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El día que un conocido me intentó violar

Ni siquiera pude cerrar la puerta con llave cuando él ya me había tumbado al suelo; ¿acaso yo había mandado alguna señal equivocada?

un violador me atacó
Yo, a los 14 años.

Siempre me he llevado bien con hombres y con mujeres, a veces me junto más con unos y a veces más con otras, pero fue hasta en mi adolescencia cuando empecé a considerar a los hombres como un peligro.

A partir de los 14 años los desconocidos empezaron a hacer comentarios sobre mi cuerpo, a gritarme cosas, a darme nalgadas en la calle, a pedir que me subiera a sus autos y amenazarme de muerte cuando me negaba, a tocarme la vulva cuando ellos subían y yo bajaba las escaleras del metro…pero, nunca pensé que también tendría que cuidarme de la gente que conozco, hasta que pasó.

En la secundaria tenía un mejor amigo con el que compartía muchas cosas. Hablábamos sobre nuestros problemas amorosos, jugábamos basket, comíamos porquerías, paseábamos, nos reíamos mucho, intentábamos trucos de lucha libre, jugábamos videojuegos, teníamos debates políticos (hasta donde nos diera el conocimiento porque éramos muy niños), tomábamos la siesta y hacíamos trabajos escolares.

Nunca, nunca, NUNCA hubo una relación romántica o sexual entre nosotros. Cada quién tenía sus intereses en otro lado, nosotros solo éramos mejores amigos.

Un día conocí a su hermano. No pensaba mucho de él, pero asumía que era una buena persona por ser familiar de mi amigo. Pasó el tiempo y seguimos como conocidos, nunca habíamos hablado de verdad.

Una tarde de escuela se empeñó en acompañarme a mi casa. Yo le dije que no quería; estaba enamorada de otro muchacho así que no quería darle una idea equivocada.

A él no le importó y me quitó la cámara que solía llevar a la escuela. Me dijo que me la regresaría solo si lo dejaba acompañarme. Acepté porque creí que ahí se terminaría todo, pero estaba equivocada.

Cuando llegamos a mi casa le pedí mi cámara, pero él dijo que necesitaba ir al baño, que por favor lo dejara pasar. Accedí, volteando los ojos porque ya estaba fastidiada de su compañía.

En cuanto abrí la puerta y lo dejé pasar, se me abalanzó encima. Ni siquiera pude cerrar la puerta con llave cuando él ya me había tumbado al suelo. Le dije que no, le dije que me dejara. No le importó.

Estuvimos forcejeando como dos horas. Todo el tiempo le dije que no, intenté golpearlo y patearlo, pero me llevaba más de 30 kilos de peso. Me sentí como una muñeca de trapo, a la que él movía donde quería. No me dejaba escapar.

Después de las dos horas se cansó. Ambos estábamos muy cansados en realidad. Solo se paró y se fue. No estoy segura si me dijo algo o no, no lo recuerdo; estaba muy conmocionada. Me sentía sucia y culpable.

No me violó. No pudo quitarme el pants de la escuela, ni siquiera pudo meterme la mano. Me tocó, se frotó contra mí, me tuvo en el suelo, me sentó encima de él, pero no me violó.

Yo ni siquiera sabía si existía o no una forma de denunciar, porque no me había hecho nada, ¿no? Además, no tenía ninguna prueba, aparte de mi palabra.

Horas después, ese mismo día, mi mejor amigo y su novia me vinieron a buscar para que los acompañara a pasear a sus perros. No les pude decir nada. Fingí que estaba cansada y se fueron.

Al día siguiente les dije a mis amigas más cercanas que se alejaran de él, que era peligroso. Ninguna de ellas me culpó, pero tampoco le dejaron de hablar. Lo tomaron como una cosa menor que había pasado y ya.

Me empecé a sentir más culpable. ¿Acaso yo había mandado alguna señal equivocada? Yo estaba enamorada de alguien más, no quería que pensara que yo era “una puta”.

Odié a mi agresor por mucho tiempo, años. Pero me vi forzada a convivir en espacios comunes con él.

Tiempo después, en la preparatoria, una chica que era su novia y mi antigua compañera de clases me confesó que él se enojaba con ella cuando se ponía playeras de tirantes porque otros hombres la veían. En ese momento quise confesarle todo, decirle que se alejara, que cortara de raíz. Pero, ¿me hubiera creído? ¿Hubiera pensado que lo inventé para hacerla sentir mal? Entonces, no dije nada.

Fui a la universidad y ni así me salvé de él. Tuve que encontrármelo de vez en cuando porque le dio por elegir la misma facultad que yo.

Ya no lo odio, pero estoy segura de que es un machista, agresor y potencial violador. Me arrepiento de no haberle dicho a más personas lo que me hizo, en especial a su novia de la preparatoria. Perdóname, J.

Pero, la verdad es que yo era una niña y tampoco tenía mucha idea de qué hacer. Las representaciones mediáticas que consumí me habían convencido de que era mi culpa y a mis amigas de que no era algo importante. Ninguna de nosotras tenía la culpa.

Es por eso que debemos hablar de estos temas. A nadie le gusta exponer sus momentos dolorosos, pero es necesario para que otras niñas no pasen por lo mismo y para que los adultos no crean que los agresores son hombres malvados, sin amigos ni familia, que se esconden en los callejones. Eso es una caricatura, los agresores son personas comunes.

Joanna Gutiérrez

Estudié Comunicación, pero mis dos superpoderes son: dormirme cuando algo no me interesa y hacer enojar a la gente cuando analizo temas sociales.

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