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Cuando una mujer dice que no es feminista, esto es lo que yo escucho

No vamos a ser libres nunca si nos ponemos a pelear entre nosotras; quizás esa amiga tuya “no es feminista” porque se ha perdido de algunas cosas.

Fuente: Suffragette/Pathé

En un trabajo pasado, una compañera en la oficina dijo que ella no era feminista, pero que respetaba a las que sí eran porque pues “cada quién”.

Y cuando una mujer dice que no es feminista, una parte de mí se estruja. Pero eso no hace que las juzgue. Entiendo que hay algo más allá del “no, no soy feminista”. Cuando una mujer dice que no es feminista, lo que yo escucho es algo como:

Ignoro que históricamente las mujeres hemos sido infrarrepresentadas, violentadas y oprimidas. Que se nos negó el voto, el derecho sobre nuestros hijos, sobre nuestro cuerpo; el acceso a la vía pública, la participación política y cualquier pequeño espacio en el que se escuchara nuestra voz.

Nunca he visto a las mujeres como clase, mucho menos como clase oprimida. Tampoco me he puesto a pensar en las diferentes intersecciones que nos atraviesan (la clase, la raza, la orientación sexual) y que, en gran medida, determinan cómo será nuestro futuro, qué tan fácil va a ser la vida para nosotras o qué violencias vamos a vivir.

Normalicé la violencia de género y asumo, porque este sistema no está hecho para ser cuestionado, que las cosas son así porque hay un orden “biológico” que nos determinó y aunque la cultura y la sociedad lo ha transformado todo, tal vez esto no se puede modificar.

No entiendo el mundo de otra manera que no sea bajo un orden que implique opresión de unos sobre otros, así que me parece lógico que si “el feminismo quiere cambiar el mundo”, debe ser que ahora invertirá los papeles y serán las mujeres las que le harán cosas horribles a los hombres. Yo no quiero hacerlo, al final de cuentas, se me socializó como mujer y lo mío no es la violencia.

Tal vez gozo de privilegios que hacen que mi condición de mujer no me haga vulnerable, como si fuera madre soltera, no-blanca, no-heterosexual o pobre. De hecho, yo no creo que a las mujeres nos acosen diario gracias a que los tengo (a mí y a mis amigas que viajamos en coche todo el tiempo nunca nos ha pasado nada). Además, también aprendí a ver todo de forma individual y lo que no me pasa a mí, no le pasa a nadie (o no me debe de importar). Yo soy la medida de todas las demás mujeres.

Tú y yo seguramente fuimos alguna vez esa mujer que no sabía de dónde venía. Si todas supiéramos cómo funciona el mundo, estaríamos de nuestro lado y seríamos feministas.

Este 14 de febrero (si en todo caso lo celebras), en lugar de alimentar el sistema consumista en el que vivimos, llevemos a cabo un gran acto de amor contándole a otras sobre nuestra lucha; sobre la sororidad, sobre el autocuidado, sobre los peligros del amor tóxico.

Como dicen en Internet: todo lo que se necesita para hacer la revolución es una amiga, y otra, y otra…

Edita en el día, transgrede el sistema de noche. Si tu perspectiva no es interseccional, pierdes el tiempo conmigo 😉 Me gustan las brujas, los animales y los tatuajes.

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