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Hildegard von Bingen: una luz en la Edad media

Hildegard von Bingen fue la primera persona en asegurar que las mujeres también sentían placer; los méritos de esta religiosa y su vocación para la política la llevaron a crear su propio monasterio de monjas autónomo.

Hildegard von Bingen

Hildegard von Bingen, que vivió desde septiembre de 1098 hasta septiembre de 1179 fue una abadesa, médica y compositora alemana que llegó a ser conocida como “La sibila del Rin”. En 2012 el papa Benedicto XVI le otorgó el titulo de doctora de la iglesia por ser una de las personalidades más fascinantes de la Baja Edad Media.

Interesada tanto en el cuerpo como en el espíritu de los hombres, fue una de las primeras en poner por escrito detalles íntimos del cuerpo femenino y describir el orgasmo de las mujeres.

Hildegard nació en el valle de Rin, en lo que actualmente es el territorio de Alemania, hija de una familia noble fue consagrada desde su nacimiento a la actividad religiosa por ser la décima hija de la familia. Desde muy pequeña se le enseñó a leer latín, aunque mucho después aprendería a escribirlo. Al cumplir catorce años comenzó su vida en el claustro.

Desde muy joven, tuvo visiones y, atemorizada por estos pensamientos, cerca de los cuarenta años logró obtener el permiso papal para escribir sobre ellas en libros que han sido preservados hasta nuestros tiempos. El legado de esta mujer incluye sus observaciones sobre la anatomía femenina en la que comparó los órganos sexuales exteriores de la mujer con el sistema solar y los planetas. Fue la primera en asegurar que las mujeres también sentían placer.

En su texto Caisa et curae explicó:

“Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquel el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar, este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano”.

Los méritos de Hildegard y su vocación para la política la llevaron a crear su propio monasterio de monjas autónomo; entre las piezas relacionadas a la abadesa, se conservan cerca de 400 cartas en la que se le solicitaban consejos de toda índole: escribió a papas, cardenales, obispos, abades, reyes y emperadores, así como a nobles por toda Europa, a quienes aconsejaba y reprendía. Vivió hasta los 82 años y su legado incluye temas tan diversos como piezas musicales, estudios de botánica y profecías sobre el futuro del mundo producto de sus visiones.

Darina Silverstone: @DarinaSilver

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