Estás aquí
Inicio > Arte y cultura > El mundo sin género de Ursula K. Le Guin

El mundo sin género de Ursula K. Le Guin

En la novela de Ursula K. Le Guin los personajes carecen de género y comparten los mismos derechos y obligaciones; entre los guedenianos no existe el concepto de violencia, al grado de desconocer el término “guerra”.   

dualidad de género

La luz es la mano izquierda de la oscuridad,

y la oscuridad es la mano derecha de la luz.

Las dos son una, vida y muerte, juntas

como amantes en kémmer,

como manos unidas,

como el término y el camino.

La mano izquierda de la oscuridad, Ursula K. Le Guin.

¿Cómo sería una sociedad en la que realmente no existiera la lucha de género y todos fueran considerados exactamente iguales unos de otros? En su novela, La mano izquierda de la oscuridad, la escritora de fantasía y ciencia ficción Ursula K. Le Guin intenta responder a esta pregunta.

Gueden (“Invierno” para los extranjeros) es un planeta de hielo cuyos habitantes se caracterizan por ser andróginos; la mayor parte del mes habitan un cuerpo neutro (etapa de sómer) y sólo cuando entran en celo (kémmer) se transforman en hombres o mujeres. En un principio, esto confunde a los primeros investigadores, así como a uno de los narradores principales: Genly Ai, miembro del Ecumen, —una liga de planetas que promueve el intercambio tecnológico y cultural entre ellos— quien llega con la misión de ofrecer a los guedenianos pertenecer a dicha organización.

Esta confusión inicial no es injustificada si se toma en cuenta que Genly Ai, quien procede de una sociedad bisexual en la que, de una forma u otra, todo está definido por el sexo, se ve de repente en medio de una cultura que incluso ignora los conceptos de “hombre” y “mujer” como tales. Uno de los que guiará al protagonista (y al lector) a través de esta sociedad será el segundo narrador principal de la obra: el primer ministro Derem Estraven, para quien la cosmovisión bisexual de Genly resulta igual de extraña.

¿Cómo afecta su androginia a los guedenianos? La sociedad no se encuentra divida en fuerte/débil, protector/protegido o activo/pasivo. Todos los guedenianos tienen las mismas posibilidades, los mismos derechos y las mismas obligaciones. Cualquiera puede ser padre de uno y madre de otro. Todos corren los mismos riesgos y toman las mismas decisiones. En pocas palabras, todos son iguales. Incluso, al ser necesario contar con una pareja durante los días de kémmer para que el cuerpo termine de transformarse, la violación no existe. De hecho, apenas y existen señales de violencia entre ellos, al grado de que ignoran el concepto de “guerra”.

Si bien, para explicar esta considerable pasividad de los guedenianos se aventuran hipótesis tales como la inexistencia de la agresividad propia de lo masculino, o la influencia que el helado ambiente del planeta obra sobre sus habitantes, lo más probable es que esto se deba a la poca fuerza que posee para ellos la idea del “otro”. En una sociedad bisexual la semilla de la noción del “otro” se siembra incluso desde el nacimiento, al condicionar la educación y el comportamiento, así como la actitud de los demás hacia el individuo dependiendo de si nace como hombre o mujer; y es de esta idea del “otro”, el que es diferente a mí, de donde brota en gran medida la violencia. Pero en Gueden todos son prácticamente iguales, arrancando de raíz la agresividad de sus habitantes.

Aun así, esta falta de “individualización” puede resultar un arma de doble filo, así que, para compensar su pasividad y definir su propia identidad, los guedenianos poseen el concepto de shifgredor, cuya traducción más cercana al español sería la de “prestigio”. Cada acto, gesto o palabra de un guedeniano puede repercutir a favor o en contra del shifgredor de éste u  otro, convirtiendo así a los guedenianos en personas extremadamente competitivas mas no agresivas.

Otro factor importante a tomar en cuenta en esta historia de intrigas políticas es el lenguaje, algo a lo que Ursula K. Le Guin recurre en todas sus obras. Del mismo modo que a Estraven se le dificulta concebir el verdadero significado de una palabra tan familiar como lo es “guerra”, Genly se topa con un mundo en el que existe una palabra para cada tipo de nieve dependiendo del color de ésta, su consistencia o la velocidad con la que cae, pero en la que no existe el verbo “volar”. Siendo tan diferentes, Genly y Estraven tendrán que superar la barrera del lenguaje (y por lo tanto la cosmovisión de cada uno) y aprender a comunicarse sin tener que apelar a las palabras. Sólo así lograrán ver más allá del espejismo de las ideas y darse cuenta de que todo: vida y muerte, luz y oscuridad, hombre y mujer, es uno solo y que el mundo es más grande de lo que la lengua puede abarcar.

Alonso Núñez Utrilla

One thought on “El mundo sin género de Ursula K. Le Guin

Comments are closed.

Top