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El problema de los ataques con ácido (o borrar al otro)

Colombia, el país con más ataques con ácido en el mundo logró reducirlos un 77 % en 2015; existen factores más profundos y personales por los cuales una persona vierte un químico corrosivo en el rostro de otra para inhabilitarla.

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“Tememos que nos maten, pero es mucho peor que nos destruyan”.

John Katzenbach

El 2016 comenzó con la entrada en vigor de la ley colombiana Natalia Ponce, que aumenta las penas en prisión para los autores de ataques con ácido —o sustancias similares— hasta a 50 años. Actualmente Colombia encabeza las agresiones con químicos corrosivos en el mundo, respecto a su número de habitantes.

Hasta 2013 casi el 80 % de los casos en el país latinoamericano fueron perpetrados contra mujeres. Sin embargo, los ataques se redujeron el año pasado en un 77 %: en 2014 hubo 112 víctimas, 72 mujeres y 40 hombres; para 2015, de los 25 casos denunciados 13 fueron mujeres y 12, hombres.

De acuerdo con la Fiscalía General de Colombia, los principales móviles son los celos y la venganza, y las principales víctimas son mujeres entre los 20 y 30 años de edad. En el lado masculino de los ataques con ácido, sólo 11 de los 456 hombres que han sido atacados desde el 2004 resultaron víctimas de una persona con la que tenían una relación afectiva comprobada. En su mayoría las motivaciones son robo y peleas callejeras.

Los ataques con ácido también son un problema en países como India, Camboya, Afganistán, Bangladesh, Irán y Pakistán, en donde las mujeres viven en contextos de opresión y violencia de género. En medio oriente los móviles están relacionados, en su mayoría, con propuestas de matrimonio o insinuaciones sexuales rechazadas. No obstante, también existen registros en países europeos como Francia, Italia y Reino Unido; y en Norteamérica: Estados Unidos y Canadá.

El caso de Bangladesh es particularmente valioso para comprender el trasfondo y las posibles soluciones contra este tipo de violencia. El gobierno hizo más estrictas las normas para adquirir estos productos químicos corrosivos e introdujo la pena de muerte para los agresores. Es decir, los índices bajaron cuando las consecuencias aumentaron, uno de los efectos que se busca conseguir cuando se tipifican y elevan las penas de los crímenes raciales o de género, como el feminicidio.

¿Por qué ácido en lugar de una bala?

Viviana Hernández, una víctima de agresión con ácido en Colombia, declaró en entrevista para BBC: “Es que si tú le das una puñalada a alguien es una herida y punto. Un tiro, listo. Pero la quemadura con ácido marca para toda la vida”.

Las víctimas de estos ataques sufren consecuencias como discapacidad (ceguera) y aislamiento social, esto podría apuntar a una respuesta inmediata: es una venganza permanente y dolorosa; los principales agentes con los que se perpetúan estos actos —ácido sulfúrico, ácido nítrico y ácido clorhídrico— son fáciles de conseguir y baratos, así que podríamos pensar en “violencia al alcance de la mano”, pero estaríamos pasando por alto tres factores que nos ofrecen una explicación mucho más cercana y profunda del problema:

1. La importancia de la imagen al construir a un individuo. Bajo un contexto en donde sólo lo que se ve nos define como sujetos, desfigurar el rostro de alguien significa anularlo como persona. No es coincidencia que Colombia, el líder en ataques en el mundo, sea uno los de los tres países latinoamericanos que figura en el ranking de los 11 con más cirugías plásticas a nivel mundial junto con Brasil y México, de acuerdo con el estudio anual de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética.

2. La percepción de la mujer como propiedad y no como persona. A nivel mundial el 84 % de los atacantes son hombres y el 4 % mujeres; en el 76 % del total de los casos, la víctima conoce a su agresor. Las motivaciones por las que atacan a hombres y mujeres son diferentes. A los hombres no los atacan porque el victimario lo considere su posesión, pero a las mujeres sí; y aunque hay registros de estos actos en muchos países, significan un problema de salud pública precisamente en las regiones en las que predomina la desigualdad de género y en donde la concepción sobre la mujer las posiciona como un instrumento para procrear y no como una persona.

3. Las pulsiones destructivas del ser humano: la voracidad. Según la psicoanalista austriaca Melania Klein, existe un deseo vehemente, impetuoso e insaciable que excede lo que el sujeto necesita y lo que “el objeto” es capaz y está dispuesto a dar, y define este deseo como: voracidad. La privación aumenta la voracidad y ésta conduce a la destrucción del objeto del deseo. El ataque con ácido entonces representaría la eliminación del otro, a partir de que existe un deseo que excede al atacante, por ejemplo, los rechazos de propuestas sexuales o matrimoniales.

Fotografía de Ann-Christine Woehrl, tomada de la página oficial de ASTI

Karen Cymerman: @KarenCymerman

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