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El muro que nos separa no es el de la UAM-X

Las autoridades de la UAM Xochimilco retiraron el muro de denuncias e instaron a las víctimas a proceder conforme a las normas de la institución; Rush Limbaugh utilizó “feminazi” por primera vez para referirse a las feministas que apoyaban el aborto, equiparando un genocidio con la autonomía corporal.

muro de denuncias UAM X

A Xóchitl, a todas…

Este 11 de junio se cumplieron dos años del feminicidio de Xóchitl Carrasco Cerón, estudiante de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana campus Xochimilco (UAM-X).

La falta que hace hoy Xóchitl en su casa, en las reuniones con sus amistades, en las aulas de la UAM Xochimilco, es un constante recordatorio de esa violencia infiltrada que afecta todos los aspectos de las vidas de las mujeres.

Dos años después, la UAM-X tiene la oportunidad de garantizar a las mujeres estudiantes, docentes y administrativas, su derecho a una vida libre de violencia, a recorrer los pasillos e instalaciones sin miedo, a desenvolverse en espacios libres de esa violencia que viven por el simple hecho de ser mujeres.

Seguramente muchas de ustedes saben que las jóvenes de UAM Xochimilco han ejercido su derecho a expresarse en el espacio público y con esto demuestran su gran fortaleza al evidenciar la violencia que viven diariamente en las aulas en forma de acoso u hostigamiento sexual. Con la solidez y la veracidad de sus palabras han erigido un muro de denuncias que saca a la luz pública las violencias que en silencio habían vivido en los salones de clase.

Dirán ustedes que soy “radical” por comparar el feminicidio con el acoso sexual, y no es que compare así a la ligera, lo que pasa es que las dos son manifestaciones (de diferentes dimensiones claro está) de una estructura más grande: la violencia de género.

Para que no digan que inventamos palabras, la violencia de género no es algo que las mujeres nos inventamos para quejarnos de la vida, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer establecida en 1993 por la Organización de Naciones Unidas, en su Artículo 1 define la violencia de género o violencia contra las mujeres como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”.

A pesar de la oportunidad que representa el muro de denuncias para traer a la mesa —y a la legislación universitaria— este tema, para generar diálogo y reflexión sobre el acoso sexual, el muro fue retirado. Las autoridades universitarias publicaron un comunicado en el que instan a levantar sus respectivas quejas con las autoridades correspondientes y a través de los procedimientos establecidos para tal fin, desestimando así las denuncias ya hechas y desalentando las que pudieran hacerse en un futuro.

Hace unos días estuve en el campus universitario en un conversatorio sobre periodismo con perspectiva de género y pude notar que lo que para unas significó un espacio de liberación y búsqueda de justicia, para otros es el pretexto para “aventar la piedra y esconder la mano” o para “vengarse de los profesores”, incluso hay quienes temen que haya hombres que se hacen pasar por mujeres para perjudicar la reputación de un buen señor.

Les preocupan las denuncias anónimas, porque como se sabe, las mujeres siempre exageramos y estamos ardidas, así que aprovecharemos cualquier ocasión para vengarnos de cualquier hombre bueno que se nos atraviese, porque así somos, malas. Lo que no saben estas personas es que en casos de violencia sexual, como lo es el acoso, la identidad de las víctimas DEBE resguardarse, y esto está en la ley, no es un invento feminista para “dominar a los hombres”.

El Código Nacional de Procedimientos Penales, en su Artículo 109, párrafo XXIX, establece como aplicables los derechos contemplados en otras legislaciones, para casos de violencia de género debe aplicarse lo dispuesto en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), que dicta en su Artículo 15, fracción IV: “En ningún caso se hará público el nombre de la víctima para evitar algún tipo de sobrevictimización o que sea boletinada o presionada para abandonar la escuela o trabajo”.

En cuanto a la preocupación por las “denuncias falsas” les diré que sobre esto ni siquiera hay registros ni estadísticas, es decir, afirmar que las denuncias son falsas sí es exagerar e inventar. Lo más cercano que podemos citar es una estadística de la Organización Mundial de la Salud sobre violencia sexual en personas menores de 15 años, el estudio refiere que se denuncian 10 % de los casos y de esas denuncias el sólo 0.4 % corresponde a denuncias falsas.

La ley mexicana protege la idententidad de las víctimas de acoso y otras manifestaciones de la violencia sexual, por lo que las denuncias de acoso evidenciadas en el muro de forma anónima están contempladas en la legislación mexicana.

Y por si les queda duda: sí, el acoso u hostigamiento sexual también está en las leyes de este país, no sólo en la “mente histérica de las feministas”.  La LGAMVLV  define el hostigamiento sexual en su Artículo 13 como el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar, —por ejemplo la relación maestro—alumna. Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva.

Otros detractores, entre los que se encuentran profesores que al ver su nombre en el muro de denuncias temen que sus actos al fin tengan consecuencias, así como entes sin rumbo que caen ante los argumentos falaces (patadas de ahogado) de sus ídolos sin cuestionarlos, intentan crear una corriente de pensamiento para desalentar la exigencia de justicia que las alumnas gritan a la cara de todo el mundo.

Argumentan  que todo esto es un complot “feminazi” para acabar con ellos y establecer una supremacía femenina. Estos personajes afirman que todo esto es un invento, que ni el patriarcado, ni la violencia de género existen, exageramos tanto que hasta nos inventamos palabrotas,  nos las sacamos de la manga, para defender nuestras posturas radicales que buscan la supremacía revanchera de las mujeres sobre los hombres.  Pues, ¿qué creen?, nada de exageraciones, ¡el patriarcado existe!

En su tesis doctoral (la cuál fue discutida y aprobada —ni que hiciera falta— por algunas de las mentes más lúcidas de nuestros tiempos, como Graciela Hierro y Roger Bartra), Marcela Lagarde y de los Ríos, antropóloga feminista, definió al patriarcado como uno de los espacios históricos del poder masculino que se basa en diversas formaciones sociales tales como el antagonismo genérico, la escisión del género femenino y el machismo. Asimismo, el patriarcado se articula con otros poderes por lo que es sexista, clasista, etnicista, racista e imperialista.

Lagarde reconoce que las mujeres pueden ejercer en ciertas circunstancias el poder patriarcal sobre otras mujeres, niñas y niños, personas enfermas y desvalidas, e incluso sobre otros hombres, sin que esto signifique la existencia de un matriarcado, es decir, la violencia de género contra los hombres no existe.

El feminismo no inventa términos, desde la teoría feminista se han definido categorías de análisis para estudiar y comprender esta desigualdad histórica que ha significado opresión, discriminación y violencia contra las mujeres. También quiero aclarar que cuando hablamos de esta desigualdad histórica no es para hacernos las víctimas de la historia, es para dejar en claro que esta desigualdad de género no es un invento de moda, sino que es un sistema que se ha reproducido durante siglos y que ha resultado en falta de oportunidades de vida para las mujeres en relación con sus pares varones.

Dicho esto, ¿saben cuál es la palabrota inventada para defender una postura radical que busca la supremacía de un género sobre el otro?: feminazi.

Así es, esta palabra no tiene ningún sustento teórico, es el dicho de Rush Limbaugh, un señor gringo que tenía un programa de radio y que empezó a llamar así a las mujeres que luchaban por su derecho al aborto. Ahora este término inventado anda en boca de todos aquellos que intentan deformar los conceptos teóricos para hacer pasar al feminismo como un totalitarismo de género en el que las mujeres malas nos vengamos de los hombres buenos.

El muro es legítimo, y más que eso es NECESARIO. También es cierto que levantar formalmente las denuncias ayudará a crear registros, tener estadísticas y con  esto poder incidir en la legislación universitaria, pero esto no deslegitima las denuncias hechas a través del muro. No podemos continuar ocultando lo que ya explotó en la cara pública. Es absurdo ampararse en argumentos falaces cuando la verdad y la ley están del lado de ellas. Todas esas mujeres que hicieron sonar su voz a través de cada uno de esos carteles merecen ser tomadas en serio, merecen justicia, que al ser para ellas lo será para todas.

Sumemos fuerzas a ese movimiento que está sacudiendo la UAM Xochimilco para que se replique en todas las universidades, en todos los espacios. Que la #MareaVioleta siga desbordándose.

No lo olviden ¡Somos Manada!

Fotografía: Ancira JA

Corina del Carmen

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