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El color de la inconformidad: El tapiz amarillo de Charlotte Perkins

En El tapiz amarillo, una mujer es llevada por su esposo médico a una casa de campo como tratamiento para lo que parece ser una depresión postparto; Charlotte Perkins escribió este relato para dar a conocer la inconformidad que ella y una gran parte de las mujeres experimentaban respecto a su rol en la sociedad.

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“John no sabe realmente cuánto estoy sufriendo. Sabe que no existe razón para que sufra y eso le basta. […] Supongo que John nunca se ha sentido nervioso en toda su vida. Se burla mucho de mí cuando le hablo del tapiz amarillo”.

Nacida en Hartford, Connecticut, el 3 de julio de 1860, y descendiente de la escritora Harriet Beecher Stowe, cuyo libro, La cabaña del tío Tom, fue uno de los primeros que en Norteamérica abordó el tema de la esclavitud, Charlotte Perkins Gilman es una figura clave del feminismo. Desde su juventud rechazó los roles convencionales de las mujeres de su tiempo, estudió dibujo y pintura en la Escuela de Diseño de Rhode Island y (antes de casarse con él) rechazó durante dos años las continuas propuestas de matrimonio del pintor Charles Walter Stetson con el argumento de que su amor hacia su trabajo era mayor que el que sentía por él. Dentro de su amplia obra literaria se cuenta la novela Herland, en la que un grupo de hombres llega a un territorio habitado únicamente por mujeres, una utopía en la que todos los habitantes son tratados con igualdad y respeto; su continuación With Her in Ourland; y la que probablemente sea su obra más famosa: El tapiz amarillo.

Considerado uno de los más importantes relatos de terror de la literatura norteamericana, en El tapiz amarillo, narrado en forma de diario, una mujer es llevada por su esposo médico a una casa de campo como tratamiento para lo que parece ser una depresión postparto. Prácticamente prisionera en su alojamiento y con cualquier actividad prohibida en aras de su “salud”, la mujer encontrará en la escritura (la cual lleva a cabo en secreto) su único medio de desahogo y por el cual expresar sus frustraciones, sus malestares, pero sobre todo, su cada vez más creciente obsesión por el tapiz amarillo que recubre su cuarto. Y es que, aunque su esposo, su cuñada y demás personajes actúen como si únicamente necesitara reposo, ella sabe que hay algo o alguien que la observa desde el tapiz amarillo, una figura que unas veces se está quieta y otras se arrastra.

El amarillo es un color que incomoda y produce malestar a la vista; es el color de la enfermedad y el desagrado. Es por medio de este color que Charlotte Perkins expresa el sufrimiento y el fastidio de las mujeres de su época, las cuales se encontraban restringidas a los asuntos del hogar, prisioneras en sus propias casas. En las descripciones que hace del tapiz, la narradora igualmente podría estar hablando de la situación de las mujeres en una sociedad regida por hombres, situación que, al igual que el patrón del diseño del papel tapiz, no obedece ninguna ley natural, únicamente se repite una y otra vez.

De igual forma, el personaje del esposo y demás actores masculinos a los que se hace alusión representan la figura del patriarca, el hombre “sabio y protector” que mantiene prisionera a la mujer por su propio bien, incluso si ésta, no comprendiendo su “fragilidad”, insiste en que lo que necesita es ponerse en acción. Conforme avanza el relato, la protagonista irá desarrollando sentimientos contradictorios de amor y odio hacia el nauseabundo papel tapiz, los mismos sentimientos que comenzará a experimentar hacia su pareja.

Charlotte Perkins escribió este relato para dar a conocer la inconformidad que ella y una gran parte de las mujeres experimentaban respecto a su rol en la sociedad, pero también para que aquellas mujeres que se sentían conformes con su situación fijaran la vista en sus propias paredes y así, tal vez, encontraran en éstas un apenas perceptible color amarillo.

Alonso Núñez Utrilla

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