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¡Ayuda! Me acabo de defender de una agresión

Soy feminista y si me agrede un acosador, voy a responder contra todos los acosadores en un solo acto; la organización de redes que muchas mujeres han construido, hacen de su relación con las otras algo político.

Cynthia Hijar

Ayer denuncié a un acosador. No profundizaré en el tema porque a todas nos habrá sucedido algo similar o peores cosas. El agresor me miraba lascivamente y tomó fotos sin mi consentimiento, cuando lo confronté recibí la respuesta más exquisita que puede elaborar un misógino “ni que fueras un culo de vieja”.

Yo no soy indefensa, soy una mujer grande y tengo mucha fuerza y agilidad en el cuerpo, así que comencé a grabarlo y cuando él me tiró de un manotazo el celular al piso y amenazó con golpearme para que dejara de grabar, yo respondí con una patada en el hombro y un sometimiento sencillo tomándolo del cabello hasta que dejara de parecerme peligroso.

Decidí documentar el proceso para visibilizar esas tristes situaciones que confrontamos cuando denunciamos un acoso: la torpeza de las autoridades, la revictimización y la respuesta social que casi siempre se torna a favor del agresor (en mi caso, la gente del Metro corrió a agredirme a mí, a gritos y empujones).  La cosa es que, según parece, la gente cree que soy valiente por eso. Pues bien, escribo esto para hacer honor a la verdad.

Cuando decidí denunciar estaba enojada, evidentemente, no sólo por lo que el agresor me había hecho o por su cinismo cuando gritaba que no iba a aprender a respetar a las mujeres, sino porque la gente del Metro también me agredió. Una señora, por ejemplo, me gritó “pinche vieja loca”. Lo que ella no sabe es que soy feminista y eso es peor; si me agrede un acosador, voy a responder contra todos los acosadores en un solo acto, y voy a hacerlo en nombre de todas nosotras.

Desde luego estaba enojada, pero no sólo eso. Tenía mucha tristeza, rabia y desolación. Eso que decimos cuando “nos da sentimiento” y las emociones se nos hacen huracán adentro y nos viene un llanto que difícilmente podemos controlar. Yo soy muy chillona, las lágrimas se me salían solas, pero cuando noté que el hombre negaba lo que había hecho a pesar de que los policías habían encontrado dos fotos mías y pornografía en su teléfono, recordé que me lo debo a mí misma y a todas nosotras.

“Ayuda” escribí en Facebook. Me acabo de defender de una agresión. Ayuda. Voy al Ministerio Público tal, y subí los videos. Lo que quiero decir con todo esto es que a veces una siente miedo, a veces está acostumbrada a ser muy fuerte y muy ágil, pero de pronto notas que te estás rompiendo. Esas veces, cuando sientes que te estás quebrando, lo único que te puede hacer resistir es, sí, tu amor propio, sí, tus convicciones, pero también saber que hay una red de mujeres que van a estar contigo, de alguna manera.

Los policías se portaron bien, me preguntaban si iba a llamar a alguien de mi familia. Yo pensaba en las feministas que conozco. Hay un momento después del rush de adrenalina cuando te estás defendiendo, en que todo se calma y sientes muchas cosas que te detienen para denunciar. El patriarcado se hace presente desde lo más profundo de una misma y te da culpa, miedo, desolación, vaya, te ataca hasta la pereza. Las mujeres no queremos ser valientes en la calle, queremos ser libres, que nadie tenga que pasar por esto, que nadie pierda su tiempo. Todo eso es cierto. Pero vamos a defendernos mientras no podamos caminar libres de agresiones.

Como soy una mujer que ha trabajado con y para otras mujeres durante los últimos años, he conocido a compañeras que también se conmueven y se llenan de rabia ante las opresiones y violencias que vivimos cotidianamente. El día de ayer resistí sabiendo que en algún momento esas mujeres estarían conmigo, de alguna forma. Y tuve razón.

Recibí llamadas de muchas mujeres que ni siquiera estaban en la Ciudad de México. Otras, que salían de viaje ese día o trabajaban, nos llevaron manzanas, tortas, agua. Algunas llegaron porque estaban cerca del MP a donde me habían llevado. Soy feminista, y a veces olvido que soy afortunada por ello, pero el día de ayer no fui valiente, fui vulnerable y hablé desde la vulnerabilidad, pedí ayuda y hubo gente dispuesta a estar conmigo en ese momento.

Este texto no pretende invisibilizar a mis compañeros que estuvieron al pendiente, a mi novio que se salió de clases para estar conmigo. Los llevo en el corazón y les agradezco sus cuidados. Sin embargo, de lo que va esta pequeña carta es de la organización de redes que muchas mujeres han construido al hacer de su relación con las otras algo político.

Si soy fuerte, ágil o valiente no importa mucho. Lo que importa es que estoy cobijada por una red de mujeres amorosas, guerreras, que no iban a dejarme sola. Gracias a todas ellas, que ustedes saben quienes son, porque me salvaron constantemente el día de ayer con una bolsa de manzanas, llamadas telefónicas, presión en redes sociales a las instancias pertinentes, abrazos, compañía, resistencia, chistes, asesoría legal, amor. Todo eso es lo que teje nuestra utopía, y es una dicha saberse acompañada en esos momentos.

Escribo esto para decir que ayer entendí lo que significa pedir ayuda y que alguien te la brinde. Necesitamos seguir haciendo redes. Necesitamos acudir de la forma que sea a los llamados de nuestras compañeras. Cualquier acto de presencia es importante, sobre todo si lo hacemos en manada, por relevos, aportando entre todas, haciendo vacas para el taxi de una o la comida de otra.

El acosador de ayer estuvo detenido 24 horas y eso no es gracias a mi valentía, es gracias a la ayuda que recibí de todas mis compañeras.

Las redes de mujeres pueden cambiar el mundo ¡Gracias por cambiar mi mundo el día de ayer!

Cynthia Híjar

Educadora feminista, sus proyectos se enfocan en la educación artística y en la comedia.

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