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Armando Rekury, “sanador espiritual”, abusó de mí

Le hablé a mi mamá, mi novio y mi prima, los tres me ayudaron, me dijeron que había sido víctima de un abuso sexual; me preguntó si podía tocarme, y le dije que no, entonces él insistió en que era por mi salud y bienestar.

Armando Reykuri

La tarde del domingo asistí a un evento de superación personal con el Maestro Armando Rekury, un hombre que se dedica a transmitir por medio de su canal de YouTube “su conocimiento” sobre temáticas emocionales y situaciones cotidianas, un maestro de la sabiduría zen, de la meditación, el desarrollo social y psicológico.

Esa tarde me pareció bastante educativa su plática sobre el cuidado de la alimentación, ejercicio, hábitos para sanar el cuerpo y la mente, por ello, decidí pedirle sesiones psicológicas privadas. A decir verdad, hace poco había en mi familia sufrimos una extorsión que no superé, puesto que persistían los miedos y la paranoia; además decidí ir porque consideré que tenía una culpa sexual relativa a mi condición de mujer, que la mayoría de mujeres tenemos. De esta manera, le pedí sesiones para sanar ambas cuestiones.

La tarde del lunes asistí a dos sesiones en donde básicamente me dijo qué debía hacer para sentirme mejor. El terapeuta me citó en un departamento en la delegación Coyoacán. Las sesiones transcurrieron de manera normal y finalmente me dio algunos consejos para sentirme mejor. Sin embargo, consideró necesario que yo fuera al día siguiente para terminar de hablar de lo que para mí era ser mujer, además me dijo que había algunos ejercicios que me harían sentir mejor (todo esto hablando de mi sexualidad).

Al siguiente día, llegué y había una chica dentro del consultorio que me dijo que mientras lo esperaba debía redactar con puño y letra una carta responsiva estipulando que hablaríamos de sexualidad en pro de mi salud y bienestar. Lo hice sin dudarlo, confiada de haber visto sus videos y la manera en que la gente lo seguía.

Hice lo que me dijo, escribí y firmé mi carta responsiva. Así que terminó la sesión con la chica, quien me solicitó que pasara al consultorio. Entonces me ofreció un vaso de agua, fue a la cocina y de inmediato puso dos tazas a un costado del sillón en una mesita, como no bebí me insistió: ¿no vas a querer agua? A lo que respondí despistada: ¡Ah, sí!, tomé la taza que él que dejó de mi lado y probé del agua, posteriormente, me dijo que me pusiera cómoda, que íbamos a cerrar los ojos y hacer una meditación para sanar. Me guió:

—Ahora vamos a cerrar los ojos y vas a tocar tu cabello, tus ojos, tu cuello, tu frente, tus labios, tus senos, tu estómago, hasta llegar a tus piernas, toca tu vagina, es un órgano sexual como cualquiera, no pasa nada, todas las partes de nuestro cuerpo son normales, la gente las ve con morbo pero ahora haremos una afirmación, repite conmigo “mi cuerpo es sano, me permito disfrutar”.

Como robot, de inmediato hice lo que él me pedía, afirmé las palabras que me ordenó. Me dijo que era por mi bien, que estuviera tranquila, hacía énfasis en la respiración, por lo que, mi estado era de mi semiconsciencia, no estaba despierta completamente, el tiempo transcurrió con los ojos cerrados.

Me empecé a sentir aletargada, pero escuchaba todo, estaba casi dormida. Pensé en lo que bebí antes de iniciar la sesión, no sabía si tenía algún tipo de sustancia que causara ese efecto sobre mi cuerpo y mi mente; me sentía extraña, de pronto no sabía qué sucedía, cuando él me pidió que me levantara y me dijo que me iba a tocar para sanar mi cuerpo a lo que respondí que no. Enseguida me repitió: “respira y recuerda que tú te estás sanando” recuerdo muy bien su discurso con palabras llenas de mensajes positivos, en pro de mi salud. Insistía en que predecía un acto de sanación para mi cuerpo y mi alma.

Me dijo entonces “ya te voy a tocar”, ante tal persuasión me sentí confundida, no sabía si realmente iba a sanarme con lo que él me decía. La confusión era una contraposición de mensajes, por un lado me sentía nerviosa y empezaba a manifestar una ansiedad interna que no me dejaba, y por el otro, la bondad de sus palabras era algo que simplemente no podía procesar en ese momento, así que empezó a tocarme todo el cuerpo, prolongando sus manos sobre mis senos un largo rato y posteriormente mi vagina que frotaba con sus manos. Sentía asco y miedo, pero el mensaje perturbador sobre mi salud cada vez era más persuasivo e insistente, me dijo que si quería tocarlo, a lo que respondí que no.

Me preguntó que si quería que siguiera tocándome a lo que respondí que no, como si fuese una niña inofensiva que no entiende nada, en un trance casi hipnótico, sus palabras empezaron a penetrar cada vez más en mí y me dijo que me iba a desnudar. Respondí que no. En ese momento, yo sólo sabía pronunciar un sí y un no. Tenía miedo, pero había una reacción de choque, porque era un supuesto gurú, psicólogo el que me estaba guiando, jamás hubiera dudado de una figura tan famosa en las redes sociales, con tantos años en los videos.

Sin dudar de él, me abrazó y dijo “mira cómo es mi abrazo, algo natural, que no tiene nada de malo, ¡qué tontería! La gente ve la sexualidad como algo malo” posteriormente, me empezó a quitar la ropa mientras decía que no pasaba nada, que estaba bien, que me sentiría mejor, que la sexualidad era algo natural, que la gente lo veía como algo malo, mi trance en ese momento era un choque.

Me insistió una vez más sobre tocarlo para a llegar al coito, en todo momento, con la posibilidad del trance en el que me encontraba pronuncié un “no”. Aun así, me desnudó, en todo momento estaba presente su discurso de la sanación espiritual. Cuando terminó de quitarme la ropa, me sentó en una silla, me dijo que me tocara los senos y la vagina, que me excitara, a lo que yo sólo obedecí, pero evidentemente, no había excitación.

Me preguntó del uno al diez qué tan excitada estaba, que le diera un número, le respondí “tres” como si fuera un robot. Me ordenó que subiera mi nivel de excitación y le dijera un número más alto, mi reacción automática fue fingir, a lo que me dijo que respirara poco a poco y que me relajara y de nuevo que repitiera el procedimiento, pero que subiera con rapidez mi nivel de excitación. Mi reacción inmediata fue obedecer.

Mientras lo hacía me describía mi cuerpo como algo bello y hermoso, cada parte de mi cuerpo la tocaba mientras él describía figura desnuda. Al tiempo me decía que si quería tener un orgasmo, respondí que no, enseguida el shock era tal que no supe nada, hasta que me pidió que me relajara, me quedara desnuda en posición de flor de loto y así me vistiera pasando tres minutos. Se salió.

Cuando abrí los ojos, miré a mi alrededor, el cuarto donde me encontraba. Me vestí y anuncié que había terminado. Me solicitó una hoja con las cosas que había trabajado sobre sexualidad una sesión anterior. Se la di, y dijo que era para revisar el avance de sus pacientes, le pagué y me fui sin saber qué había sucedido.

Cuando llegué al departamento de mi novio, dormí en su cama, él me dio una llave y me dijo que llegaría después del trabajo, así que ese día comí algo y entré a su recámara. Me dormí dos horas, sentía un cansancio exhaustivo (parece ser que fue de la bebida adulterada que me dio) cuando desperté, una ansiedad me invadió, ganas de morir, culpa sexual, miedo, sentía sucio mi cuerpo. Le hablé a mi mamá, mi novio y mi prima, los tres me ayudaron, me dijeron que había sido víctima de un abuso sexual.

Caí en una crisis de la que aún no reparo, al instante recibí el apoyo de mis familiares abogados, pero se necesita investigar sobre más denuncias porque legalmente el abuso sexual requiere de varias denuncias para al culpable a prisión.

Ahora él está publicando videos de superación personal y engañando a muchas mujeres como yo, por eso denuncio, porque no quiero que se repita, si lo hizo conmigo, ¿con cuántas más lo ha hecho?.

Me quedé con el daño psicológico y desgraciadamente no son heridas que sanen de inmediato, quiero denunciar al sanador espiritual Armando Rekury por abusar sexualmente de mí e intentar violarme por medio de la manipulación y persuasión de poder que ejerce en las mujeres que creen en sus videos, y en su capacidad de psicoterapeuta, como él mismo anuncia en las redes sociales, YoutTube y su página web.

Denuncia Anónima

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