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Americanah, una novela de realidades de cláse, género y raza

Americanah aborda las diferencias entre ser una mujer en Nigeria, y ser una mujer negra en Estados Unidos; esta novela nos permite echar un vistazo a una mente que nota cosas que nosotros no, y a crear empatía con situaciones que nos son ajenas, particularmente en materias de raza y género.

portada americanah

Americanah es la tercera novela de la galardonada escritora nigeriana de 38 años —feminista africana y feliz—, Chimamanda Ngozi Adichie, tras La Flor Púrpura y Medio Sol Amarillo, y en ella se puede percibir un trazo autobiográfico que enraíza la novela en los hechos que la autora, Chimamanda, y la protagonista, Ifemelu, tienen en común. Pero como toda gran obra que nace de la experiencia propia, ésta evoluciona fuera de ella gracias al talento extraordinario de esta magnífica escritora y comunicadora.

También es el primer libro de Ngozi que he tenido el privilegio de leer, principalmente porque es el único que he encontrado, y aún así me tomó un par de años pillármelo en una librería. Desde que vi sus charlas TED, especialmente ‘el peligro de una sola historia’, había buscado algo de esta mujer nigeriana, siempre sin éxito hasta hace unos meses cuando visité la librería Antártica del mall de Temuco (Chile), donde hay más variedad literaria que en todo mi triste pueblo.

La obra sigue paralelamente la historia de dos jóvenes nigerianos, Obinze e Ifemelu, desde su infancia y adolescencia en Lagos, Nigeria, a través de su juventud y estudios, su separación y su —alerta, spoilers— final reencuentro, nuevamente en Lagos y poco más de 15 años después. Suena como una simple historia de amor, con desencuentros y desavenencias a las que nuestra pareja finalmente se sobrepone, y desde una mirada muy simplificada lo es, pero claramente no hay que quedarse ahí porque la ‘trama’ nunca define el valor de una historia o un libro, sino la forma en que se le desarrolla, se le condimenta y complementa.

El espíritu de Americanah radica en las diferencias culturales; sociales, de clase, género y raza, y explora cómo se entrelazan, complementan o repelen las diferentes identidades que cada persona posee, expone, comparte o interpreta durante su vida, según el contexto social en que lo hace, según el trasfondo cultural, los interlocutores y la expresión personal en que se eligen presentar o esconder.

La novela es tremendamente interesante, y expone un mundo prácticamente desconocido a extranjeros y a blancos, o a cualquiera que no dedique tiempo de su día (que es mucha gente) a sopesar los matices culturales e interpersonales que emergen cuando personas de diferentes trasfondos, de diferentes experiencias se encuentran, y las dinámicas de poder que existen tras esas diferencias; las obligaciones, las presiones, los estereotipos. Diferencias, matices y tonalidades que se arrebujan y manifiestan tanto en nosotros como en nuestro comportamiento y lenguaje, cuyos significados e interpretaciones cambian además según cambia el contexto etnosociocultural en el que se desenvuelven, lo que complica aún más la situación cuando la gente se niega a ver que las cosas son diferentes para diferentes personas de diferentes orígenes, y que permanecer ciego a esas diferencias no las elimina, si no que las acrecienta y perpetúa. Ignorar las diferencias no es el camino, aceptarlas lo es.

Ifemelu se crió en Lagos, Nigeria, bajo el gobierno militar, en un estado de constante desorganización y alarma. En su adolescencia conoce a Obinze, un atractivo y educado joven obsesionado con los Estados Unidos con quien inicia una relación que sigue hasta su paso por la universidad. Es entonces cuando Ifemelu consigue una beca para estudiar en Estados Unidos y sus vidas se separan. La relación continúa a distancia, y Obinze incluso trata de seguir sus pasos, pero no obtiene la visa y el destino y las circunstancias comienzan a alejarlos. Ifemelu comienza a notar las diferencias que existen entre el concepto de raza que conocía en Nigeria y el que existe en Estados Unidos, consecuencia de un mundo postcolonialista y de una lenta progresión de derechos civiles, además de otros factores sociales completamente diferentes a los del mundo en el que ella había crecido.

La novela explora tanto las diferencias de género, como la arista raza y género. Las diferencias entre ser una mujer en Lagos, y ser una mujer negra en Estados Unidos, lindiando con querer ser y querer encajar, con ser a la vez mujer, negra y extranjera; el eterno y frustrado sueño americano de Obinze, los riesgos de dejar que una cultura externa influencie y moldeé demasiado tu visión del mundo —tema que abarca en su charla TED ‘el peligro de una sola historia’—, y claro, el amor, las obsesiones juveniles y los compromisos a los que nos obliga la adultez.

Chimamanda, al igual que Ifemelu, viajó a los Estados Unidos para estudiar Comunicación y Ciencias Políticas, específicamente a la Universidad de Drexter en Filadelfia, cuando tenía 19 años, pasando también tiempo en la Universidad Estatal de Connecticut del Este (donde finalmente se graduó tras transferirse desde Drexter por motivos familiares), y en Yale y Princeton, donde obtuvo maestrías.

No quiero decir mucho más, porque no quiero arruinar la novela a las muchas personas que aún no la han leído y que deberían hacerlo —todos deberían hacerlo—, ya que es buenísima. Chimamanda es una declarada feminista, y leer libros desde una perspectiva tan diferente a la propia, de personas que han experimentado y vivido en un mundo que no es el mismo en el que nos hemos educado y criado nosotros (hablo particularmente desde mi perspectiva personal, pero siendo que escribo en español y para gente mayoritariamente sudamericana, es probable que esto aplique a cualquiera) es tremendamente enriquecedor, porque nos permite echar un vistazo no sólo a una mente que nota cosas que nosotros no, sino también expandir nuestra capacidad de comprensión y empatía con situaciones que nos son ajenas, particularmente en materias de raza y género.

En un aspecto meramente literario y siempre subjetivo, como todo, la capacidad de Ngozi Adichie para expresar y transmitir sus ideas, y para crear el mundo en el que se desarrolla esta historia, es prácticamente perfecta. Ngozi es en extremo talentosa, divertida e ingeniosa, además de perspicaz, y construye muy interesantes, diversos y genuinos personajes a través de cuyas personalidades, crónicas, interacciones y testimonios comunica de forma natural y sincera, además de fluida, la historia que ella quiere contar.

Ifemelu es un personaje lleno de matices, con atributos y defectos, y que está lejos de ser perfecto, pero que vive su vida entendiendo que esa falibilidad es parte de su carácter y parte de su humanidad, y la narrativa respalda esa visión. Así es la gente. Nunca se le idealiza, porque no tendría sentido, y ese es un detalle importante, porque las narrativas deben reflejar tanto cualidades como defectos como parte intrínseca de los seres humanos, particularmente en este caso, de las mujeres, sin estigmatizarlas, que es una visión muy común con autores masculinos o con narrativas en exceso condescendientes que o idealizan a las mujeres o las demonizan, sin intermedios. Algo que también suele aplicar a culturas ajenas al autor, minorías raciales, etc, y que es una consecuencia de contar historias desde una sola perspectiva y tratando a los personajes, y por consecuencia a los seres humanos que representan, como estereotipos o caricaturas en lugar de como lo que son: personas.

Americanah es una gran, gran obra —extraordinaria, perfecta si se puede ser así de parcial— y la recomiendo encarecidamente y con todas mis fuerzas, pero no la presto. Mi copia se queda en mi estante, conmigo, para siempre.

Felipe Oliva A.: @ender27

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