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#NiUnaMás Crónica del caso de Lesvy

La UNAM se mantuvo en silencio respecto del esclarecimiento de la muerte durante el primer día; “Lo de mi hija lo hicieron pasar como que se suicidó, pero no fue cierto, a ella la golpearon”.

Queremos decirles que de ninguna manera vamos a permitir que a mi hija se le estigmatice

-Araceli Osorio, madre de Lesvy.

Lesvy Berlín Rivera Osorio fue asesinada la madrugada del miércoles 3 de mayo en los alrededores del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su cuerpo fue encontrado atado a una cabina telefónica a las 6:30 de la mañana; con el cable del auricular había sido estrangulada.

La UNAM se mantuvo en silencio respecto del esclarecimiento de la muerte durante el primer día y sólo emitió un escueto comunicado. La PGJ de la CDMX, lo mismo. Del caso llamaban la atención los pocos datos que se sabían sobre ella. La vaguedad sembró incertidumbre. Queríamos saber quién era, cómo murió, por qué. Nos alarmó porque también significa que el nivel de violencia contra las mujeres dentro de CU está creciendo.

Los medios filtraron las primeras palabras del imaginario: “suicidio”, “problemas de alcoholismo”, “estaba drogada”, buscando aventar esta muerte al saco de las víctimas cotidianas, de una más.

Al día siguiente, jueves 4, la PGJ CDMX publicó algunos tuits. En lugar de informar sobre el estado de la investigación ―como si seguiría el protocolo de investigación de feminicidio―, comienza a desvirtuar a la mujer, a publicar datos tendenciosos e información que justifica el crimen, como bien estamos acostumbrados en este país:

A las mujeres muchas veces se nos ha dicho cómo ser y cómo no ser para mantenernos a salvo y con vida. Se nos ha dicho qué es lo más conveniente para nosotras. Se nos ha advertido que no hay que salir de noche, que no hay que usar faldas, que no hay que beber, que no podemos divertirnos. Y si lo hacemos, se nos hace sentir culpables por desafiar estas reglas y se nos responsabiliza al ser violentadas, incluso cuando nos asesinan.

De modo que cuando la PGJ y los medios sacaron el discurso que revictimizaba a Lesvy, lo reconocimos de inmediato. Entonces nos expresamos en redes sociales: no somos nosotras las culpables de que nos estén matando y lo sucedido no fue un “incidente”, un “suicidio” ni un “homicidio”. La muerte de Lesvy se clasifica como feminicidio por la razón de que su cuerpo fue expuesto en un lugar público… y a este hecho se le intentó dar otros tintes. ¿Por qué?

La marcha

El día viernes 5, a las 2:00 de la tarde, la marcha salió de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Entre las principales consignas se exigió el esclarecimiento de la muerte de Lesvy; se exigió saber la verdad; saber qué se esconde tras su muerte.

El contingente fue bastante numeroso y avanzó por las facultades de ciencias y por algunos institutos de investigación. Cruzó el Circuito Escolar Mario de la Cueva y volvió a marchar entre los edificios de los estudiantes. Quienes conformaban marchando se veían alegres por la unión y la rápida respuesta en contra de la violencia de género. Una compañera comentó que desde los años 70 no se daba en la universidad una movilización feminista como la que estaba sucediendo. Quienes observaban avanzar al contingente sabían que lo sucedido era algo inusual.

Los gritos, las consignas y las batucadas se escucharon hasta aproximadamente las 3:30, momento en que llegó la marcha al teléfono del Instituto de Ingeniería, donde fue encontrado el cuerpo de Lesvy Berlín Rivera Osorio. Entonces se pidió que quienes llevaran flores las pasaran al frente y así, de mano en mano y sobre las cabezas de tantas mujeres, fueron desfilando los ramos. Velas moradas y de otros colores se encendieron bajo el teléfono y se colocaron en el piso algunos carteles con consignas. Se exigió a la prensa que retrocedieran hacia atrás para dar cabida en el acto a más mujeres.

Dio inicio una lectura de poesía y después de escuchar a algunas compañeras, hablaron dos madres que perdieron a sus hijas por esta misma violencia. Una pidió ayuda: “4 de enero de 2014. Tengo tres años con cuatro meses pidiendo justicia y no me quieren ayudar. Dicen que no tengo derecho. Lo de mi hija lo hicieron pasar como que se suicidó, pero no fue cierto. A ella la golpearon primero, después la colgaron y todavía por último le cortaron las venas. Yo estoy exigiendo justicia del Estado de México y nada más dicen que yo no tengo derecho, que el del derecho es el esposo. Si él es el culpable, cómo va a pedir justicia. Por eso es que hoy he llegado aquí con ustedes para que sepan lo que yo siento… Y lo que pido… No lo pido, lo exijo, porque es mi derecho y es el derecho de ella. Yo pido justicia, quiero justicia por mi hija”. El nombre de su hija era Fernanda Sánchez Velarde y esto pasó en Cuautitlán Izcalli.

Fernanda Sánchez Velarde, presente.

No fue suicidio, fue feminicidio.

Ni una más, ni una más, ni una asesinada más.

Se pidió un minuto de silencio, pero rápidamente se cambió por uno de ruido, en señal de que estamos cansadas de hablar bajo o no hablar. Sonaron más consignas y la marcha se reanudó. Atravesó la Facultad de Química y llegó a las canchas de fútbol cercanas a la Torre de Humanidades II; la batucada tocó un momento. Se reanudó el camino y se pasó frente a las facultades de Medicina, Odontología, Derecho, Filosofía y Letras y la Biblioteca Central: “Compañera consciente se une al contingente”.

Sobre la marcha en Circuito Escolar; se hicieron algunas pintas como “Autodefensa feminista”. Al llegar a Rectoría, aproximadamente a las 5 de la tarde, se hicieron tres grandes tags, uno justo en la entrada: “Vivas nos queremos”. Otro más: “#UNAM feminicida”.

Araceli Osorio, la madre de Lesvy, dio dos discursos, uno cerca de las puertas de Rectoría para los medios y el segundo entre el contingente. Transcribo aquí parte del primero y con esto cierro esta crónica:

“Mi hija, como cualquier joven, con derecho a decidir sobre su persona, sobre su vida y sobre su actividad, había decidido vivir independiente de nosotros. Vivía en unión libre con su pareja. El día de ayer yo había quedado de verla por la tarde, iba a ir a su casa. Íbamos a tomar un café y me encuentro con esta noticia. Lejos de sentirme triste, de pronto me sentí más bien indignada, porque han sido muchos casos y precisamente yo veía que las investigaciones y todo iba a eso, a crear una cortina de humo, a decir que mi hija había actuado por ella misma y se había quitado la vida.

Afortunadamente, pues ahorita ya el dictamen pericial es que ella murió por asfixia, por estrangulamiento, lo cual es un aporte, porque no se cierra el caso. Nosotros vamos a apelar a las instancias locales, nacionales e internacionales.

Nos da mucho gusto, porque los vemos a ustedes: jóvenes como mi hija, con muchas ganas de hacer cosas. Y quisiera aprovechar para decirles que lejos del estigma que crearon de mi niña, mi hija efectivamente había estudiado aquí en la UNAM. No estaba inscrita actualmente, ella había decidido suspender, no por falta de capacidad, no por falta de brillantez ―quien la conoció sabe de lo que hablo―, sino porque mi hija trabajó en una cafetería ―no como mesera como lo señalan despectivamente―, para cursar idiomas. Mi hija prácticamente dominaba el inglés, el francés, el rumano, el catalán, porque ella decía que quería salir de aquí, quería estar en otros lados […].

México es un país de inseguridad; es un país antijóvenes; es un país que lejos de apoyar a su juventud, la reprime. Es un país que desde hace mucho, y no sólo por el tema de los feminicidios, está en el ojo del huracán. No es correcto que las autoridades, aunque sabemos sus prácticas, mencionen que México avanza, que México está saliendo hacia adelante […] Somos un país en el que se reprime; somos un país en el que se mata; somos un país donde la violencia se ha vuelto en algo cotidiano y eso asusta; asusta porque de pronto todo se ve normal: Si matan a mi compañero, si matan a mi compañera, si matan a mi vecino, pues eso pasa diario y nos volvemos indiferentes […].

Nosotros sí quisimos venir el día de hoy, porque queremos decirles que de ninguna manera vamos a permitir que a mi hija se le estigmatice de esa manera, que mi hija no era una alcohólica. No era mesera, despectivamente. No era una cuidaperros, el perro que ella traía era su perro, ella lo adoptó […] Mi hija es parte de la Estudiantina Femenil de la UNAM […] Estaba preparando su examen y ella iba a ingresar, estaba entre dos carreras: Letras Francesas o Hispánicas o Relaciones Internacionales […] A ella la publicaron en un libro; participaba en los concursos de cuento de la UNAM, obteniendo lugares […] Ella participaba como monitora en los cursos de verano del sindicato de la UNAM a los 16 años”.

Lesvy somos todas y no descansaremos hasta que se haga justicia.

Crónica: Mayra Gricelda Gutiérrez López

Fotografías: Itzel Avendaño Arenas

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