre que existan sólo para complementar la experiencia y crear atmósfera. Es cierto que uno puede hoy en día, en muchos aparatos electrónicos, configurar las voces para colocar una masculina, pero el neutro, por defecto sigue siendo una mujer, una mujer a quien se disfruta oír al pedir direcciones en el celular o informándonos sobre cuantos minutos llevamos corriendo, pero a quien probablemente mirarían con malos ojos si se le ocurre ‘hablar de más’ en clases o en una reunión, o si contradecía demasiado a su pareja.

Y éstos nos lleva de vuelta al mito de que las mujeres hablan más que los hombres, (o gusta decir a muchos que hablan ‘demasiado’) lo que ya de por sí se enmarca de forma machista. ¿Es hablar más que los hombres, demasiado?, ¿son los hombres la medida correcta, la proporción adecuada?, ¿es lo que nosotros hagamos lo que está bien, lo suficiente, y las mujeres deben medirse en torno a ello?, ¿y por qué entonces los mismos hombres que creen que las mujeres hablan demasiado, dan voz femenina a todas sus creaciones?, ¿por qué son sus creaciones femeninas, sus computadoras, sus autos, sus barcos, sus Inteligencias Artificiales y robots?, ¿es un complejo de Dios?, ¿es una absurda, obsesiva, absoluta, necesidad de dominar, y de dominar especialmente a las mujeres?, ¿de cumplir una fantasía de tener una mujer que haga todo lo que ellos digan, que obedezca todo lo que le ordenen? Demasiadas preguntas sin respuesta, de momento.

Quizás en cientos de años un equipo de psicólogos, antropólogos y arqueólogos nos diga el porqué de todo esto. Por ahora podemos suponer que hay varias respuestas. La búsqueda de crear, la búsqueda por controlar y domar a las mujeres, la asociación de femineidad con servidumbre, con obediencia, con paz, con tranquilidad, con cuidadora, y con todos los demás rasgos atribuidos al género que hacen que, de forma automática, asumamos que una mujer está mejor capacitada para ciertas tareas, como organizar nuestra vida o cuidar a un niño.

Si bien nos quedamos con más preguntas que respuestas, creo que podemos sacar algo en limpio de toda esta situación y aclarar algunas dudas sobre género, pues incluso si alguien sigue creyendo que el género es algo que se da naturalmente en humanos, aunque siga creyendo que es algo que viene de nacimiento, que es inalterable y compartido por todas las personas de un mismo sexo, no podemos decir lo mismo de un robot, de una inteligencia artificial, de un automóvil o de un asistente virtual. Ese género fue, evidentemente, asignado —como lo es en humanos, pero aquí sí que es totalmente indiscutible—, y tanto ellos —en el caso de un robot o una AI— como nosotros, respondemos a eso, y actuamos diferente acorde a eso, dictaminando lo que creemos que es apropiado como imagen, desarrollo, gustos e incluso forma de pensar. Si es un robot mujer debe tener pechos, hablar suave y usar vestido. Si es un ‘auto’ masculino debe ser azul. Si es una inteligencia artificial femenina debe ser conciliadora, sentimental, y si es un robot macho debe ser violento, un exterminador musculoso como Schwarzenegger.

Nuestras ideas nos limitarán mientras nos sigamos aferrando a ellas, y siendo ya el año 2016, siendo que soñamos con robots, conquistar el espacio y ovejas eléctricas, vendría siendo hora de dejar esas limitaciones atrás, o el futuro será tan heteronormado y blanco y negro como el pasado, y eso no es lo que prometen —algunos— libros y películas. No es lo que prometen los libros y películas que valen la pena.

Si les interesa mucho el tema y no se cansan de leer y pensar al respecto, como yo, pueden leer estos dos muy interesantes artículos en inglés, aquí y aquí.

Felipe Oliva A.: @ender27

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