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Danza para los cuerpos impensables

Cuando te preguntas si puedes o no ser normal quizá trates de responder que ya lo eres; Anomalía Cyborg es un proyecto de danza atravesado por la vulnerabilidad de personas que no están dentro del circulo de lo “normal”.

Anomalia Cyborg

“¿Te has sentido discriminada alguna vez?” Cuando me asumí feminista comencé a revisar todas las opresiones que me tocaban por ser una mujer joven, habitante de la periferia de una ciudad podrida de clasismo y etcétera. He intentado llevar esas reflexiones a mi práctica profesional, hablo de ellas constantemente. Sin embargo, cuando tuve que responder a esta pregunta que me hicieron mientras esperaba en el Salón de Danza de la UNAM para entrar a ver Anomalía Cyborg de Abigail Jara, me di cuenta de lo difícil que es recurrir a la experiencia propia.

¿Discriminada? La respuesta es obvia. Sí, porque soy mujer en un país feminicida; sí, porque soy joven en un país adultócrata. Sí, porque… un montón de análisis racionales podrían haberme habitado en ese momento. Pero la respuesta no estaba en mi cabeza, sino en mi cuerpo, así que tomé del cuerpo la respuesta:

Durante dos años, fui gerente de proyectos en una oficina fresa. Tuve que usar ropa de ejecutiva, que odio. Tuve que trabajar con gente de ultraderechas y tuve que asumir el papel de joven exitosa en reuniones después de andar en autobús tres horas para atravesar la ciudad. Rutina de acoso y fatiga de cualquier mujer que trabaja. Un día el director general, misógino por obligatoriedad de clase, se paró detrás de mí y exclamó para toda la oficina que me iba a dar una curso sobre cómo no vestirme en la oficina, porque yo estaba usando medias caladas.

La respuesta de la directora de mi área fue que las medias caladas eran caras. Supongo que quería justificarme o hacerme un favor (inserte su análisis interseccional clase-raza-género aquí). Y bueno, esa fue la primera situación que vino a mi mente para responder la pregunta.

¿Cómo puede seguir ese recuerdo aquí, en mi cuerpo? ¿Será por eso que ya no uso medias caladas aunque renuncié y me vine a estudiar coreografía? Es mucho más fácil hablar de las opresiones que no la tocan a una, revictimizar a las desconocidas, hacer alarde de nuestra bondadosa existencia, que recordar aquél momento en el que fuimos transgredidas. Lo único que tengo claro es que, de todas las discriminaciones que me han tocado, elegí la menor.

A menudo pienso en todas las cosas que dejamos pasar, una y otra vez sólo porque nos dijeron que eran normales. Y es que la normalidad, esa histeria colectiva, ha devenido tiranía asumida. Supongo que incluso si se es feminista se recurre a ciertas estrategias para invisibilizar la propia anormalidad: autoafirmación, demagogia, egolatría desmedida. Y luego cuando quieres hacer arte y hablar de los feminicidios, terminas haciendo una aburrida narrativa sobre tu bondadosa existencia y la perspectiva maravillosa que tienes del mundo (¡Oh no! Yo quería hacer arte pero me salió un panfleto).

¿Y cómo no hacerlo, si nos penetra la violencia y cada vez se nos despoja más del arte como posibilidad de liberación? Es por eso que en este artículo quise contarles sobre Anomalía Cyborg, que no es un panfleto sino, entre muchas otras cosas, un poderoso cuestionamiento desde la danza.

¿Quién es normal? Y cuando vas a responder te das cuenta de que la respuesta no está en la razón. Cuando te preguntas si puedes o no ser normal quizá trates de responder que ya lo eres, o que nunca quisiste serlo, o que eres demasiado radical para eso. Y está bien, pero tal vez tu cuerpo tiene otra respuesta, porque el cuerpo recuerda todas las veces que le enseñaron que no, que no puede ser normal y que por sobre todas las cosas debe parecerlo.

En esta obra, un espejo conformado por tres individuos, simbiosis entre la máquina y lo biológico, nos recuerda tanto las transgresiones potenciales, como los límites del cuerpo humano: ¿soy normal?, ¿y por qué la necesidad de parecerlo? Este ser cyborg, andrógino, danzante y potencia, nos regala la posibilidad de pensar en eso que llamamos otro/otra más allá de las fronteras de lo humano (de lo que nos enseñaron que era humano).

Una robota habla al final: “Somos los cuerpos impensables, abyectos, invivibles, marginales, marginados. Mi cuerpo es un campo de batalla, un lugar de resistencia, de reivindicación. En mi cuerpo fluyen discursos, deseos, acciones, somos distintas, dispares, diversos. Somos humanos, como tú”. Y entonces entiendes la importancia de que las artistas feministas asuman las reflexiones de sus posturas en el acto creativo.

Y a propósito de artistas feministas

Abigail Jara es originaria de Hermosillo, Sonora. Estudió Danza contemporánea en la Facultad de Artes Escénicas de la UANL y Diseño y mercadotecnia en modas en CEDIM. Ahora es  docente del Centro de Investigación Coreográfica CICO / INBA, donde imparte las asignaturas de Creación Coreográfica, Diseño de vestuario escénico y Técnicas de movimiento a partir de su investigación personal. Desde el 2001 es directora de la compañía MUSSE DC con la cual creó Anomalía Cyborg.

Sobre la obra, Abigail nos comenta:

“Nos situamos en las reflexiones post-feministas, en el pensamiento de Judith Butler y de Donna Haraway cuestionando y poniendo en la mesa de discusión los esquemas de categorización de seres humanos, exponiendo la arbitrariedad de la metodología que determina la norma que establece una serie de creencias acerca de nuestros cuerpos, comportamientos y deseos que excluye, margina a los seres que se desplazan de esa norma.

La figura del cyborg al ser un ente descategorizado alejado de cualquier género, un ser simbiosis entre lo biológico y la maquina, nos aporta la posibilidad de expandir las posibilidades de habitar cuerpos diversos, colectivos inimaginables como es el triamés cyborg en el cual se sitúa la obra con el cual buscamos el encuentro con la otredad”.

Ésta es una provocación directa para asistir a próximas funciones de Anomalía Cyborg.

Seamos los cuerpos impensables.

¡Busquemos la respuesta en el cuerpo!

@cynhijar

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