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Ingeniero mexicano construyó un páncreas para atender su diabetes

Gustavo confiesa tenerle miedo a los tratamiento convencionales para la atención de la diabetes, ya que no tiene la garantía de que sean infalibles y seguros; el páncreas artificial está compuesto de un medidor de glucosa, un aparato que inyecta insulina y un microchip que controla todo el proceso. 

Ingeniero Gustavo Munoz

Gustavo Muñoz recibió en 2005 un diagnóstico alarmante: padecía de diabetes tipo 1. De pronto, su rutina cambió drásticamente para mantener su glucosa controlada: todas las noches, como cualquier otro paciente de esta enfermedad, estaba obligado a medir sus niveles de azúcar, lo que a Gustavo le trajo problemas porque en algunas ocasiones se le olvidaba, se quedaba dormido o su medidor se descomponía.

Ante la desesperación, decidió tomar su salud y bienestar en sus manos. Ingeniero de profesión, Gustavo fabricó un páncreas artificial con dos dispositivos y un microprocesador programado por él mismo. Tardó tres años de investigación y desarrollo y una inversión de más de cinco mil pesos, de acuerdo con el portal SinEmbargo.

A sus 34 años, Gustavo está conectado las 24 horas del día a tres aparatos que lleva enganchados en la parte superior del pantalón. Confiesa que nada de esto sería posible sin el trabajo de Benjamin West, un programador estadounidense que también padece de la misma enfermedad y que desarrolló diferentes mecanismos para hackear las máquinas que lo ayudan a controlarla con la finalidad de tener mayores certezas sobre su tratamiento médico.

El páncreas artificial está compuesto de tres dispositivos necesarios para su buen funcionamiento: un sensor que se implanta bajo la piel y mide los niveles de glucosa, un dispositivo que inyecta insulina a través de un catéter y un “cerebro” que indica qué debe hacer cada cosa. Para la fabricación de esto último, Gustavo utilizó un microchip Intel Edition que conectó a una antena y una pequeña batería.

“En la vida, damos por hecho muchas cosas y pocas veces nos detenemos a observar y cuestionar. La mayoría de las veces nos damos por vencidos con un ‘porque así son las cosas’ o buscamos una respuesta pero nuestra falta de conocimiento nos limita. Siempre que tengo dudas, mi terquedad y la inquietud me llevan a ponerme a leer e investigar para tratar de entender lo que está sucediendo”, dijo en entrevista para Eldiario.es  

Pese a las críticas recibidas por la comunidad científica debido a los riesgos que corre por alterar un aparato prediseñado, Gustavo confesó que tiene más miedo de la tecnología actual y de los tratamientos convencionales y que por lo menos con sus experimentos tiene la seguridad que nadie le está viendo la cara; pese a sus creencias, siempre actúa con seguridad y hace públicos sólo fragmentos de sus investigaciones para que los amateurs no las recreen en casa y no pongan en peligro su salud.

Fotografía: Eldiario.es  

Redacción 

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