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Intolerancia, persecución y violencia: secuelas del #24A

“¿Han notado que cuando se habla de la ‘violencia hacia los hombres’ se habla de los hombres que son la norma?”, fue la crítica de varias feministas al #NotAllMen; debido a la falta de información, el Mexican Times convirtió a un presunto acosador en una víctima de “violencia feminista”.

#vivasnosqueremos

La Movilización Nacional contra las Violencias Machistas del pasado domingo 24 de abril significó un parteaguas en la lucha por visibilizar el acoso, la discriminación y las agresiones que sufren millones de mujeres en México.

Organizada, encabezada y protagonizada por quienes son víctimas de estas violencias, la marcha se dirigió bajo una consigna en especial: #VivasNosQueremos. Mujeres alzaron la voz en conjunto y aprendieron que no están solas, que si tocan a una responden todas y que el silencio no será jamás una alternativa viable a estas problemáticas.

Sin embargo, pese a todas las contribuciones positivas que el #24A tuvo en la sociedad, también destapó una lata de gusanos: como nunca antes, la intolerancia, la persecución y la violencia dirigidas a las mujeres se hicieron presentes en redes sociales y medios de comunicación por igual.

Hombres de todos los estratos sociales y círculos intelectuales se pronunciaron en contra de las mujeres marchantes: las tacharon de feminazis, de hembristas, de misándricas, de desprestigiar el movimiento… y sabrá Google qué otras acusaciones circulan en la red. Estos hombres, la gran mayoría desde una posición de privilegio, desviaron la discusión hacia cómo este tipo de expresiones combativas los violentaban y los victimizaban.

Analizar y debatir estos ataques es un ejercicio necesario para reconocer la importancia que tienen los distintos feminismos en el contexto que atraviesa el país en la actualidad, al igual que sirve para denunciar la violencia machista que se mantiene oculta y normalizada en los actos cotidianos de miles de mexicanos.

“No todos los hombres” 

“¿Por qué no puedo estar en el contingente separatista? ¿Por qué no puedo usar el hashtag #MiPrimerAcoso? ¿Por qué se da por hecho que todos los hombres son acosadores? Porque no todos los hombres son malos, ¿verdad?”.

Así fue, a grandes rasgos, la lógica que muchos usuarios en Internet promovieron a raíz de que la comisión de seguridad y logística de la movilización dio a conocer el orden de aparición de los diferentes contingentes: en primer lugar, el grupo que encabezó la protesta estuvo conformado por mujeres, feministas y activistas; luego las secundaron familiares de mujeres desaparecidas y asesinadas; en la tercera posición estuvieron colectivos y grupos mixtos que se registraron con anterioridad; y, por último, personas que asistieron a título personal y hombres que fueron solos o con colectivos no registrados.

Pero muchos hombres (y algunas mujeres) no estuvieron de acuerdo con lo decidido en las asambleas. Para estos detractores, una marcha que pugnaba por la igualdad no podía segregar a sus asistentes; sin embargo, ¿era la igualdad la que estaba en la mesa de discusión ese día o eran los privilegios que residen en los sujetos masculinos a razón de su género? ¿La ausencia de hombres realmente era una práctica discriminatoria o la legítima protección de un espacio seguro en el que las mujeres pudieran reconocerse y convivir con sus pares? Al no hacer estos matices, los ataques en redes lo único que hacen es despojar a un grupo oprimido del derecho de dirigir sus propios medios de disconformidad.

“Qué extraña y bizarra idea, ¿verdad? Que las mujeres, lesbianas y trans quieran ser las protagonistas de su emancipación es la idea más loca que ha tenido un movimiento. ¿Acaso cuestionan tan osadamente el necesario protagonismo indígena o afro propio de los movimientos por la reivindicación de sus derechos?”, ironizó acertadamente Silvia Soler Casellas en el portal La Que Arde.

Además, el argumento de “no todos los hombres son machistas” posee otro problema de fondo. Como bien lo señaló Luan Z en el blog feminista Femme Punk, quienes esgrimen dicho pensamiento lo hacen de igual forma desde una posición de poder y privilegio, no interseccional, que excluye a los cuerpos masculinos que en verdad son víctimas de algún tipo de opresión.

“¿Han notado que cuando se habla de la ‘violencia hacia los hombres’ se habla de los hombres que son la norma?, es decir, se habla de los hombres cisgénero, heterosexuales, sin discapacidades, neurotípicos; los hombres blancos clasemedieros o burgueses. No se habla de los hombres trans, ni de los hombres gays, bisexuales, pansexuales, asexuales; no se habla de los hombres discapacitados, ni de los hombres con autismo y/o con enfermedades mentales. No se habla de los hombres negros ni de los hombres indígenas; ni de los migrantes, ni de los pobres. No se habla de que hay hombres que son varias de esas cosas a la vez (y sí, algunas veces son todas). No se menciona el impacto de la masculinidad hegemónica y otros sistemas de opresión en sus cuerpos. No se habla desde la interseccionalidad, se habla de lo mucho que sufre el mayor opresor”.

“Mi error… tener pene”

Carlos Mendoza, periodista hondureño que se describe a sí mismo como un “feminista de convicción”, publicó en el Mexican Times un texto que ejemplifica los peligros que el victimismo masculino puede ocasionar.

“¿Por qué me golpearon? ¿Por qué piden “no más violencia” y actúan violentamente? ¿Por qué les molesta que un hombre cubra su marcha y dé a conocer su mensaje? ¿Por qué a mí si soy un militante nada silencioso de la causa que defiende los derechos de las mujeres y exige la equidad e igualdad? Por supuesto, las feministas separatistas se pasaron, pero aunque no comparto su actuar, que me parece troglodita, entiendo el por qué del mismo”, escribió.

Por supuesto, lo que jamás se cuestionó el autor fueron sus acciones: ¿Acató los protocolos previamente acordados por las organizadoras de la movilización para la cobertura de prensa? ¿Al existir otros contingentes en donde su presencia no representaba una amenaza, era necesario su incidencia en aquel grupo en específico? ¿Acaso no se preguntó que su insistencia por querer ocupar ese espacio, y sólo ese espacio, era una falta de respeto a las decisiones aprobadas por las asambleas de mujeres? ¿De tantos temas que se pudieron abordar (y que valían mucho la pena destacar), angular un texto periodístico desde su propia condición de “víctima” fue lo más profesional?

Pero lo que es más preocupante de este asunto es que al final, gracias a su solidaridad masculina, denunció que no fue el único que fue víctima de la “agresión femenina”. Y para ilustrar su punto, compartió un video de YouTube en donde se muestra cómo unas jóvenes increpan y someten a un señor para que abandone el contingente separatista. Debido a que este audiovisual está desprovisto de contexto, el autor no se percató que estaba pontificando a una persona que fue identificada como un instigadoracosador sexual.

Mujeres marchantes aseguraron que Javier Ulloa es alguien que suele acudir a charlas o talleres de temática feminista con la intención de ofender a las participantes. Agregaron que Ulloa acostumbra fotografiarlas para luego acosarlas por Internet y que el día de la movilización se infiltró en el contingente que era exclusivo para mujeres para gritarles insultos como: “Si no quieres provocar llega vestida a la marcha”.

Carlos Arturo Baños Lemoine, profesor de la UAM Xochimilco, escribió una diatriba en contra de la manifestación feminista a la que le puso el título de “Una inútil marcha ‘feminista’ contra la violencia machista”. En ésta expuso lo que, en su opinión, es “el carácter mitológico” del feminismo, al catalogarlo como una forma de pensamiento retrógrada, ya que exigirle al Estado que sus ciudadanas tengan una vida libre de violencia es una pérdida de tiempo.

En su lugar, culpa a las mujeres de la violencia machista que sufren todos los días, al decir que le parece absurdo que ellas todavía no hayan aprendido a defenderse de sus agresores. Ése es el tipo de personajes que encumbran los medios de comunicación de modo irresponsable en Internet.

“Nosotras no somos Ayotzinapa” 

El pináculo de la intolerancia fue la reacción que provocaron las pintas al antimonumento por los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. La acción fue polémica y causó una enorme polarización después que Guerrilla Comunicacional México, medio que se anuncia a favor de las causas izquierdistas, difundiera en sus redes sociales los videos en los que se mostraba lo ocurrido.

Muchos de sus seguidores se declararon en contra de esta intervención por medio de insultos y descalificaciones, pero la situación tomó otros tintes cuando el medio en cuestión hizo pública la identidad de la joven que pintó el antimonumento. Enseguida, en su cuenta de Twitter le llovieron amenazas de muerte: “No te vamos a paralizar, te vamos a chingar y matar”, era una de las consignas que mayor circulación tuvo, la cual estaba acompañada de una imagen intimidatoria en la que se mostraba el cadáver de una mujer.

amenaza por twitter

Colectivas feministas y simpatizantes del movimiento organizaron un frente para combatir esta campaña de desprestigio. Algunas denunciaron las cuentas desde donde se emitían comentarios amenazadores e hicieron lo posible por proteger la identidad de su compañera para que no siguiera siendo objeto de violencia.

“Agradezco a la manada feminista que me apoya y respalda, a quienes han formado una red de protección y seguridad para mi vida y a quienes están al pendiente de mi seguridad. Por último, y por medio de este post, hago responsable a Guerrilla Comunicacional México de las agresiones a mi persona así como de mi integridad física, psicológica y emocional por haber sido los responsables de difundir mi información personal”, escribió la afectada por medio de la página de Las Enredadas.

Pese a estos nobles esfuerzos, el daño estaba hecho. Guerrilla Comunicacional México justificó sus acciones en un pronunciamiento en el que exclamó: “¡Somos intolerantes a las personas que no reconocen que el enemigo es de clase y no de raza o género!”.

“Lo que hicimos ayer desde Guerrilla Comunicacional México no fue exponer a una persona, fue exponer sus ideas que circulaban libremente en Internet, más específicamente en Twitter, cualquiera podía encontrar la publicación. Nosotros, como medio independiente y crítico lo expusimos, pero no a ella y a su grupo por ser mujeres o por su persona, sino por sus acciones políticas que dividen y desprestigian luchas sin un razonamiento sensato, real, material y económico. En ningún momento incitamos a la violencia, sino a la crítica y a la reflexión”.

Ante las excusas, la respuesta de las feministas no se hizo esperar:

“Si este monumento es una exigencia simbólica de justicia ante la desaparición forzada, ¿por qué no podría abrazar la denuncia de las miles de mujeres desaparecidas? Si es un grito de justicia ¿por qué no puede gritar por las que ya no tienen voz ni pezones ni cabeza ni familia, por las que ya no tienen vida?”, escribió una activista en Radio Zapote.

“Cuando todo movimiento revolucionario explotó, las mujeres estuvimos ahí para ellos. Limpiando, cargando, cocinando, curando heridas, enterrando muertos, pariendo hijes, también en los frentes recibiendo balas, violaciones. Fuimos botín de guerra, nuestras cuerpas fueron lanzadas como carne de cañón mil veces porque los grandes hombres de la historia decían que una vez caído el sistema económico, el mundo sería más justo. Cuando cayeran los patrones, todo el mundo sería libre. Cuando la tierra fuera comunal, nadie pasaría hambre. Esperamos. Pacientemente seguimos siendo esclavas sin paga, paridoras, eternamente fieles a nuestros amores y a la revolución social. Pero nos equivocamos. Cuando cayeron patrones y propiedades del cacique, las mujeres seguían sin tener nada. Seguíamos siendo violadas, usadas, asesinadas y a nadie mas que a nosotras nos importó”, comentó una usuaria en Facebook.

Independientemente de si la intervención al antimonumento estuvo bien o mal, nada justifica la violencia provocada hacia una mujer. Nada. Es algo que deberíamos tomar en cuenta antes de poner la integridad física y emocional de un ser humano sobre la integridad de una escultura, por más simbólica que ésta sea. ¿De verdad este es el legado que la lucha social por los desaparecidos de Ayotzinapa quiere heredar a las nuevas generaciones? ¿Acaso la importancia del #24A tiene que estar en función de sus pormenores, tropiezos y escándalos mediáticos? ¿La violencia es la única respuesta aceptable que encontramos ante lo distinto, lo no normado, lo marginal?

Fotografía: ObservatorioViolencia.org  

Miguel Torres: @Mike_TPapa

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