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Hipatia de Alejandría, la gran filósofa neoplatónica

La imposición del cristianismo significó la persecución de todas aquellas personas que disidían de esta doctrina, entre ellas Hipatia; era “dialéctica en sus discursos, dispuesta y política en sus actuaciones”.

Hipatia

La historia sobre la vida y muerte de Hipatia de Alejandría es una muestra más de la violencia patriarcal y eclesiástica ejercida en contra de aquellas personas disidentes de ese sistema de pensamiento.

Hipatia nació en el año 370 de nuestra era en la ciudad de Alejandría, la meca de la filosofía y la tradición helénica, famosa por su Museo y su enorme Biblioteca, misma que albergó los textos de esta filósofa. Alejandría, como ciudad perteneciente al Imperio Romano de Oriente, era gobernada por un prefecto enviado por el emperador de Constantinopla. Para la época en la que Hipatia enseñaba filosofía en esa urbe, Orestes era el prefecto designado.

Según una investigación hecha por National Geografic (NatGeo) en 2015, desde que el emperador Teodosio I proclamó al cristianismo como religión única del imperio, su creciente expansión le facilitó un poder fáctico en la ciudad ejercido a través del patriarca. En ese entonces era Cirilo,

La imposición del cristianismo también significó la persecución de todas aquellas personas que disidían de esta doctrina, entre ellas Hipatia, heredera de la gran tradición científica del Museo. Renombrada profesora que daba lecciones públicas sobre la corriente platónica retomada por Plotino —a la que hoy conocemos como neoplatonismo— su padre fue Teón, un ilustre matemático del Museo y notable astrónomo de quien aprendió estas disciplinas, para después elevar su pensamiento a la tradición filosófica que llegó a dominar.

Hipatia formó parte de la élite pagana fiel a sus antiguas ideas y creencias clásicas. De acuerdo con escritos de Damascio de Damasco, citados por NatGeo, Hipatia era “dialéctica en sus discursos, dispuesta y política en sus actuaciones, el resto de la ciudad con buen criterio la amaba y la obsequiaba generosamente, y los notables, cada vez que hacían frente a muchas cuestiones públicas, solían aproximarse a ella”.

Si su vida fue notable, su muerte dejó una huella en la historia imposible de borrar. De acuerdo con la escritora polaca y catedrática de la Universidad Jagelónica, Maria Dzielska, la mayoría de las versiones sobre Hipatia provienen de los escritos de Sócrates el Escolástico, quien relató que su relación cercana con el prefecto Orestes despertó envidia contra ella. Las relaciones entre Orestes y el patriarca Cirilo no eran buenas, situación de la que se culpó a la filósofa.

Sócrates escribió que ese fue el motivo por el cual fanáticos, encabezados por uno llamado Pedro, la vigilaron cuando llegaba a su casa y la bajaron de su carruaje para llevarla al Cesarión (antiguo templo de culto al emperador, recuperado por los cistianos) donde la torturaron hasta desmembrarla para luego quemar sus restos y con eso intentar borrar su huella de la historia. Sus textos igualmente perecieron junto con la Biblioteca de Alejandría.

Sócrates no vincula a Cirilo en el atroz asesinato, lo hace Damasio en su texto La Vida de Isidoro, en el que narró que Cirilo, al ver la multitud congregada en la casa de Hipatia para recibir sus valiosas lecciones, se encendió de envidia y preparó el ataque en contra de ella.

A pesar de las versiones que dicen que Hipatia era joven cuando la asesinaron, los registros indican que la profesora debía tener alrededor de 45 o 50 años, cuando en marzo del año 415 fue cruelmente asesinada por fanáticos cristianos.

Ilustración: Isabel Ruiz Ruiz

Redacción

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