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Desigualdad de dimensiones olímpicas

De 160 millones de palabras en prensa y redes sociales, las más usadas para referirse a mujeres atletas son “edad”, “embarazada” y “soltera”; debido a estos juegos olímpicos en Brasil se desalojaron al menos a 77 mil personas.

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Todas sabemos de los finísimos comentarios que no sólo en redes sociales, sino también en los medios, circulan sobre las mujeres alteltas en estos juegos olímpicos de Río 2016, y al sexismo se suman otras desigualdades.

Y es que a pesar de sus méritos deportivos los comentarios se enfocan en su cuerpo, así es, otra vez nos topamos con la objetivación de las mujeres. Algunos despistados podrán decir que esto no es sexista, que también sobre los atletas homres se menciona su “buen físico” y también se hacen rankings de los hombres más sexys de las contiendas, sin embargo, la participación de las mujeres en los juegos olímpicos es históricamente desigual, y estas construcciones mediáticas alrededor de ellas no ayudan nada al cierre de esta brecha.

Las mujeres comenzaron como competidoras en los juegos olímpicos de París, en el año de 1900. Este debut no fue definitivo, sino poco a poco, en 1900 las mujeres empezaron en competencias como golf y tenis, a lo largo de los años se sumaron a más disciplinas, hasta que a partir de 2012 accedieron a la competencia de boxeo y fue hasta ese año en Londres, en el que todos los países tuvieron una mujer en sus delegaciones, 112 años después de que iniciaron las olimpiadas modernas.

De acuerdo con María del Mar de Villa Molina, integrante de la Comisión Mujer y Deporte del Comité Olímpico Español, “Pierre de Coubertin, creador de los Juegos Olímpicos modernos, se opuso hasta su muerte a la participación de mujeres en los Juegos Olímpicos”.

Y aunque las mujeres constituyen más de la mitad de quienes compiten este año en Brasil, su participación continua en desigualdad, una desigualdad de representación, pues se insiste en encasillar a las mujeres en determinados roles de género, por ejemplo, una investigación de El País, reveló los “deportes más femeninos”, basados en el porcentaje de mujeres sobre el total en todas las ediciones celebradas, estos deportes son: gimnasia rítmica, nado sincronizado y sóftbol.

Las representaciones sexistas de las mujeres en el deporte también se expresaron a través de los medios de comunicación, los cuales reproducen estereotipos de género que discriminan y violentan a las atletas olímpicas ya que ponen el foco de atención en su físico o su vida personal y sentimental, en lugar de en lo que tendría que importar: su desempeño deportivo.

De acuerdo con un estudio hecho por la Cambridge University Press, realizado del análisis de 160 millones de palabras en diarios, blogs y post en redes sociales, las palabras más usadas para referirse a las mujeres atletas son “edad”, “embarazada”, “soltera”, lo que contrasta con los términos relacionados a sus pares varones que son “rápido”, “fuerte” y “fantástico”.

Y es que esta justa deportiva, no es tan justa como se dice. Otro aspecto desigual es en sí la competencia deportiva entre países que tienen diferentes condiciones entre sus deportistas. En Estados Unidos, por ejemplo, gracias a la ley llamada Título IX —la cual establece la igualdad de género para los programas de educación que reciben fondos del gobierno— las mujeres tienen acceso a más y mejores oportunidades de desarrollo deportivo. Esto permitió un aumento en la participación de mujeres en los deportes, y hoy ésta es la delegación con más mujeres atletas en competencia (292).

En México, las deportistas se enfrentan a dificultades económicas que obstaculizan su participación olímpica, como lo es el caso de María del Rosario Espinoza, taekwandoí, quien desde los 10 años practica esta disciplina, con la que obtuvo el Premio Nacional del Deporte en 2012. Rosario tuvo que superar diferentes obstáculos económicos y hasta geográficos ya que para sus entrenamientos tuvo que viajar durante muchos años: 50 kilómetros desde su natal La Brecha, hasta el deportivo en Guasave, en Sinaloa. Esto debido a lo que el propio titular de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), Alfredo Castillo, declaró: la Conade no es más que “una agencia de viajes”.

Y nada más para no dejar, les cuento otras desigualdades olímpicas de impacto social. Según cifras de la organización brasileña Comité Popular de la Copa y las Olimpiadas, debido a estos juegos olímpicos en Brasil se desalojaron al menos a 77 mil personas. Y según Amnistía Internacional, en 2015, durante los preparativos de esta competencia hubo 307 personas asesinadas a manos de la policía en Río, similar a lo sucedido en 2014, año en que Brasil fue sede de la Copa Mundial de fútbol y en el que los homicidios policiales se dispararon en un 40 %.

Coincido con Jorge Ibargüengoitia: “Por lo que se refiere a las Olimpiadas en general, que no me cuenten que son la fiesta de la paz, la hermandad internacional y el homenaje a la proeza física. Al contrario. Son la fiesta del nacionalismo y la guerra incruenta”.

Corina del Carmen

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