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Esta es la imperdible autora detrás de ‘The Haunting of Hill House’, la última apuesta de Netflix

Eleanor sólo quiere ser feliz, sólo quiere tener un lugar al cual pertenecer, una casa con flores, leones de piedra y una taza con estrellas; el horror de Shirley Jackson es el de la indiferencia, el de terminar acostumbrándose a la violencia.

The Haunting of Hill House

“—En mi época […], las chicas no pensaban en otra cosa que en cocteles y besuqueos.
—Ahí está en parte el problema —respondió ella con seriedad—. Si la gente se hubiera asustado de verdad, sinceramente, cuando ustedes eran jóvenes, hoy no estarían tan mal las cosas”.

Maestra de figuras de la narrativa tales como Richard Matheson, Neil Gaiman y Stephen King, Shirley Jackson (1916-1965) es considerada una de las escritoras más importantes del género de terror y horror, el cuál renovó gracias a su singular estilo, que se caracteriza por hacer que los elementos terroríficos se den en ambientes cotidianos, principalmente en el doméstico, y con una interferencia casi nula de lo paranormal.

Si la obra de Shirley Jackson se observa desde una perspectiva biográfica encontraremos a una mujer atrapada en un matrimonio inestable, con un esposo que la obligaba a entregarle sus ingresos para tener el control total de las finanzas y que insistía en que ella se hiciera cargo de los deberes domésticos y la crianza de los hijos. No es de extrañar que gran parte de la obra de Shirley esté protagonizada por personajes, en su mayoría femeninos, atrapados en ambientes domésticos que los asfixian y de los cuales buscan liberarse.

Esto es especialmente notorio en sus novelas Siempre hemos vivido en el castillo, El reloj de sol y, la que probablemente sea su obra más famosa, La maldición de Hill House, con la que se le dio nuevos aires a las historias de casas encantadas y que serviría de inspiración para obras posteriores tales como El resplandor, de Stephen King, La casa infernal, de Richard Matheson, la película La maldición, de 1999, y su actual adaptación en forma de serie, entre muchas otras.

En La maldición de Hill House somos testigos de las desventuras de un grupo de personas lideradas por el doctor John Montague, el cual pretende hacer un estudio sobre la que quizá sea la casa más embrujada de Estados Unidos. Para lograr su cometido, el doctor Montague (junto con la asistencia de Luke, heredero de la casa) contrata los servicio de dos mujeres: Theodora, atractiva, simpática y con ciertos dotes telepáticos; y Eleanor, una joven reprimida y tímida que después de varios años al servicio de su madre posesiva —y, a la muerte de ésta, sometida al yugo de su hermana y su cuñado— ve en el viaje a Hill House la oportunidad de huir de ese ambiente y reinventarse a sí misma.

Es principalmente desde la perspectiva de Eleanor que el lector se enfrenta de cara a los horrores de Hill House, una casa laberíntica con puertas que no pueden mantenerse cerradas y por cuyos pasillos se mueve algo que golpea a las puertas, aúlla y se ríe.

Pero hay también otro horror en Hill House, el de las interacciones humanas. Desde la psique de Eleanor se nos muestra la hipocresía de las relaciones sociales, la angustia que produce saber que, al darles la espalda, los demás hablarán mal de uno, las falsas promesas de amistad, la autocompasión y el deseo de cada quien por ser el centro de atención. Y es que Eleanor sólo quiere ser feliz, sólo quiere tener un lugar al cual pertenecer, una casa con flores, leones de piedra y una taza con estrellas.

Dentro de su cuentística, Shirley Jackson ganó fama y reconocimiento gracias a su cuento corto La Lotería, donde se nos describe cómo un pueblo lleva a cabo una tradición ancestral, un sorteo en el que nada es lo que parece, o tal vez sí. El cuento perturba no tanto por su final, sino por la forma como se aborda todo el proceso de la famosa lotería, el ambiente rural casi idílico y la atmósfera carnavalesca; la lotería es una fiesta, una tradición cuya sola idea de abandonar despierta el rechazo y la negativa de los habitantes.

Ahí yace el verdadero horror en ése y demás cuentos de Jackson, ya sea que se trate de una comunidad cumpliendo con sus tradiciones, un hombre contándole a un niño frente a su madre con total naturalidad cómo fue que mató y descuartizó a su hermanita, un ventrílocuo discutiendo con su pareja, una anciana que gusta de meterse en las casas de los demás o una joven en busca del hombre que le prometió casarse con ella esa misma tarde, todo eso es abordado desde una perspectiva siniestra, pero al mismo tiempo con absoluta normalidad, resultando extraño únicamente para el lector. En pocas palabras, el horror de Shirley Jackson es el de la indiferencia, el de terminar acostumbrándose a la violencia y darla por hecho hasta convertirla incluso en algo deseable. Es el horror de sabernos encerrados y aprender a amar los barrotes.

Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es corrector de estilo. Ha colaborado en las revistas Penumbria, Punto de partida, Punto en línea, Primera Página y Marabunta. Publicó el libro de cuentos Terapia de shock en la editorial Ediciones y punto.

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