Estás aquí
Inicio > Derechos humanos > Las costureras de Chimalpopoca que no mató el sismo, sino la explotación

Las costureras de Chimalpopoca que no mató el sismo, sino la explotación

Entre 50 y 100 mujeres laboraban en ese edificio, sin embargo, no conocemos sus nombres; en el terremoto del 85 también fueron las costureras las que murieron a causa de la explotación.

En el número 168 de la calle Bolívar, esquina con Chimalpopoca, se encontraba un viejo edificio al que nadie le prestaba atención, hasta que se derrumbó por completo el 19 de septiembre, como muchos otros.

Se necesitó que se perdieran 21 vidas para que nos preocupáramos por las trabajadoras del inmueble. Dos fueron rescatadas con vida, pero a la fecha no sabemos cuántas desaparecidas nos faltan.

Entre 50 y 100 mujeres laboraban en ese edificio, sin embargo, no conocemos sus nombres ni su familia fue a buscarlas. Nadie marcó insistentemente el teléfono con la esperanza de que contestaran, nadie estalló en llanto al llegar corriendo a la zona del desastre.

Estas mujeres no tenían nombre porque para los dueños de las empresas sólo eran un número, un producto desechable hecho de piel y huesos. Vinieron a este país, intentando encontrar un destino mejor y se toparon con la desgracia. Taiwanesas, chinas, panameñas; mujeres de todos los tamaños y colores que deseaban escapar de sus circunstancias.

A las feministas nos duelen las costureras. ¿Por qué nos dimos cuenta de la explotación hasta que fue demasiado tarde? ¿Cómo es posible que esto volviera a pasar? Y no, no sólo el sismo del 19 de septiembre, sino la pérdida de muchas vidas obreras.

En el terremoto del 85 también fueron las costureras las que murieron a causa de la explotación, se calcula que entre 600 y mil 600 perdieron la vida. Además, 800 talleres quedaron destruidos en su totalidad, dejando a 40 mil mujeres sin trabajo. Esto, volvió a pasar, 32 años después.

Es por eso que las feministas hicieron pintas, pusieron flores y reclamaron una vida justa para las obreras. Porque no nos acordamos de ellas, hasta que le explotación estuvo frente a nuestros ojos. Porque sus vidas valen tanto como cualquier otra. Porque su nombre es el mío. Porque no están solas.

Por: Redacción.

Top