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El test de Bechdel: las mujeres que le faltan a Hollywood

¿Por qué las películas protagonizadas por hombres son la norma, las dirigidas a todo público, mientras que las protagonizadas por mujeres son específicamente para un público femenino?; lo verdaderamente alarmante del test de Bechdel es que tan pocas películas, en especial las películas más grandes, costosas, multiestelares y taquilleras, lo pasen.

mean girls

Hola, humanidad. Hoy voy a hablarles sobre el test de Bechdel, porque como estudioso de la cultura pop que soy (ay sí) y como hombre que trata de no ser un completo patán, éste resulta un tema relevante en la actualidad.

Para los que no lo saben, el test de Bechdel consiste en aplicar a una película (o por extensión, a cualquier obra narrativa) tres preguntas:

1.- ¿En la película hay por lo menos dos personajes femeninos con nombre y diálogo?

2.- ¿Estos personajes hablan entre sí?

3.- ¿Hablan acerca de alguna otra cosa que no sea de hombres?

La idea de este test es arrojar luz sobre la forma en la que se representa a las mujeres en la cultura pop más mainstream. El problema es que hay mucha confusión porque mucha gente se ha tomado este test demasiado en serio, tanto sus fanses como sus detractores, lo cual ha llevado a una cantidad muy considerable de mame.

Para poner las cosas en proporción, debemos rastrear los orígenes del test hacia su creadora, la historietista Alison Bechdel, quien lo introdujo en su cómic Dykes to Watch Out For, en el lejano 1985. En esta tira un personaje enuncia lo que después sería conocido como el test Bechdel:

La creadora de cómics afirma que la idea la obtuvo de su amiga Liz Wallace (por eso a veces se le llama el test Bechdel / Wallace), la cual a su vez se habría inspirado por una cita en el ensayo de Virgina Woolf A Room of One’s Own, que reza:

Todas estas relaciones entre mujeres, pensé al recordar la espléndida galería de mujeres en la ficción, son demasiado simples […] Entonces traté de recordar algún caso en el curso de mis lecturas en el que dos mujeres fueran representadas como amigas […] Hay de vez en cuando madres e hijas. Pero casi sin excepción las mujeres son retratadas en función a su relación con los hombres. Era extraño pensar que los grandes personajes femeninos de la ficción fueron, hasta tiempos de Jane Austen, presentados no sólo a través del punto de vista del otro sexo, sino únicamente en relación con los miembros del otro sexo. ¡Y qué parte tan pequeña de la vida de una mujer es ésa!

El concepto permaneció por muchos en un ambiente bastante underground. Después de todo, había sido publicado en una tira cómica sobre lesbianas que aparecía en medios feministas o LGBT. Pero luego llegó Internet, y para la década de 2010, el test comenzó a ser conocido cada vez por más personas. Ahora se discute mucho al respecto en los medios digitales.

Una cosa que hay que aclarar acerca del test: es parte de un chiste. Su objetivo, y la misma autora lo reconoce, no era ser tomado muy en serio. Bechdel advierte también que el que una película pase o no el test no es signo definitivo de que sea feminista o sexista ni de que sea una buena o mala película. Por ejemplo, puedes tener a un grupo de mujeres hablando durante dos horas sobre maquillaje y zapatos, pero no sería una representación muy halagüeña. O puedes tener a dos mujeres discutiendo sobre la obra literaria de Albert Camus: seguirían hablando de un hombre, pero sería un retrato más positivo, ¿no?

Muchas de las grandes obras del cine clásico, así como muchas excelentes cintas contemporáneas, no pasan el test (pero Sharknado sí lo pasa, curiosamente).  No se supone que deba ser un estándar universal para juzgar qué películas valen la pena. Sería perezoso descartar una buena película porque no cumple con el test, o alabar una mala que sí lo haga. Es una forma comodina para no tener que usar el criterio y sólo basarse en recetitas ideológicas.

Ni menos se supone que sea un instrumento de análisis sociológico de la cultura pop. Tomarse así de en serio el test sería como agarrar un chiste de Mafalda como estándar para estudios en ciencias sociales. Sí, un chiste de Mafalda te puede dejar pensando por horas en cosas importantes y profundas de la vida, pero no sería muy productivo usarlo para el marco teórico de tu tesis de maestría en estudios de género.

Con esto, quizá, algún lector, machirrín y nerd ardido con el feminismo, se imagine que con lo anterior que estoy dando por inútil el test y piensen: “hey, qué bien, ya recuperamos a Maik, después de que estuvo dándole cunnilingus a las “feminazis” con aquel texto sobre Super Mario“.

Lamento decepcionarlos (no), porque de hecho pienso que el test Bechdel es un concepto muy interesante, pues así como el hipotético chiste de Mafalda puede hacernos reflexionar sobre cosas importantes y profundas, el test Bechdel arroja una luz sobre nuestra cultura pop contemporánea. Sólo que para que el concepto resulte en verdad útil tenemos que librarlo de confusiones, y la primera de ellas es el error común de confundir lo que tiene importancia a nivel individual y lo que tiene relevancia en cuanto a lo colectivo.

Como (reitero), la misma autora advirtió, el test no nos dice si una película es pro feminista y menos si es buena. Hay muchas razones por las que la historia que cuenta una película no cumpla con el test Bechdel, y eso no significa que la cinta esté echando un discurso sexista ni que sus creadores sean sexistas en lo personal.

Muchísimas historias imaginables no incluirían relaciones entre mujeres. Por ejemplo, uno puede estar contando una historia de un grupo de soldados en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, donde difícilmente habrá lugar para introducir personajes femeninos que se relacionen entre sí. O quizá puede estarnos contando la historia de un grupo de amigos varones que cursan la pubertad, una edad en la que los hombres no tienen mucha relación con las mujeres. O quizá, el autor sólo quiere contar una historia en la que sus personajes principales sean hombres, porque sí, chingados, y eso es perfectamente válido.

La relevancia del test Bechdel no está en si cada película lo pasa individualmente: lo alarmante es que tan pocas películas, en especial las películas más grandes, costosas, multiestelares y taquilleras, lo pasen.

Miren, si hago una película sobre un héroe que es caucásico y un villano que es afroamericano, ¿cuál es el problema? Después de todo, en el conjunto infinito de todas las historias imaginables, hay muchas razones válidas para que una historia presente un héroe blanco y un villano negro. Y la más importante que se me ocurre es ¿por qué no?, que no es humanamente imposible ni inimaginable que haya negros malos y blancos buenos. Eso no significaría (no necesariamente) que mi película es racista ni que yo lo soy.

Ah, pero si resulta que estamos viendo que una inmensa mayoría de las películas más populares y taquilleras de Hollywood tienen héroes blancos y villanos negros… Bueno, eso como que te hace pensar, ¿qué pedo con el cine? ¿Qué dice este hecho de nuestra sociedad consumidora y creadora de cultura pop?

El mismo principio se aplica al test Bechdel. Cuando vemos tantas películas —las producidas por los grandes estudios, las más taquilleras, las que reúnen a los artistas más populares— en las que no aparecen ni siquiera dos personajes femeninos hablando de algo que no sea los hombres con los que se relacionan, es como para preguntarse, ah caray, ¿qué está pasando? ¿Por qué tan pocos personajes femeninos relevantes? ¿Por qué no se exploran las relaciones entre mujeres? ¿Por qué no se retrata más facetas de la vida de las mujeres que su relación con los hombres? ¿Por qué son precisamente las cintas más populares y taquilleras las que fallan el test?

Un amigo planteaba que cuántas comedias románticas, de las más populares y mainstream, pasarían una versión opuesta del test. Creo que, lejos de hacer que las cosas “estén parejas” este hecho sólo resalta la gravedad del problema. Las películas de romance, ya sea en tono cómico o dramático, suelen estar protagonizadas por mujeres y dirigidas a mujeres, y suelen pasar los dos primeros puntos del test Bechdel (el tercero, un poco menos). Pero eso sucede en UN género cinematográfico, EL género considerado específicamente femenino. ¿Por qué las películas de otros géneros: acción, comedia, ciencia ficción, fantasía heroica y thriller pasan el test con mucha menos frecuencia? ¿Por qué las películas protagonizadas por hombres son la norma, las dirigidas a todo público, mientras que las protagonizadas por mujeres son específicamente para un público femenino? O, a la inversa, ¿por qué se necesita que una historia esté dirigida específicamente a un público de mujeres para tener protagonistas femeninas? Definitivamente, todo esto nos está diciendo algo.

Qué exactamente es lo que nos está diciendo no es algo fácil de responder. Afirmar simplemente que lo que pasa es que la cultura pop contemporánea es sexista sería demasiado obvio y facilote. O sea, en lo general sí es sexista nuestra cultura pop occidental (aunque me gusta pensar que con el paso de los años lo ha sido cada vez menos), pero creo que el análisis tiene que ser más profundo y más inteligente que sólo enunciar verdades obvias y condenar con juicios sumarios.

Sin duda se trata de un fenómeno con muchas facetas. Uno de los factores para explicarlo, se me ocurre, es que la mayoría de los creativos en la cultura pop mainstream siguen siendo varones. Es natural que cada quien escriba desde su punto de vista y según lo que conoce, y los hombres conocen a las mujeres primero en cuanto a las relaciones que tienen con ellos; así, no es de extrañarnos que los hombres escriban personajes femeninos en función a cómo se relacionan con los personajes masculinos. También creo que a muchos hombres, de entre los muchos temas de conversación que pueden tener las mujeres, les parecerá más interesante especular sobre lo que ellas podrían decir y pensar de los varones.

O sea, por lo menos en un aspecto, y según les propongo aquí, el fenómeno se explicaría más por falta de imaginación, provincianismo creativo y poco conocimiento de la vida que por misoginia consciente e intencional. Añádanle a eso que de por sí la cultura pop más mainstream tiende a ser frívola, perezosa y estúpida y que hay otros muchísimos aspectos de la existencia que tampoco reciben una representación justa en ella.

El test nos muestra, por lo menos, que nuestra cultura pop está mocha, incompleta y empobrecida, pues hay áreas enteras de nuestra humanidad que no están siendo exploradas, voces y puntos de vista a los que no se les está dando una oportunidad en la escena popular, que finalmente es la que llega a más personas y de cierta forma refleja y moldea nuestra visión del mundo. En ese sentido, creo que ha sido un concepto muy útil, hasta revolucionario.

El test de Bechdel debe servirnos no como un machote para descartar sin miramientos todo lo que no se ajuste a él, sino como un detontante para empezar a pensar nuestra cultura pop, como creadores y consumidores, pues al estudiarla y analizarla también tratamos de entender quiénes somos como sociedad, como civilización.

Miguel Civeira: Ego Sum Qui Sum 

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